Hugo Ropero
Maldita Droga. Una historia del Paco
Editorial: NORMA
Publicación:
ISBN: 987-545-556-3
Hugo Ropero tenía una vida "normal". Era hijo de una buena familia de Belgrano, tenía un matrimonio estable y un empleo envidiable: era editor fotográfico de la Revista Noticias. Pero de a poco todo lo que había construido, la estructura que lo contenía, se derrumbó. Ya lo había alcanzado el sinsentido de la vida cuando algo brutal e inesperado lo terminó de hundir: el asesinato de su amigo y colega Jsé Luis Cabezas.
El autor:
Hugo Ropero nació en Buenos Aires en 1957. Comenzó su carrera como fotógrafo trabajando como encargado de prensa de numerosas bandas de rock y fue realizador de tapas discográficas para la compañía Music Hall. En 1982, ingresó en Perfil, donde tenía a su cargo las coberturas periodísticas en la calle como la coordinación de las principales producciones de estudio.
En 1988, pasó a ser editor general de fotografía de la Revista Noticias, cargo que abandonó en 1997 para llevar adelante un proyecto que rompía con las convenciones estéticas de la gráfica de entonces: El Planeta Urbano. Fue, además, colaborador de medios internacionales como Revista Acción Deportiva (Miami), Caras (Brasil) y Hola (España), entre otros.
Actualmente trabaja como fotógrafo free-lance y desarrolla proyectos ligados a la narrativa periodística.
Entrevista completa a Hugo Ropero
-¿Cómo nació la idea de escribir este libro?
Cuento un pasaje muy dramático de mi vida en este libro que se llama Maldita Droga, en el cual relato una serie de situaciones de un desfasaje de mi vida, de un quiebre que tuve y caí en una dependencia, de la cual yo pensaba que nunca me iba a pasar, me sorprendió, me pareció sorprendente que a mi me pase una cosa así y decidí volcarlo al papel y ahí nació Maldita Droga.
En realidad lo empiezo a escribir cuando conozco a una serie de chicas, el libro cuenta la historia que yo conozco a una serie de pibas de clase media drogonas y venía, una de ellas, la primera que conozco, con unas amigas a mi casa, fumaban esto que es pasta base y me empezó a llamar la atención. Las acompañé varias veces en las rondas, y en ese momento me dio curiosidad el tema y empecé a escribir la primera parte, la parte en la que yo cuento lo de Ely, que es la primera chica que conozco. El tema es que después pasó el tiempo, yo me empecé a enroscar con estas chicas, hay una que me gustaba, empecé a boludear y probé lo que yo digo el veneno de la destilería de Satán, que no lo digo yo, lo dice Rimbaud en un libro para referirse a la heroína. Empecé a fumar eso con ella, después esperaba que venga ella para fumar, después me encontré con que yo salí a comprar y después terminé en que no podía parar de fumar eso y empecé a perder todos los parámetros sociales de mi vida, en un momento en un ataque de cordura, logre sacar mi voluntad a flote y ahí me di cuenta que tenía que salir de esto y cuando logré salir ya me parecía que la historia era superior, que había crecido en intensidad, ahora había pasado yo a ser el protagonista y me pareció bueno contarlo desde el punto de vista personal por el hecho catarquico de sacarme toda esta experiencia de encima y me pareció bueno porque me parece que le puede ser útil a mucha gente. Yo no soy un hombre de letras, soy un hombre de la imagen, entonces puse un aviso, puedo escribir muy bien una situación porque soy observador y bueno apareció una estudiante de Letras que me ayudó mucho en la parte literaria, en la construcción del personaje para llevarlo por el camino literario. Sabía lo que quería contar y tenía todas las historias armadas pero ella, Florencia Spinelli, le terminó de dar el cuerpo literario y es la que hace el prólogo que me parece genial porque aparte es cortito.
-Creo que este es el primer libro que se publica sobre el Paco y por eso ya tiene un valor a destacar, pero también hay un ritmo que hace que la dureza de la historia sea más sencilla de leer y hasta de soportar. ¿Cómo se logró ese ritmo?
-Ya te digo, tuvo mucho que ver la influencia de Florencia en como armamos el libro, pero de todos modos, me parece que lo que yo quería contar que es este drama personal no podía ahondar en vueltas y en firuletes, sino que había que ir directo al desgarro, a lo que me pasaba, a esta cosa que me parecía que me laceraban la piel con esta droga y eso era lo que quería transmitir, que el tipo que se siente a leer el libro sienta esa crudeza y no este cayendo en lagunas de tranquilidad y en partes literarias
sino que es palo, palo y palo que es lo que me pasó y quiero que te des cuenta como es esto.
-En la historia hay un quiebre que es cuando el narrado, protagonista y autor decide consumir por primera vez, ¿cómo es ese momento en el libro?
-Eso es lo que dispara el libro en sí, cuando pasó a ser yo el protagonista. Es un quiebre literario y es un quiebre en lo personal, es decir yo vengo relatando lo que vengo viendo con estas chicas y con esta movida desde afuera, cuando entro en este mundo, el quiebre no sólo es literario sino que es en lo personal y el relato cambia totalmente: yo empiezo a pasar ya a ser un perseguido, del tipo curioso que cuenta lo que le pasa a estas chicas paso a ser una víctima, que está perseguido, que empiezo a poner espejos por todos lados, yo que miraba como la piba cuando fumaba caminaba con un cuchillo pensando que la venían a atacar, ahora me encontraba con que yo ponía espejos, estaba mirando por la cerradura, cerraba todas las ventanas, me perseguía. Soy absolutamente otra persona pero es tanto en el relato como en lo que me pasó a mí en lo personal.
-Algo que entrega el libro son las imágenes de una suerte de ciudad oculta de los consumidores y los transas. ¿Cómo es esa ciudad que conociste, primero como observador y después como víctima?
-Realmente es otra ciudad la que se mueve de noche, pero no es tan oculta, esto es lo fantástico. Cuando yo empecé a salir y ver lo que pasaba, no me pareció oculto, el tema es que a esa hora las personas normales dormimos, a las cuatro de la mañana las personas normales están en su casa, durmiendo o viniendo de una fiesta y se meten en su casa con el miedo a la inseguridad y a que los roben. Pero si salís a caminar por esas calles oscuras de Once o de Constitución, ojo tenés que ir con custodia porque son calles muy peligrosas, es otro mundo, es otra ciudad la que circula de noche. Esto es lo que muchas veces critico, como es que no se ve esto, en los policiales y todo esto, si lo veía yo que era un tipo común, entre comillas, que estaba asomándome a ese mundo, saliendo a las tres de la mañana, caminando por Once y veía a todos estos fantamas que, como les dicen a los consumidores de Paco, son los muertos vivos, que van caminando o están sentados en la puerta de una pensión, o en los umbrales de los locales cerrados contra la persiana, tres o cuatro tirados así todos llenos de ceniza o de pucho. Es una ciudad que no está tan oculta, está oculta para el tipo normal que a esa hora está durmiendo, pero si te la ponés a mirar
.el otro día salimos a hacer unas entrevistas, que ellos querían que yo haga una recorrida y sigue estando eso en la calle, había razzias policiales porque ahora hubo un caso de un chico que en una farmacia tomó rehenes y esto provocó que la Policía se mueva un poco más, pero aún habiendo razzias sobre Rivadavia que vimos un montón de procedimientos, por las calles aledañas, Alsina, se veían a los tipos sentados en los umbrales, algunos con botellas de cerveza, me acuerdo que le pedi fuego a uno y me di cuenta que al encendedor le faltaba la chapa de protección que es tipo del paquero, porque el paquero necesita la llama larga, porque fuma con el encendedor para abajo, eran tipos que no estaban fumando en el momento que yo les pedí fuego pero eran tipos del palo. No es una ciudad oculta, es la ciudad que nosotros no vemos a la hora de dormir.
-Decía oculta en el sentido de lo que sabe la sociedad.
-Sí, pero si querés verlo no está tan oculta.
-Otra de las cosas que me impactó del libro son los nombres que ellos mismos se dan: los "fisura". Tiene una carga muy fuerte.
-Los fisura, también se les dice los barrilete. Entre ellos todos los que fuman son fisuras, es más, normalmente el tipo que no es de ese palo, ponele los que compran cocaína, porque los mismos vendedores de Paco también venden cocaína, ellos los llaman el alto y el bajo, otros dicen camisas y pantalones. Por ejemplo, hay muchos que tienen delivery y les pedís "che mandame dos pantalones", que son dos bolsitas de bajo, de base, cuando son camisas, son bolsitas de cocaína. Y los que consumen alto a los que consumen bajo, es decir los que consumen cocaína a los que fuman Paco, les dicen los fisura. Otro término que usan mucho es "el barrilete", porque justamente están toda noche buscando de donde sacar, donde comprar, donde procurar guita, están barrileteando.
-¿Qué diferencia el Paco de otras drogas?
-Sustancialmente la cosa adictiva que tiene. A mi me sorprendió esto de quedar zarpado, he consumido otro tipo de drogas socialmente, alguna vez me he enganchado un poco más con el tema de la cocaína pero esto no lo podía parar, tenía ganas de volver a fumar, una persona que consume cocaína llega un momento que no quiere tomar más, es decir te tomas un par de pases y decís bueno listo ya fue para mí, normalmente lo acompañas con alcohol, etcétera. Esto no, esto fumás, quedás después de esa sensación que te da como orgásmica entre comillas, esa sensación que dura tres o cuatro minutos quedás como si hubieses tomado cocaína, tembloroso y ansioso y ya estás pensando donde hay más.
-El libro también derriba mitos y el principal es que el Paco es la droga de los más pobres, la droga de los marginales y esto no parece ser así.
-La droga está en la clase media como en todos los sectores sociales. El otro día un periodista me decía que era la droga de los marginales, y no. La estructura humana es igual, tengas dinero o no tengas dinero y podés hacer cosas marginales. La cosa marginal está en todos los estratos sociales, el Paco es una droga que, como todas las drogas, quiere ganar mercados y gana mercados entrando y captando gente de otros estratos sociales. Yo no soy el único tipo que he consumido esto, he conocido muchos tipos, ahí cuento de uno de Once que venía a buscar a las chicas y que compraba de cien dólares. Que esto es una droga barata es un mito, no es una droga para pobres, el tema es que como sale de las villas, en las villas se arman unos papelitos que son de una dosis, que de ahí viene el nombre de Paco, eso era lo que lo llamaban los paquitos, porque en realidad el consumidor no lo llama Paco, para el consumidor es Pasta Base. Es más, el primer título del libro, después con la Editorial lo hemos cambiado, era La Base.
Esos papelitos valen un peso, un tipo que consume Paco, estos pibes que consumen en la calles (por ahí yo era un poco más medido) consumen doscientas dosis por día, doscientas veces prenden la pipa, cada una de esas es un peso, hacé la cuenta de la plata que necesita ese pibe en un mes para solventar su vicio. Tienen que salir a robar, en general son pibes que son de bajos recursos, hay tipos como el tendero de Once ese o yo que teníamos recursos y no teníamos necesidad de salir a robar, fumábamos adentro de una casa, no se nos ve en una Plaza fumando, es muy difícil que un tipo como yo salga a dar la cara y diga yo fume pasta base pero hay muchos que fuman pasta base. Conozco matrimonios de gente grande, que el viernes a la noche se encierran a fumar pasta base y hasta el domingo no los llames.
-¿Qué hace la sociedad con ellos?
-Los rechaza absolutamente. Es más, dando la cara así me arriesgo a ir caminando por la calle y digan ese fumaba pasta base, que estoy seguro que hay muchísimos boludos que van a decir eso, lo cual es cierto, yo fumaba pasta base, pero la sociedad lo rechaza y justamente por eso es una droga que si no tenés recursos la tenés que fumar en la calle como la fuman los pibes de la villa, pero los que tienen recursos lo hacen en privado y no en forma social, no es que vas a una fiesta y vas a encontrar gente fumando pasta base. Normalmente se hace en círculos muy cerrados por esto que es muy rechazada socialmente, porque está vista como una droga de indigentes, de pobres, de lo peor de la sociedad.
-En un fragmento del libro decís: "la verdadera víctima es el adicto".
-Claro, la sociedad, la familia o la gente, trata el tema como si fuera propio. Es decir, vos sos mi hijo y fumás droga, el problema es mío. No es mío el problema, el problema es tuyo, al que tengo que ayudarte es a vos, no a mí. Entonces la sociedad carga el problema como es de ellos y no entiende que el problema verdadero lo tiene el tipo que está consumiendo y no puede salir de eso, que está perdido y que lo que tenés que tratar de trabajar es la voluntad de esa persona para que trate de darse cuenta que no tiene que hacer eso. Tampoco estoy de acuerdo con encerrar a un tipo en forma forzada porque salís de ahí y a la primera media hora te vas a buscar otra bolsa. Si no trabajás en la voluntad del individuo, con cualquier tipo de adicciones porque la conducta adictiva del ser humano es innata del ser humano, hay quién la tiene y quién no la tiene. Hay cócteles que no se mezclan solos, vos podés tomar esto, pero la conducta adictiva es fundamental para que vos caigas en cualquiera de estas trampas.
-Escribiste, "mis días se convirtieron en unas larga y oscura noche". ¿Aquel que lea el libro verá esperanza?
-Sí, mi vida se convirtió en una larga y oscura noche, literal, primero porque de noche estaba todo ese mundo y segundo, porque de día, estaba encerrado con todas las persianas bajas, era como que vivía continuamente de noche. Escribir el libro es como que me alivió, que me saqué de encima
..leo el libro y no puedo creer que haya hecho esas cosas. Pienso en la droga y me dan arcadas, y me acuerdo y me vienen flashes, porque están las cosas que conté y las que no conté y a veces cuando recuerdo digo como pude haber caído tan bajo: esto fue un disparador del libro. Esta sorpresa que me causó a mi haber caído en esto.
-Utilizas en el título la palabra Maldita, y vos contás en las primeras páginas el origen de tu situación trabajando en Noticias que deparó la idea de la Maldita policía también
-Claro, bueno, es una muletilla de alguna forma tratar de maldito a algo. También en la época de Maradona surgió la frase, había unos carteles en la calle, Maldita cocaína. El tema de maldita droga surge en cuanto al derrotero mío no es solamente a raíz del Paco, sino que yo cuento que ya vengo caminando por algunos bordes, para mi maldita droga no es sólo maldito Paco sino que es maldita droga, todas en general.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires, julio de 2009.
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