Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro
Memorias del calabozo
Editorial: Aguilar - Alfaguara
Publicación:
ISBN: 978-987-04-1095-9
Una noche de septiembre de 1973, nueve militantes del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros fueron sacados sorpresivamente de las celdas donde estaban encarcelados. Iniciaron así un viaje que duró "once años, seis meses y siete días", de cuartel en cuartel, aislados, torturados pero mantenidos vivos como rehenes del régimen militar uruguayo.Condenados al silencio, inventaron un código de comunicación mediante golpes en la pared. Por medio de ese código improvisado, Rosencof y Fernández Huidobro se juraron que "cualquiera de los dos que sobreviviera, testimoniaría... Para que el sacrificio no fuera en vano".Memorias del calabozo es ese testimonio.
Memorias del calabozo
Autores: Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro
Editorial: AGUILAR / ALFAGUARA
ISBN: 978-987-04-1095-9
Cantidad de Páginas: 483
Los autores
Mauricio Rosencof nació en Florida, Uruguay, en 1933. Es escritor y periodista y fue dirigente del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros. Actualmente es el director de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo. Su obra literaria comprende un vasto espectro y ha sido premiada en distintos rubros y traducida a varias lenguas.
Eleuterio Fernández Huidobro nació en 1942 en Montevideo. Es político, periodista y escritor. Dirigente del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros. Sus textos, de fuerte contenido testimonial, recogen parte de esas experiencias. Desde 2000 es senador de la República.
Entrevista completa a Mauricio Rosencof
-¿La idea de este diálogo que conforma un gran libro surge en el mismo calabozo?
-Sí surge en el calabozo. Es un libro hecho entre dos, es la peripecia de dos que estuvieron trece años presos en carácter de rehenes y el compinche de la titularidad del texto es Eleuterio Fernández Huidobro, actual senador Nacional y ex rehen de la dictadura uruguaya, igual que el que suscribe.
A nosotros nos convirtieron en rehenes en el ´73, a nueve dirigentes de la organización. El Coronel encargado del operativo declaró públicamente con absoluta impunidad "ya que no pudimos matarlos cuando cayeron los vamos a volver locos". Nos sometieron a un régimen de aislamiento total en calabozos pequeños, de 2 metros por 1, un año estuvimos sentados en un banquito mirando la pared. Nos distribuyeron en grupos de tres, el trío que yo integraba, que hicimos la vuelta del Uruguay en un calabozo, estaba integrado por "El Nato" Fernández Huidobro y con el "Pepe" Mujica que hoy es uno de los candidatos más factibles para la nueva Presidencia del Uruguay.
Los nueve estábamos a media ración en condiciones terribles, solían no darnos agua, aprendimos a reciclar el orin, nos hicimos insectíboros, el bichito de la humedad, la mosca es dulce: te estoy dando el menú, incluso con bebida a la carta. En situación así, nos llegan noticias al Ñato y a mi, que habíamos reinventado el morse, que no nos vimos la cara en todo ese tiempo pero a golpes de nudillos logramos comunicarnos y hablar con una velocidad muy grande. La iniciación de nuestro diálogo fue la Navidad del 73. Notamos que era Navidad porque oíamos las voces de la tropa diciendo que había que matar al cordero, asarlo.
De pronto el Ñato araña el muro, yo siento que me está llamando, me siento en el piso que era el único mobiliaro que teníamos y le respondo a su arañazo con mi arañazo. Entonces lentamente comienza a golpear series, tres en la primera, deja un espacio, cuatro y yo arranco un revoque de la pared y voy anotando los números y el me envía una palabra relacionada con ese día que si yo la asocio, al descubrir esa palabra descifro toda la clave. La palabra era Felicidad y el sistema era muy sencillo, después lo sofisticamos mucho más y fue más práctico: a la A un golpe, a la B dos golpes, a la C tres golpes. Después hicimos una simplificación que nos podía permitir hablar como si fuéramos dactilógrafos de la Academia Pitman.
Llevábamos ya varios años así y en un momento tenemos la noticia que uno de los rehenes, rehenes porque nos habían comunicado que si pasaba algo afuera nosotros éramos boleta, simulaban una fuga, lo dijeron con estas palabras y agregaron además que esto no lo podía saber la familia porque vos a tu familia la querés mucho. Es decir, la amenaza era para todos. Recibimos la noticia que había un compañero con un tumor en la cabeza que no lo estaban tratando y de otro compañero que se había trastornado. Es decir, que se estaban cumpliendo las máximas del operativo y entonces nos juramos en ese momento que si alguno salía con vida y en condiciones iba a contar, sencillamente, la historia que estábamos viviendo. Se dio que salimos los dos, se supone que en condiciones, y luego de saludar a la familia y de instalarnos en el Convento de los Franciscanos que nos ofrecieron para quedarnos, ahí reorganizamos el Movimiento, hicimos el contacto con la prensa. Yo fui a ver a mis viejos que estaban en un asilo porque los habían desalojado. Cuando entro, hacía cinco años que no los veía, parecía una semana, y los viejos que me ven desde la cama y la vieja que me pregunta lo que cualquier madre: ¿comiste?
Con el Ñato, decidimos aislarnos unos días, conseguimos un viejo aparato con casettera, conseguimos unos cassettes y nos fuimos a lo que hoy se llama "La casita de mis viejos", un ranchito que tenían los viejos en Las Toscas y grabamos setenta y dos cassettes de una volteada, de día funcionando a mate y de noche a combustible. La gran tarea de este libro fue la desgrabación que tuvieron que hacer las compañeras. Es un libro que en Uruguay tiene como treinta y dos ediciones y que se publicó en Alemania, Holanda, Turquía, acá es la primera edición completa que sale en Buenos Aires y de las más atractivas como libro en su presentación.
-La lectura del libro me llevó a concluir que ese diálogo construye una sola voz. ¿Esa fue la intención?
-Exactamente. Llevábamos con el Ñato conversando como diez años, no teníamos otra cosa que hacer, nos conocíamos la infancia, las novias, las enfermedades e hicimos planes juntos; brigadas internacionales bajando de los Andes, socializando el continente, yo buscando un frac que me quede bien para ir por tercera vez a buscar el Premio Nobel, todas las fantasías
discusiones políticas, inclusive serias discusiones. Así se fue dando.
-Una de las frases que más me impacto es cuando dicen "no creían en la incomunicación que ellos mismos nos habían construido", ¿Cuándo se dan cuenta de eso es cuando piensan que su dignidad puede más que los verdugos?
-Si, volviendo a la pregunta anterior: el libro se lee como si hablara uno solo. Por esa simbiosis de diez años: yo había vivido más tiempo con él que con mi hijo y que con mi familia. Nosotros sentíamos que teníamos un puesto de militancia, que si ellos querían destruirnos a través de la locura o llevarnos al suicidio o a la amenaza constante, que en cualquier traslado se podría producir un fusilamiento simulando una fuga, el deber nuestro era resistir. La ruptura de la incomunicación fue un triunfo sobre la incomunicación que nos imponían, el habernos mantenido vivos era un triunfo, el no desquiciarnos, la conversación nos ayudaba mucho, era un gran refugio. En una visita a mí me anuncian que a mis viejos los habían desalojado y que estaban en la calle y que iban a tener que ir a un asilo, ahí la impotencia te gana hasta el último poro de la piel. El tener la posibilidad de comentárselo a él ayudaba. Le habíamos roto el aislamiento.
-En otro fragmento dicen "los de afuera estarán haciendo lo suficiente". ¿Cómo vivían con la idea de lo que pasaba fuera del cautiverio?
-Nosotros no sabíamos nada de lo que pasaba. Yo me enteré de la muerte de Allende tres años después de haber ocurrido. Más te digo: en una oportunidad nos sacan para preguntarnos que sabemos que sabemos de Daniel Ortega y entonces ahí nos enteramos que algo había pasado en Nicaragua. ¡Nos venían a interrogar que contacto teníamos con Ortega! Ni ellos mismos creían en la incomunicación.
-Es paradójico, pero los verdugos terminan siendo informantes de los rehenes.
-Seguro, por magnificar nuestras posibilidades. Suponían que nosotros teníamos vínculos con todo lo que fueran movimientos revolucionarios en cualquier parte. Le dije que no, que no sabía de ningún Ortega y entonces él me dijo que en Nicaragua y si vos estuviste alguna vez.
-Detrás de la crudeza de todo este testimonio y su valor histórico, uno de los méritos del libro es que jamás pierden el sentido del humor, aún cuando cuentan las cosas más atroces.
-Eso es una observación muy importante, porque de la misma manera que los duelos con pan son menos, las situaciones brígidas (sic) con una sonrisa se ven aliviadas. El humor es un rasgo inherente a la condición humana: es el único animal que ríe, el perro tal vez con la cola. Es una manera de desdramatizar las situaciones tensas, no tomarnos la situación con sentido trágico, no apenarnos de nosotros mismos porque ese es un signo que te puede llevar a las profundidades más hondas de la decepción. Eso hay que evitarlo y el humor ayudaba mucho. Además compartimos un tipo de humor pero yo lo proyecto un poco más y digo que venimos de una cultura judeo cristiana donde tenés una Biblia que en ninguna de sus partes provoca una sonrisa. La Biblia no tiene humor, es tremendista, si una cultura te quedó mal la barres con un diluvio, si hay una muchachada que se pasó de tragos hundís Gomorra y a la mujer que quiere mirar el pueblito por última vez la convertís en estatua de sal, no te salvás por ningún lado por favor.
-¿El otro sostén era la poesía?
-Era la creación, el mundo tangible no era vivible, tenías que vivir en el reino de la imaginación, de las fantasías, de los recuerdos, de la memoria, con el riesgo de quedar empantanado en ella, pero esa era la única salida posible. Yo tuve esa posibilidad con el diálogo con el Ñato que fue una apertura, otros no lo tuvieron tanto en los otros tríos: el Nepo murió, Sendic estaba muy mal porque recibió un balazo cuando se resistió en la captura, dijo "soy Sendic y no me entrego", le partieron la mandíbula, le arrancaron un pedazo de lengua, tenía problemas para alimentarse.
Tú me decías lo que significaba la solidaridad de afuera. En primer lugar, la familia formaba parte del presidio, las condiciones en que estaban nuestros hijos, nuestros padres, el maltrato a los niños. Cada vez que había una gestión a nivel internacional por nuestra situación lo notábamos enseguida porque aumentaba el rigor sobre nosotros. Era la respuesta que le daban a Amnesty Internacional o a la Cruz Roja, que nunca pudo vernos. Esa era la respuesta que le daban. En cuanto a la lucha de nuestros compañeros afuera y a la solidaridad, eso es permanente y aún hoy sigue.
-Hay otra cosa que me conmovió profundamente y es el rol de El Nepo que aún estando en el Hospital muriéndose dice esa frase que ustedes la llevan como insignia: "aún puedo hacer algo por los compañeros".
-Sí, él se estaba muriendo. Hizo una huelga de hambre y trascendió y el fundamento fue ese: "aún puedo hacer algo por los compañeros". Y cuando se sintió morir se tiró de la cama, quería hacerlo parado, de pie, resistiendo hasta el último instante.
-En el diálogo, hablan de distintas fechas que fueron importantes a lo largo de los años de calabozo, una es el día del Plebiscito. ¿Cómo fue?
-Nos enteramos porque pasaban vehículos lejos del cuartel y oíamos que había una campaña electoral, por ahí entendimos que era una reforma constitucional que institucionalizaba la dictadura. Era votar por sí o por no y no tenían permitido hacer campaña aquellos que se resistían a la dictadura. Ocurrió que la guardia, los oíamos comentar, primero había alegría porque los primeros cómputos daban un triunfo de la ley para las autoridades de facto, pero en determinado momento se acallaron las radios, empezó a haber silencio, cayó la noche y los únicos que festejaban en el cuartel éramos nosotros porque nos dimos cuenta que había ganado el No. Entonces lo festejamos saludándonos a través del muro.
-Ustedes conviven con suboficiales de bajo rango del Ejército que también se quejaban de los oficiales. Parece que ni el Ejército aparecía homogéneo.
-No, seguro, pero en última instancia a la voz de mando respondían todos, porque el que no respondía
interrogatorio, y que y como y que contactos tiene, porque los que actuaban así y no quisieron participar en la viaba, terminaron presos todos. Muchos militares terminaron presos, sobre todo los compañeros del General Seregni.
-Hay un momento que ustedes narran una imagen cinematográfica: cuando aparece un oficial totalmente borracho y les dice, celda por celda, sobrevivan
-Pero dice algo más: le pregunta al Pepe ¿cuándo salga en libertad que piensa hacer?, pregunta que nos alucinó, porque si había alguien que nos hacía esa pregunta es porque seguramente en el fin de semana, estábamos en la playa, pero después notamos que estaba en pedo. Después le pregunto al Ñato, ¿usted que va a hacer? Y después a mí y la respuesta mía fue, escribir un libro. Y cuando se fue le dijo a la guardia para que tomara nota: "el más peligroso es el del libro".
-Otro momento es cuando se enteran de la guerra de Malvinas.
-Nos asocia todo. Tenemos desaparecidos en Argentina, hay desaparecidos en Uruguay, de los comienzos de la organización. En las primeras incursiones de resistencia acá, como en Taco Ralo, había uruguayos. Desaparecidos aquí y allá, niños que se buscan aquí y allá; las madres y las abuelas. El motor de una identidad que se afirma como una identidad rioplatense. En esta cuestión de las Islas Malvinas recordamos en un lugar que estuvimos, donde nos habían hecho unos calabozos nuevos que no implicaban una mejora, sino que eran mucho peor, porque ni bien los terminaron nos metieron adentro y como estaba hermético, toda la humedad del revoque y los ladrillos terminó con nuestro fueye. Y no lejos de ahí había niños que estaba jugando a la pelota y empezaron a hablar de los de las Islas Malvinas y después la guardia comentó. Recuerdo un diálogo de botijas: "hay una guerra en las Islas Malvinas" -"quiénes los Tupamaros".
-¿Cuándo creen que quedan en libertad?
-Hasta el último minuto nosotros pensábamos que nos sacaban del país. Nosotros no salimos por la amnistía, salimos de acuerdo a una Ley especial que establecía que de acuerdo a las condiciones de reclusión cada día se computaba por tres y después de la Justicia Militar pasamos a la Justicia Civil. Vimos como se fue toda la gente y quedamos los últimos mohicanos, que llegamos a la cárcel central, éramos unos pocos, nos negamos a entrar a la celda, no sabíamos si nos iban a mandar para el extranjero pero ya teníamos noticias de que ahí nos quedábamos. Queríamos quedarnos juntos para reorganizar el Movimiento y por razones de seguridad, porque la dictadura había sido desplazada no destruida, seguían los mismos Generales, los mismos oficiales y las mismas armas. Además sentimos dos cosas que recuerdo: una cuando nos trasladan del Penal de Libertad a la Cárcel Central en un ómnibus donde no nos esposan, es el primer viaje sin esposas, nos piden que bajemos la pantalla de la ventana, las dejamos abiertas y entonces me encontré en la calle con niños. Hacía muchos años que no veía niños, no se puede vivir en un mundo sin niños.
Después, cuando estábamos en la Cárcel Central nadie paraba de hablar, hasta que de pronto alguien pedía silencio y era para que escucháramos la vibración en el muro de una multitud afuera que gritaba: "Tupa, hermano, aquí los esperamos".
-¿Hasta donde puede llegar la maldad y hasta donde la resistencia del hombre?
-La historia muestra extremos de los dos lados y es como los cien metros llanos: nadie pensaba que se podían correr en menos de diez segundos y en cualquier momento te baja de los nueve. Y en materia de maldad queda aún mucho por escribir. Y en materia de resistencia ni que hablar.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires en noviembre de 2008.
Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido de Cuentomilibro.com siempre y cuando se cite la fuente.
Pastor dice:
03/01/2009 - 11:51 PM
|
Que gran lección la de este militante para los políticos cínicos de la Argentina, historia dura, triste, tremenda de años de calabozo y dice que el gran mérito del libro "lo tienen las compañeras que desgrabaron". Cuanto tienen que aprender todos los ex monto y de organizaciones guerrilleras que terminaron menemistas y kirchneristas, negociando la muerte y desaparicion de los compañeros por un carguito en el Estado. Compañero Rosencof sos un ejemplo!! Hasta la victoria!!
|
rOSANNA dice:
26/01/2009 - 08:08 PM
|
Si tuvieran la amabilidad de hacerme llegar una carta que Fernandez Huidobro escribió para el BEBE.La leí hace unos 4 o 5 años en Montevideo y no puedo conseguirla.Agradecida y hasta la victoria siempre.
|
Vasco dice:
02/02/2009 - 08:07 PM
|
Otro motivo más para sentirme orgulloso de mi país y mi gente.Ese sentimiento se hace más grande cuando la vida nos llevó a realizarnos en otro lado, aunque en mi caso tuve la oportunidad de estar siempre en contacto con mi Uruguay.
Gracias compañeros .
|