Samanta Schweblin
Pájaros en la boca
Editorial: Emecé
Publicación: 2009
ISBN: 9789500431729
Entre la noche insomne y la vigilia, los cuentos hipnóticos de Pájaros en la boca horadan lo real con una crueldad aterradora. Crudos, extraños, insólitos: lo raro se impone en ellos a veces con una sospecha trivial y silenciosa.
Otras, con una densidad violenta e irreversible, como en una película de David Lynch, o en una pesadilla kafkiana.
Un cavador fanático, un hombre solo con su mujer muerta en el piso de la cocina, la ruta, ruidos, cacerías en la estepa, la furia de las pestes, la tensión, la desesperación.
Ganador del premio Casa de las Américas 2008, este libro de relatos se mueve en la delgada línea que separa lo fantástico de lo real, lo sobrenatural de lo cotidiano, en un estilo fluido y preciso. Una visión particular del mundo que confirma a Samanta Schwebtin como una de las narradoras argentinas más importantes y originales de su generación.
¿Cómo definís los cuentos de Pájaros en la boca?
Para mi los cuentos de Pájaros en la boca son cuentos que se plantan, en un principio, como cuentos realistas pero que trabajan en un límite bastante sutil entre el realismo y el fantástico. Llega un punto en que ese límite se disuelve y hay un traspaso de un mundo al otro; realmente me parece que los quince cuentos del libro pueden considerarse tanto realistas como fantásticos, pueden perfectamente ocurrir.
¿Cuándo los escribiste?
Los cuentos de Pájaros en la boca los fui escribiendo a lo largo de cuatro o cinco años, más o menos. Pero no es que Pájaros en la boca integra los cuentos de esos cuatro o cinco años, hay algunos cuentos que quedaron afuera. No porque sean menores si no porque quizás estaban en otro registro, o tenían otra búsqueda.
¿Cómo construís ese límite tan sutil entre lo real y lo fantástico?
Para mi el verosímil es fundamental en los relatos. El verosímil y la tensión; creo que la tensión es parte de ese verosímil. Cuando empiezo a narrar los cuentos, la tensión ya viene en camino, ya está sucediendo todo, y cuando me alejo del cuento, cuando el cuento termina, es como el último segundo de tensión. De hecho muchas veces el cuento sigue de alguna manera aunque no esté narrado, ¿no? Me parece que cuando ya no hay tensión no tiene demasiado sentido seguir contando.
Una vez un periodista me preguntó por qué los finales de mis cuentos son abiertos, y ¡no! Yo no creo que los finales de mis cuentos sean abiertos, creo que es muy claro hacia donde va todo, es muy claro cómo va terminar. El tema es que una vez que uno ya deduce cómo va a terminar no tiene sentido seguir narrando.
¿Por qué elegís el cuento para narrar?
El formato de cuento es un formato en el que me siento cómoda, pero siempre digo que tampoco es una militancia. Tiene que ver con el tipo de ideas que me interesan, con las que trabajo. Creo que las ideas de Pájaros en la boca nunca podrían haber sido novelas, son ideas de cuentos. Me fascina además el mecanismo del cuento: me gusta este trabajo casi de rompecabezas, de cuidar que no sobre nada; todo lo que es el trabajo post escritura me interesa mucho y le dedico mucho tiempo. Eso es algo que en la novela queda más librado al azar, la novela da más libertades que por ahí el cuento no da.
¿Cómo surgen esas ideas?
Las ideas de los cuentos en una gran mayoría provienen de imágenes, quizá tiene que ver también con el tema de que vengo de la carrera de Imagen y Sonido. Estudié muchos años cine, vi muchísimo cine. La verdad es que sí, la mayor parte de las ideas vienen de imágenes, imágenes que por ahí pasan rápidamente, que están vacías de un contenido y después yo las cargo de contenido. Imágenes fuertes que por ahí me quedaron también de fotografías, me gusta mucho navegar en Internet buscando fotografías. Puede ser que haya algo autobiográfico también. El cuento "Cabezas contra el asfalto" es el primer cuento que tiene algo autobiográfico. Supongo que uno siempre sudará parte de su biografía cuando escribe pero no es algo en lo que pienso cuando me pongo a escribir, no creo que de ahí vengan las ideas.
Una vez que encontrás esa idea o imagen ¿cómo sigue el proceso de escritura?
El proceso de escritura no es siempre igual. Pero sí puedo encontrar patrones recurrentes. Por ejemplo, por lo general me siento a escribir un cuento cuando ya tengo el final, y tengo una idea incluso de cómo empieza. Después tengo una lucha sobre qué es lo que ocurre en el medio. Es como si uno tuviera el final -que por lo general es esa imagen fuerte que se me viene a la cabeza-, después tengo un principio, y el cuento es cómo llegar de ahí al lugar que quiero llegar. Pero es raro que me siente a escribir un cuento sin tener el final, me parece que me pierdo demasiado, que el cuento se desconcentra, de alguna manera.
Por otra parte, me interesa mucho la energía de la primera sentada para escribir. Si puedo escribir un cuento de una sentada, -hay varios que sucede así- o de dos o de tres, mejor. Es raro que haya cuentos de más. Me interesa mucho la energía de ese primer envión pero después los cuentos se trabajan durante meses, no es que uno escriba un cuento de una sentada, y esa sentada por ahí tiene seis horas de trabajo, no? El trabajo de la post escritura lleva mucho tiempo. Hay todo un trabajo argumental del cuento en la cabeza y no me siento a escribirlo hasta que no lo tengo más o menos resuelto.
Respecto a la ausencia de material autobiográfico que mencionabas, ¿es uno de los factores que te permite esa ductilidad a la hora de narrar?
Me interesa narrar desde distintos puntos de vista, desde lo femenino, desde lo masculino, desde un chico
y sobre todo me interesa mucho la narración desde un personaje, me parece que revaloriza todo lo que está ocurriendo. Si yo narro desde un narrador como podría ser yo es todo muy autoritario respecto a lo que está pasando. Me parece que hay muchísimas más lecturas, y que el lector tiene más libertad cuando la historia se cuenta desde un personaje. Así, hay muchas cosas que pueden sobreentenderse, revalorizarse, cobrar doble sentido.
En los diálogos tan cotidianos y tan extraños al mismo tiempo también se mantiene esa ambigüedad, no?
Respecto a los diálogos, y el tono general de los cuentos, intento que sean diálogos muy claros, me gusta jugar mucho con la ambigüedad de lo que se dice, por lo cual deben ser todavía más concisos y más claros. El tono está anclado en Buenos Aires, Argentina, pero medido. Me interesa sobre todo el tema de la ambigüedad. Cuando uno está leyendo o viendo -porque está esta idea de que el leguaje pasa a segundo plano y uno realmente ve lo que sucede-, uno tiene esa sensación de ambigüedad: «sí, el personaje está loco pero podría no estarlo; sí, estamos en la pampa, pero podría no ser la pampa». Todo es muy complicado, difícil de sentenciar, no?
¿Cuál creés que es el cuento más representativo del libro?
Si tuviera que elegir un cuento elegiría "Pájaros en la boca", porque, de alguna manera da también nombre al libro. Me gusta también la extrañeza de Irman, ese cuento en particular me gusta mucho. En "Irman" hay dos amigos que van por la ruta y llegan a un parador, y encuentran que el parador tiene las mesas puestas, se nota que hay gente ahí que acaba de comer, un gran malón acaba de comer, pero no hay nadie para atender, el lugar está vacío, tardan mucho en venir. Finalmente aparece un hombre que es muy, muy bajito, dos cabezas menos que lo normal, y cuando le piden las bebidas, este hombre dice que no puede traerlas porque tiene a la mujer tirada en el piso y el solo por sí mismo no alcanza las heladeras
y de ahí parte el cuento.
En otro de los cuentos, en "La Furia de las pestes", hay un ambiente totalmente distinto, donde predomina mucho el silencio, y ahí hay todo un laburo sobre cómo escribir el silencio, desde dónde se escribe el no silencio y lo que no se dice, hay todo un laburo de ambiente, un trabajo de descripción casi sin adjetivos, de no diálogo, a veces las cosas están contadas como en primer plano, es decir no la totalidad sino el pequeño detalle. El punto de vista tan objetivo del personaje acerca de todo lo que sucede, acerca de lo que ve, -porque yo tampoco puedo contar explícitamente lo que está sucediendo- permite mejor que el lector pueda concluir qué es lo que está pasando en ese lugar. Entonces, cuánto más objetivo es lo que está contando ese personaje, mejor.
¿La realidad es tan perturbadora como tus cuentos o creés que la literatura aporta un poco de extrañeza a una realidad sin altibajos?
Es una linda pregunta. Creo que la realidad es muy perturbadora, a veces me preguntan de dónde saco tal o cual idea; me lo preguntan como haciéndome sentir culpable, «¡¿de dónde sacaste esta idea?!» (risas) En verdad, la realidad que a mi me rodea, la manera que yo tengo de ver las cosas, es tan extraña como lo que narro; el mundo es muy raro. Muchas confusiones tontas acerca de la realidad pueden ser exponenciales para escribir, son muy disparadoras.
Entrevista realizada por Matilde Méndez en Buenos Aires, junio de 2009
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Maria Adela dice:
11/07/2009 - 11:45 AM
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Es un gran hallazgo de cuento mi libro habernos hecho conocer a esta joven escritora. Es muy personal y sus cuentos son exquisitos.
Maria Adela, desde Santiago del Estero
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ezequiel dice:
16/07/2009 - 05:59 PM
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Cuando agarre el libro lo primero que me llamó mal la atención fue la comparación con Lynch y Kafka, después ví que había ganado algunos premios entre ellos el FNA. ME dije, esto debe ser una verdadera porqueria,. Lo tomé para leer algo en la cola de un banco. Y la verdad es que me dio vuelta la cabeza. ahora busco el libro anterior. muy buenas imagenes, buenas historias y mejores resoluciones. no soy de felicitar pero es mas que merecido. aún no puedo escuchar lo que dice. pero ya se sabe mejor leer que escuchar mejor leer que ver. mejor leer que vivir. aunque siempre se puede leer algo muy malo. no es el caso. gracias.
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