Félix Bruzzone
Los topos
Editorial: Mondadori
Publicación:
ISBN: 9789876580007
Los topos arranca como una novela realista: un hijo de desaparecidos criado por sus abuelos arma su historia personal con palabras sueltas que escucha escondido. Una novia embarazada, un aborto, la extrañeza frente a la militancia en HIJOS. Pero a las pocas páginas, el personaje comienza a vivir una transformación pasional. La prosa estrepitosa de Félix Brazzone logra volverse cristalina, su pluma se borra y entramos al universo del sueño y del delirio. Nuestro personaje se enamora de un travesti con prontuario de matapolicías. Ocupa la casa de su infancia -abandonada- y empieza a refaccionarla sin saber de quién es. Luego, la calle, los trabajos de albañilería y un viaje en el que sólo encontrará cosas distintas a las que esperaba. Con ritmo de relato oral, sueños reveladores, equívocos, destinos cruzados de novela rosa y de policial negro, Los topos centra la mirada en el problema de los desaparecidos y lo lleva hasta los lugares menos pensados.
El autor:
Félix Bruzzone nació en 1976 en la ciudad de Buenos Aires. Estudió Letras y es maestro primario. Participó en diversas antologías, entre ellas Uno a uno, Buenos Aires/Escala 1:1 y En celo. Publicó 76, un libro de cuentos, y es coeditor del sello independiente Editorial Tamarisco (www.hojasdetamarisco.blogspot.com). Los topos es su primera novela.
-En primer lugar, te pido es que nos cuentes tu decisión de cómo estructuraste el libro que esta dividido en dos mitades que tienen la misma extensión.
-La estructura del libro tiene que ver con una cuestión geográfica, dado que la primera parte transcurre en Capital y alrededores y la segunda en Bariloche, es lo único que estructuraría la representación de lo geográfico, que por otro lado tiene algún sentido por todos los recorridos que va haciendo el personaje. El personaje no está quieto, sino que se mueve y el movimiento más importante que realiza es su traslado a Bariloche, donde podría decirse que la novela se da vuelta, es decir pasa a ser otra novela a pesar que se mantiene el mismo narrador, el mismo tono y demás, está pensada un poco por eso la estructura en dos capítulos.
En lo que hace a la estructura dramática, por llamarla de alguna manera, tiene que ver con los vaivenes emocionales y todo aquello que el personaje va buscando y va encontrando y como se fue armando este itinerario. La trama es una especie de trama policial o de enigma pero muy débil porque está sujeta a estos vaivenes justamente emocionales que tiene el personaje.
-Son dos partes diferentes pero donde se preserva la primera persona y donde está el movimiento pero también el concepto de destino aparece muy fuertemente.
-Yo en esa época estaba mirando compulsivamente Lost. Entonces, estaba esa idea de destino permanentemente dando vueltas porque en Lost hay personajes que están del lado de donde todo está predestinado y personajes que no, y de alguna forma eso entró en la novela. El personaje tiene una marca originaria que es la orfandad, con características políticas porque es una orfandad producto del terrorismo de Estado porque es hijo de desaparecidos y en cierta forma hay ciertos recorridos que está predestinado, que tiene que hacer por la historia que tiene; pero también está la cuestión de la errancia y hasta dónde esa predestinación no se puede burlar o hasta dónde se puede alterar. Nunca antes me lo habían preguntado pero es un poco el tema de la novela: cómo alguien con una marca tan fuerte -no sólo por este origen de orfandad política sino por la cuestión de los discursos que a lo largo de su formación va completando su conciencia; había como una predestinación en eso y en la novela es como que se altera.
-¿Creés que en tu texto hay una ruptura en cómo se había tratado tanto en la ficción como en la no ficción el tema de los desaparecidos y el Terrorismo de Estado?
-Siempre pensé que era productivo narrar desde un personaje que fuera posterior a la llamada generación perdida justamente por esto que te comentaba antes del destino. En cierta forma, los que pertenecen a mi generación -y más si somos hijos de desaparecidos- tenemos esta cuestión de repetir un discurso que pareciera ya cristalizado que es el de los derechos humanos y la búsqueda de verdad y justicia y demás, lo cual es así. Sin embargo, hay una serie de características que tienen que ver con la formación precisamente de esta generación por fuera de estos discursos y que tiene que ver con la formación de nuestra generación en la realidad, que es la realidad de los noventa mayoritariamente, que choca con esto, entonces. Y además tiene que ver con cuestiones que mi generación no puede resolver desde el discurso porque son pre discursivas: cuando mis padres desaparecen yo ni hablaba.
-Además creo que es un texto que le da voz a esa generación y en esto creo que el libro se puede pensar también teniendo en mente a la película de Carri, Los Rubios.
-Sí, puede ser, lo que pasa es que a la vez hay muchos hijos, muchas posibles miradas, por eso me parece enriquecedora la mirada de un hijo porque se escapa de algo que se viene cristalizando desde hace muchos años, desde la vuelta de la democracia. Sí, evidentemente Los Rubios es una película que encara el problema desde una perspectiva completamente nueva y obviamente Los Topos no está ajena a esa mirada y a partir de Los Rubios hay que pensar en cómo hablar de eso de otra manera porque ya está Los Rubios ahí.
Me parece que es como un ícono importante, independientemente que uno puede compartir o no cosas que lee de Los Rubios pero es un ícono que más que nada sirve porque tiene la condición de abrir el panorama y decir bueno no, hay muchas posibilidades. Hay muchos hijos posibles no sólo el que reproduce la lucha política que también es un tipo de hijo.
-El protagonista tiene dos vidas (o en realidad muchas vidas) pero básicamente la que él narra y la que sueña...
-Esto tiene que ver con que para mi es una novela de dos caras: por un lado la del sueño felíz y la otra, la de la pesadilla, que es una pesadilla previa que tiene que ver con su origen, que tiene que ver con sus padres desaparecidos pero que también es una pesadilla que en alguna forma retorna. Sobre el final de la novela se hace más patente pero es algo que está retornando constantemente. Sí, se podría pensar como una novela que de un lado es un sueño felíz y del otro una pesadilla.
-La otra idea de la novela que me gustaría rescatar es la de mutación.
-Tiene que ver con cuestiones de la identidad. Cuando la escribía no lo pensaba de este modo, no pensaba que estaba escribiendo esta identidad mutante por llamarlo de alguna forma, pero efectivamente pasó eso. Me interesa trabajar en cualquier texto la cuestión biográfica. Efectivamente, en una época de mi vida, como pasa en la novela, para ir a lo de mi novia pasaba por la zona roja donde están las chicas travestis y de alguna forma -independientemente que después lo usé para la novela y que la historia del personaje se desarrolló por carriles completamente diferentes a lo que fue mi propia experiencia con las chicas travestis, que de hecho nunca estuve con ninguna- esa fascinación con lo travesti en ese momento de mi vida de alguna forma se rearticula en esta historia de Los Topos. Esa fascinación tenía que ver con un problema mío de identidad y que después en la novela se articula en la formación de la identidad del personaje.
-Advertí que tomás para la novela textos de la televisión y en particular de Crónica TV. ¿Cómo es esa incorporación de textos de los medios a la ficción?
-En Los Topos hay bastante de eso, como decís. Hay un párrafo con referencias a títulos de noticias policiales, hay otro donde se resume en clave comic buena parte de los problemas de la novela, donde están un Batman y dos Robin por atrapar a mafiosos cubanos. El tema de las travestis que a fines de los noventa era un tema candente, de cómo pueden estar en la calle, está, ese momento de la historia del travestismo y de la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires, pero también está el estereotipo, que a partir de ahí se fue conformando, sobre qué es un travesti. En la novela no hay un trabajo serio sobre el travestismo, se lo toma en función de ese estereotipo más que nada, se está tomando algo que viene de lo bajo, de lo popular, de los medios en definitiva...
-Y lo hacés como parodia.
-Sí, me parece que cuando se incorporan esos titulares y demás se está como trabajando sobre ese estereotipo del travestimo y de la noticia sobre el travestismo y de las representaciones más básicas que hay sobre eso. Se manifiesta la no profundidad de muchos discursos.
-Estuve leyendo varias reseñas que hicieron sobre Los Topos y algunos hablan de quiebre generacional, ¿como te llevás con esa calificación?
-Creo que es algo que se viene dando y no sólo en mi generación. Por ejemplo, para escribir Los Topos un libro de cabecera que tuve como referente fue El Terrorista de Daniel Guebel. Ese libro lo leí hace como ocho años... pero creo que en la literatura y en el arte en general se viene trabajando sobre la posibilidad de ver todos estos problemas de la dictadura, la posdictadura, la democracia y qué tipo de democracia, desde otros lugares. Creo que es un quiebre que se viene dando, no encuentro que haya un hito. Un hito me pareció Los Rubios por el hecho de venir de alguien que también es hijo de desaparecidos pero, sacando esa condición, era algo que se venía trabajando y quizás Los Rubios viene a cristalizarlo de una forma más evidente.
-Otro tema que aparece en la novela es algo que alguien ha planteado y es el cruce entre autobiografía y novela y entre historia y ficción. ¿Lo ves así?
-Y no sé...a mi me interesa trabajar lo autobiográfico, me parece un material muy interesante. Carlos Gamerro dice que en Argentina es prácticamente imposible separar vida pública y vida privada porque uno está bien con su familia y tiene un buen pasar y de golpe viene un corralito -algo totalmente externo- y detona en que la familia se disgregue y se produzcan las peleas necesarias para una separación; me parece que en el caso de estos personajes que son hijos de desaparecidos, como en todo lo que publiqué hasta ahora, es evidente el cruce de público y privado.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires en junio de 2009.
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Pancho dice:
01/07/2009 - 12:09 PM
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Lei esta novela y ahora la entrevista al autor, me resulta muy adecuado lo que esta diciendo este escritor tan joven y creo que es una leccion para los que vivimos en la generacion de los setenta
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