Emanuel Galli
Seis calles
Editorial: Continente
Publicación:
ISBN: 9789507542671
Seis Calles es una nouvelle ilustrada que se desarrolla en el barrio de Parque Chas y sus alrededores.
"Ya no quedan tantos barrios como manda Dios, sólo bloques de pavimento, cordones, veredas, árboles sin corazón
Pero Parque Chas resiste, resiste todo
"
Su protagonista -un adolescente inquieto, músico inspirado y solitario- narra los extraños episodios que ¿suceden? en esas calles "hechas para perderse". Allí, él se siente invulnerable y resistente -como su propio barrio- en medio de un mundo que se ha brutalizado. Al mismo tiempo, reflexiona sobre la pérdida de la inocencia y la búsqueda de su propia identidad con la esperanza de "tocar el cielo con las manos de una buena vez".
Haciendo uso del lenguaje típico de su edad, y sin reprimir su costado más poético, construye un relato vertiginoso y fascinante que se renueva de una página a otra.
Una historia atípica, despojada e inquietante a la vez, como el mismísimo Parque Chas.
Entrevista a Emmanuel Galli
-¿Siempre pensaste en una novela ilustrada o las ilustraciones vinieron después?
-Todo parte de mi manera de escribir. No escribo con un boceto, ni con una maqueta, ni con un storyboard previo. Tengo una manera -no se si llamarla espontánea o distinta-; se que muchos escritores escriben con una maqueta: ya saben qué va a pasar en su libro, saben qué personajes se van a morir, y qué personajes se van a enamorar y demás. Yo escribo de otra manera, un poco tratando de avivar el fuego de lo que pasa en la obra, avivo el fuego de los personajes. Eso hace que pierda un poco la noción del libro. Y con este libro en particular lo que pasó fue que, como lo escribí a los 23 años, lo escribí a máxima velocidad, con una cuota de sentimientos muy fuerte y cuando hay mucho sentimiento hay poca mente, poca cabeza. No es un libro demasiado pensado en este sentido -no hay un storyboard, no hay una maqueta- cuando el libro está escrito muy velozmente no hay tiempo para pensar y tomar decisiones, con lo cual se avanza en la escritura. Para mi fue escribirlo a los 23, dejarlo, y mucho años después -cuando ya había escrito otra novela- volver a leerlo, y me volví a encontrar con un libro que para mi era una sorpresa. Parecía escrito por otra persona. Ahí me di cuenta que el libro estaba buenísimo, que funcionaba, que estaba soportado por un montón de pilares que para mi eran muy importantes, y que a la vez era una historia veloz, entretenida. A partir de ahí surgió la idea de las ilustraciones. Incluso en un primer momento pensé en ilustraciones y fotos, pero después me di cuenta que con las ilustraciones estaba más que bien. Por supuesto con las ilustraciones de Rocambole.
-¿Cómo fue el contacto con Rocambole?
-Con Rocambole fue una sorpresa. Yo conseguí su mail, no lo conocía y el tampoco a mi. Le fui a decir, incluso mi discurso fue un poco gracioso porque le dije "hola soy un escritor y no me conoce nadie, me gustaría que vos ilustres el libro que hice cuando era más Joven". Me dijo que lo leería para ver si le gustaba. Pensé que nunca me llamaría. Sin embargo, una semana después me contactó, me dijo que le había gustado y que iba a empezar a hacer dibujos. Fue un proceso largo: él con su trabajo, yo con el mío; él viviendo en la Plata, yo en Capital. Juntarnos e ir charlando y que el tuviera el tiempo de volver a leer el libro, ahondar en el libro, hacer las ilustraciones y demás, fue un tiempo largo.
-En ese proceso, ¿vos intervenías o sugerías las imágenes para ser ilustradas?
-Siempre respeté sus decisiones. Por su trayectoria, por su conocimiento del arte me pareció que estaba bueno que él hiciera lo que le parecía y que además eso se convirtiera en un libro y no como un agregado. En este caso quería que tuviera su lugar fuerte, por eso hay 23 ilustraciones.
-Respecto a la historia, ¿a qué le teme tanto el protagonista? ¿Por qué el terror a ser invadido?
- Tiene que ver con un adolescente bastante lúcido, bastante despierto, que tiene muy claro cuánto la sociedad intenta convertirlo en uno más. Entonces hay ahí como una serie, una micro jungla de animales que se comen a la gente, hay un líquido amarillo que sale por las alcantarillas. Entonces todo eso opera, son puntos de conexión que tienen que ver con que lo quieren rectificar o convertir en uno más, cuando en realidad lo que este chico quiere es encontrar su propia identidad, su propia personalidad. Me parece que pasa un poco por ese lado, exageradamente. El libro es exagerado -y a mi gusta también por eso- es veloz, no se detiene nunca, el protagonista siempre se aburre y va a hacer otra cosa. Me parece que tiene que ver con la adolescencia: cómo se potencia todo lo bueno, lo malo, los miedos.
-El hecho de que sea artista, ¿influye en esa sensibilidad?
-Habría que ver, no dejo de pensar que hay gente que por más que no tiene esa sensibilidad artística, tiene su personalidad bien marcada. O sea, hablo más que nada sobre cómo la sociedad oprime, cómo marca un camino. Cuando uno es muy joven ese camino es muy sencillo de transitar y mucha gente va por ahí, a ser un número más. Creo que tiene que ver más que con la sensibilidad artística, con el hecho de encontrarse.
-¿Qué es lo que pasa en la noche que él observa siempre evadido, detrás de un vidrio o distanciado?
-Claro, porque él lo que intenta también es presenciar lo que está pasando sin sentirse identificado con eso. Lo que pasa en Parque Chas es curioso, los autos que transitan por el barrio es gente que viven en el barrio o algún vecino que lo atraviesa para llegar a su casa, pero no es un barrio en el que haya muchos autos a las 5 de la tarde de un martes. Y las personas lo mismo, prefieren ir por las avenidas en vez de cruzar por Parque Chas porque tiene calles circulares y demás. Ya a las 5 de la tarde de un martes hay muy poca gente, muy poco tránsito, hay una calma distinta. Entonces, a la noche se apaga. O sea, si a la tarde hay una calma a la noche es mucho más fuerte. Entonces me parece que tiene que ver con esto: todo se cierra.
-Entonces,¿ por qué en la novela durante la noche se enciende el caos?
-Yo particularmente como artista te puedo decir que la noche -sobre todo cuando era mucho más joven- la noche era eso mismo: cuando todo se apagaba yo me encendía. Se relaciona también con el trabajo. Por suerte pude encontrar mi rumbo en la vida. Pero cuando era más joven no lo encontraba y no me quedaba otra que tener esos trabajos horribles que a uno no le interesan porque sabe que uno no va a hacer carrera de eso, ni mucho menos. Por ejemplo en una época trabajaba de cadete de un despachante de aduanas, no me interesaba en absoluto ni la aduana, ni la cadetería, ni el microcentro. Eso pasaba: volvía a mi casa, merendaba, cenaba y ahí encendía la máquina de escribir o de componer o de salir a caminar por el barrio con el walkman.
-¿Es cierto el mito -que el protagonista trata de comprobar en la novela- de que los vecinos de Parque Chas desorientan a la gente adrede para mantener la armonía de un barrio que fue hecho para perderse?
-Sería bueno. La verdad, no lo se. Lo que sí creo es que los vecinos no quieren que los molesten porque el barrio tiene mucha calma. Y para los vecinos sería un problema que les dijeran vamos a poner un edificio de 20 pisos acá, una torre allá y el barrio se va a poblar de personas. Para los vecinos sé que sería terrible porque es realmente una calma. Puedo hacer la prueba de ir a la estación de subte Los Incas, cruzando la avenida y de costado sale por triunvirato una calle diagonal. En Los Incas es una locura de gente, hacés media cuadra -ya es Parque chas- y es una calma total. Y si lo haces al revés cuando llegás a Los Incas seguramente vas a pensar en animales que se comen a la gente, en una micro jungla. Porque realmente lo que pasa ahí adentro a cualquier hora del día cualquier día de la semana es raro. Hay una calma.
-¿Por qué resiste tanto el cambio Parque Chas, en la novela?
- El barrio resiste al cambio, al capitalismo porque es un barrio muy cerrado. Yo lo cuento en el libro, un poco esto de las calles circulares y demás hace que nada pueda entrar pero también que nada pueda salir. Hago como una doble línea con el agua: cuando no corre se estanca y se pudre. Creo que pasa un poco eso. Sin ponerme en el lugar de historiador del barrio porque no lo soy, no deja de ser un libro de ficción que en un punto no todo lo que le pasa al barrio es lo mismo que le pasa a su protagonista. Pero más allá de eso yo creo que lo que pasa con el barrio en sí es eso, se cierra. Además es un barrio en el que a nadie le va a convenir poner ningún comercio, salvo comercios de primera necesidad: una pizzería pero ni siquiera con mesas, dos chicos que repartan con la moto, una verdulería, una carnicería, un kiosco, una farmacia. Todo primera necesidad, porque no circula la gente. Poner una boutique para las vecinas del barrio a nadie le sirve porque las vecinas del barrio son pocas. Eso en un punto es curioso. Está bueno porque a donde uno vaya está plagado de negocios. No es ni bueno ni malo pero uno está acostumbrado a que cada tres cuadras haya un negocio y eso no pasa en el barrio.
-El protagonista tiene miedo a la invasión y al cambio, sin embargo cuando después del caos los camiones de basura dejan todo como estaba antes, siente melancolía y tristeza. ¿Por qué esa contradicción?
- Escribo libros no porque me interese el oficio de escritor sino porque me divierte el juego de la literatura y me divierte el juego de escribir. Con lo cual mis libros son para mi un juego y me asombran, en el sentido de que mis propios libros me muestran cosas de mi que yo desconozco, incluso contradicciones. Si no hay contradicciones no hay arte, si todo funciona bien no hay arte. En realidad no veo que nada funcione demasiado bien. O no veo que haya algo que no tenga contradicciones. Creo que en ese caso lo que le pasa al protagonista es interesante porque después de toda una revolución que tiene que ver con el barrio, hablo de revolución porque son cosas muy fuertes las que pasan: un edificio se cae sobre otro, animales se comen a la gente, un líquido sale de las alcantarillas y arrastra autos. Pasan cosas por demás fantásticas. Cuando limpian el barrio él lo que quiere es no olvidar, él no quiere que limpien el barrio y que esté todo igual, quiere que quede esa huella porque quiere recordar. Es como una manera de recordar lo que sintió, lo que le pasó, cómo actuó ante diferentes situaciones y a partir de eso aprende a crecer, a encontrar su identidad, su verdadera naturaleza. Cuando leí el libro encontré este tipo de contradicciones y eso es lo que me divierte y me impulsa a seguir escribiendo, que no tenga un orden, una lógica, que deje cosas abiertas. Eso que no termino de contar, o eso que queda pendiente, o eso que no te digo pero te doy a entender ahí me parece que es donde está la verdadera cuestión. Y me parece que por eso está bueno el libro.
-¿Por qué él al igual que Iván -el filósofo barrial que encuentra en la plaza- está tan seguro que nada le va a tocar: ni los animales los van a atacar, ni el agua, etc.?
Es como los animales, está bueno que cada uno le de su forma al animal, porque todos tenemos miedos, inseguridades, frustraciones, temor a que tal o cual cosa nos cambie el rumbo, la forma de ser, la personalidad. Iván y el protagonista están seguros que no les van a hacer daño los animales porque ellos saben que no les va a pasar nada, están seguros. Otros que salen a trabajar y se toman el colectivo a la madrugada los leones les comen la cabeza, es más no los quieren ni para comida, les arrancan la cabeza de un mordisco, es brutal. A Iván y al protagonista no, ahí hay una diferencia muy clara, ellos están seguros que no les van a hacer daño, y me parece que tiene que ver con separarse, con saber qué es lo que quieren, y qué es lo que no quieren.
-Hay también una invasión de ruidos -el ladrido de un perro, el fax- que no le permiten componer la canción a lo largo de todo el libro
-Si, yo creo que los ruidos son como llamados desde la realidad: hasta dónde te podes evadir con un fax que te está sonando al lado de la oreja, hasta dónde te podés ir tocando el piano. Todo el tiempo al protagonista lo llaman de la realidad: le suena el teléfono cuando lo llama la duda, suena el fax, todo tiene ruido, está cayendo un edificio sobre otro que debe ser un ruido insoportable. No dejo de pensar que son llamados de la realidad concreta: prestá atención a esto. Siempre que aparecen los ruidos pasan cosas muy puntuales sobre todo con el fax que aparece su rostro esbozado en crayones en fax que le mandan su propia cara.
Entrevista realizada por Matilde Méndez en Buenos Aires, enero de 2009
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Ricotero dice:
04/03/2009 - 12:32 PM
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Que buen libro!! La historia es brillante y ver las ilustraciones de Rocambole me regala de vuelta todos mis años de la adolescencia con las tapa de los discos de los Redondos.
Un abrazo al autor y al gigante
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