Patricia Kolesnicov
No es amor
Editorial: SUMA DE LETRAS
Publicación:
ISBN: 9789870413196
Si la pasión alcanza para develar todos los secretos, si alcanza para rastrear cada vericueto, cada cicatriz del cuerpo -y el alma- de la otra. ¿Para qué no alcanza la pasión? Si la democracia alcanza para que los bares y las calles y los pasillos de la universidad se llenen de gente, si alcanza para que la vida se empiece a contar en letras de rock. ¿Para qué no alcanza la democracia?
Una militante exitosa que rápidamente chocará con el pragmatismo de la política. Una niña rica de formación científica que guarda detrás de la puerta a la artista plástica. En la confrontación a veces tensa, a veces burlona de dos mundos ajenos, Florencia y María construyen una complicidad que se desbarranca en el deseo avasallante de una, en el deseo esquivo de la otra. En una historia en la que el peso del pasado asume la forma del secreto personal, el erotismo será el torrente que devele lo que nadie pensaba contar.
La autora
Patricia Kolesnicov nació en 1965 en la ciudad de BuenosAires. Estudió Letras en la UBA. Como periodista, escribió para las revistas Sex-Humor, Vivir, El Porteño y Latido, para el diario El Cronista y para diferentes suplementos culturales.
En 1992 empezó a colaborar en el diario Clarín, donde hoy se desempeña como editora de la sección Cultura. Condujo el programa de radio "Solapa", emitido primero en El Bulo de Merlín y después en Radio Municipal, y el de televisión "Buenos Aires Rayos X" del canal Ciudad Abierta. Biografía de mi cáncer, su primer libro, se publicó en 2002. No es amor es su primera novela.
-El libro tiene una historia que va mas allá de lo narrativo y que está vinculada a los veinte años que dedicaste a escribir. ¿Cómo es esa historia?
-Sí, tardé como veinte años porque empecé escribiendo fragmentos sueltos, algunas notas. Ni siquiera sabía en que orden iba, escribía algo que pasaba y lo tiraba en una carpeta, lo escribía en una máquina de escribir, no había computadora en esa época, los iba tirando en una carpeta y en algún momento los fui empezando a ordenar. Eso llevó mucho tiempo, ni siquiera pensaba que lo iba a publicar, pensaba que era algo para escribir no para publicar y que me iba a acompañar toda la vida, como un amigo invisible.
-¿Esa forma de escribir tiene que ver con que los capítulos sean cortos, algunos inclusive de pocos párrafos?
-Claro, tiene mucho que ver eso. Eran como apariciones, yo en algún momento lo pensé como una obra de teatro donde se apagara la luz y una viera flashes y lo que no vio, no lo vio, simplemente pueden haber pasado cosas que uno no sabe. Y después con los años se fue rellenando y quedó poco de esas oscuridades.
-¿Cuándo te diste cuenta que tenías una novela?
-Desde el principio pensé que era una novela. En realidad bastante temprano como una idea de cómo terminar, de cómo era la historia en su estructura, los puntos sustanciales, pero la complejidad de los personajes se fue armando con el tiempo y además cosas que me fui dando cuenta -yo no tenía experiencia en esto- como una decisión llevaba a otras cosas. Si decía que a tal protagonista le pasara tal cosa o tuviera tal característica, que estudiara algo científico por ejemplo, me llevaba a otras cosas que tuvieran que ver con la ciencia que yo no necesariamente lo había previsto desde el principio. Ese fue el descubrimiento que yo hice, seguramente los escritores formados ya saben que es así pero para mi fue una sorpresa porque en periodismo todo es mucho más corto, uno sabe que va a pasar desde el principio.
-¿Cómo es la estructura de esta novela que tiene la particularidad de estar narrada a dos voces?
-La novela está narrada a dos voces, son dos protagonistas, María y Florencia, y cada una va contando su parte de la historia, no necesariamente cuentan lo mismo desde dos puntos de vista, una anécdota puntual, salvo en algún caso muy chuquitito donde hay un cruce en que cada una cuenta algo y las dos están contando lo mismo, sino que la historia va avanzando a través de eso y a veces lo sabemos de una perspectiva y a veces lo sabemos desde otra y nos perdemos la otra que seguramente habrá tenido algo para decir y, además, hay como una tercera forma narrativa que son unos diálogos que se llaman conversaciones con Luisa Lane que es un personaje práctimente fantasma con el que hablan las dos.
-¿Y como trabajaste esas voces narrativas que son diferentes pero las dos están en primera persona?
-A medida que las fui conociendo hablaban distinto y después había algunas decisiones que yo tomé como que Florencia habla siempre en presente y María habla siempre en pasado y eso tiene que ver con como está parada cada una en esa historia de amor que las une, para una desde el primer día ella fue y para la otra, aún al final, será presente.
-¿Dirías que es una historia de amor, de desamor?
-Yo creo que es una muy difícil historia de amor, quizás de un amor fallido, que no se terminan de encontrar, me parece casi más una pasión que un amor, como un fuego muy fuerte y muy difícil de sostener.
-Pareciera que, aunque suene a un oxímoron, que se trata de una pasión frenada, que entra como un torrente y se queda.
-Que buena definición, está muy bien, sí es una pasión frenada.
-Elegiste narrar los ochenta, ¿cómo y por qué tomas esta decisión siendo que en los últimos tiempos esa década esta casi ausente en la literatura argentina?
-Por un lado, si yo te digo que pasaron veinte años es que eran los ochenta cuando empecé a escribir y me interesa mucho, y cada vez más, y lo podría haber cambiado con el tiempo y cambié muchas cosas con el tiempo en la novela. Me interesa mucho la primavera democrática, toda esa época que también fue la época de cuando yo entré en la Universidad, era un momento importante para mí también, era un momento de cómo una especie de inocente alegría y una alegría después del dolor y una cosa mezclada, empezamos a ver, fue todo el show de la muerte, teníamos esa cosa y por otro lado, la cosa psicobolche y floreciente y cantábamos Markama y éramos latinoamericanos por primera vez y duró tan poco.
-En un momento de la novela decís "eramos un país casi progre".
-Claro, una sensación de que estábamos contra la dictadura y habíamos vencido a la dictadura y lo digo todo entre comillas, no sé si habíamos vencido
pero había una sensación así en la calle, íbamos a un montón de marchas todo el tiempo.
-Y de ahí esta frustración generacional y también política donde la protagonista que es una militatne alfonsinista también se frustra y se quiebra.
-Nos frustramos y nos hacemos cargo y produjimos esa frustración, no es algo que nos cayó del cielo solo y también lo que se muestra son los límites de una militante socialdemócrata. Esos eran los límites, si vos te querías mantener dentro del sistema democrático había muchas cosas que hacer y vos podías estar con matices pero te encontrabas con la estructura, los votos, tu partido y tus dirigentes y hasta ahí se podía llegar. Florencia no es una revolucionaria, nunca se plantea otra cosa y cuando ve que con la democracia no se educaba, no se comía, medio que se las toma, hace violín en bolsa, pero ella tiene ese dilema en algún momento frente a María incluso, donde dice o le escribo el discurso, ella se da cuenta lo que está pasando cuando le pide que le escriba a favor de la privatización de la educación, o le escribo el discurso y me quedo acá cómoda y tengo una buena vida o me voy y me rajan de todo y lo que ella estaba haciendo ahí era una misión partidaria de última. Y hay una oscilación, primero entra después sale, me gustaba que no fuera un personaje enterísimo, con una ética inconmovible, me gustaba que fuera así: tentada, transera, le ponemos la guita, le sacamos la guita. Me gustaba que fuera eso, un personaje con más dudas.
-Está como retratado el militante de la Coordinara que parecía que avanzaba y después lo frenaban y la estructura partidaria lo limitaba.
-Y al final terminaba siendo parte de todo eso. Sí, yo estaba pensando en eso y lo pensaba muy desde afuera, yo nunca estuve ahí, no los conozco, tengo una amiga que fue una dirigente importante de la Juventud Radical que se la di a leer y me dijo tengo un montón de cosas para decirte y nunca me las dijo, así que vaya uno a saber, si lo lee uno de la Coordinadora va a decir no, no era así.
-¿No habías tenido ningún acercamiento a algún tipo de militancia en la Franja Morada o en alguna agrupación?
-No, para nada. Estaba en la Facultad y los veía pero nunca milité en ninguna parte.
-Porque hay diálogos que tienen el léxico de los militantes de entonces.
-Puede ser, pero son inventados, me imaginaba como lo podía pensar.
-¿Cómo contarías a las dos protagonistas, María Gabay y Florencia Kraft?
-Florencia, primero es una chica que tiene muchas heridas en el cuerpo y eso hace que tenga un dolor en el cuerpo todo el tiempo y eso es muy importante, como algo silencioso atrás, imaginate alguien a quién todo el tiempo le duele el cuerpo y vive con eso, para empezar, en el momento que nosotros la encontramos está en Buenos Aires estudiando algo que no se dice que es, pero todos entendemos que es Comunicación pero que tal vez no lo sea, está ganando el Centro de Estudiantes como parte, no se dice pero se entiende que es la Franja, en un momento de mucho poder y de mucha adrenalina. ¿Qué le interesa? Le interesa hacer un país mejor, le interesa mucho tomar el poder en serio, el radicalismo está en el poder pero lo quiere hacer desde algo más joven. Tiene por ahí un noviete que está muy bien pero tampoco la desvela y se va a encontrar con María Gabay que la va a buscar.
María es una chica rica, es la hija de un industrial que estudia biología y está encaprichada con hacer una revista de ciencia y, por eso, como que el padre le regala a Florencia como para que trabaje con ella y ella queda un poco deslumbrada por esta chica que en un punto es tan parecida a ella pero es independiente, vive sola, toma decisiones, osea todo lo contrario a ella. En el transcurso de la novela María va a ir encontrando su deseo, tanto como con lo profesional, encuentra algo que quiere hacer, empieza a investigar; como en lo personal que en un punto está ligado a Florencia y en un punto no.
- Son las dos hijas de la clase media ¿Qué es lo que las une y qué las separa?
-Sí, Florencia de una clase media de pueblo, de una clase media media, un dentista es el padre y una cosa es un dentista y otra el dueño de un laboratorio.
-Lo decía en el sentido que a ella también el padre la ayuda y le alquila el departamento.
-Sí, pero de todas maneras hay una diferencia, una anda con los muebles de caña que ibamos a comprar a Tigre y traíamos y la otra vive en una mansión y ni lo piensa eso, está dado, es así el mundo, tienen una diferencia de clase importante y eso va a ser una diferencia de proyecto importante y de cómo pararse en ese país que cambia, quién va a ser cada una en la primavera democrática y quién va a ser cada una en el menemismo es fundamental en la novela. En un punto ese amor está atravesado por esa diferencia de poder y la clase de María le hubiese quebrado la muñeca a la clase de Florencia y cuando dejó de ser la chica elocuente y potente arriba del escenario también dejó de ser tan atractiva.
-Y eso se nota también en Gabay dándole trabajo a Florencia.
-Claro y es como el bajón, no llega a pasar pero hay un momento en que se empiezan a concentrar los medios, cambian de mano, el laboratorio se integra a una multinacional, que es el proceso que pasó y Florencia dice voy a terminar laburando para Gabay, no pasó pero podría pasar.
-Es también el comienzo de esa globalización empresaria de los noventa, en las que las empresas empiezan a extranjerizarse.
-Es absolutamente eso, yo vi ese proceso en la industria editorial y yo pensaba en eso cuando escribía, algunas familias que conocimos y que tenían editoriales importantes que terminaron integradas a grandes grupos y yo me imaginaba como sería ser el dueño, los que terminaron siendo gerentes y trabajando ahí adentro, no es que de un día para el otro se fueron, pero terminaron desde otro lugar.
-De hecho el que maneja ese proceso es el hermano de María, no el padre.
-Claro, porque el padre es como ese viejo empresariado nacional, le hermano ya estudió afuera, viene de Estados Unidos con las nuevas ideas y que él piensa que es lo único que se puede hacer, o nos fusionamos o nos morimos.
-Quería volver a lo que las une y las separa a las dos protagonistas.
-Hasta ahora te dije todo lo que las separa, me parece que lo que las une es una generación, me parece que las une un descubrimiento sexual muy fuerte, es un imán muy difícil de soltar.
-Las feministas dicen que lo personal es político y creo que hay también en eso y en términos de narradora una postura política.
-Hay una cosa como básica de la visibilidad, la elección política en este libro es lo explícita que es la sexualidad.
-A eso me refería.
-Sí, hay una decisión de ponerlo sobre la mesa como se puede poner o no, pero que hay mucha literatura erótica que se pone de manera muy detallada y bueno porque no, también vamos a contar en forma bien detallada esto y también tiene que ver con esa apertura democrática y, con el paso del tiempo, probablemente, esta novela sea más fácil de publicar ahora que estamos discutiendo el matrimonio gay y que ya pasamos algunas instancias que en la época del libro no estaban ni soñadas.
-Se discutía la ley de divorcio.
-Claro, era esa época.
-Leí una cosa que dijiste que me gustó y que me encantaría que lo desarrolles: "yo no quería hacer una novela erótica, quería hacer una novela de coger".
-Así es, no quería hacer hacer una novela erótica, quería hacer una novela de coger, que quiero decir, hay como un estereotipo del erotismo femenino, que es lento, como circular, que va rodeando el objeto
yo no quería hacer eso, puede haber gente que le pase pero yo quería hacer una novela de a los bifes, contar eso, lo duro, el sudor, el orgasmo, la fuerza de coger, no algo suave y con tules violetas, no.
-¿Un choque pasional?
-Claro, incluso a veces violento, a veces con ganas de lastimarse, en algún momento Florencia dice "yo la estoy tratando de lastimar", le quiero pegar, no es siempre el tierno amor de las mujeres, existirá pero a mi no me interesa.
-Incluso una pasión que deja llagas, que desgarra.
-Es absolutamente desgarrador, yo creo que todo el tiempo es desgarrador, sobre todo porque todavía en ese momento no es muy comprensible, obviamente saben lo que les está pasando, no son dos adolescentes son dos mujeres, pero por otro lado no hay una idea muy clara de cómo manejarlo, ninguna de las dos tiene una idea de pareja, no es que una tiene una quiere estar de novia y casarse y luchar por los el matrimonio gay. Es algo que les pasa, es algo que es previo a la idea de formar una familia, es algo que les pasa y me parece que eso también las diferencia, me parece que María podría coger toda la vida si Florencia no la molestara tanto con todo lo demás y que Florencia quiero algo más, pero tampoco es muy claro, no es que le dice vamos a hacer esto, venite a vivir conmigo, no es muy claro y, de hecho, nunca tienen un proyecto en común.
-Las dos siempre se están yendo, ¿no?
-Sí absolutamente, para María siempre es la última vez, la última vez y que casi no pasó, como por que me ha tomado va a decir todas las veces, Florencia está un poco más entrampada en el vínculo y, de hecho si vos te fijás, cuando empieza a estar con María o estar con María es mucho decir, porque nunca está con María, cuando empieza a coger con María deja de viajar y la que viaja más es María, en el período anterior la que se mueve más es Florencia.
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