Soy Juan Pablo Bertazza y cuento mi libro, Los que no hablan.
- El libro está dividido en tres partes unidas entre sí por la temática de "los que no hablan". ¿Cuál fue el criterio de selección de los poemas de cada parte?
- El libro está dividido en tres partes. Un poco el criterio fue dividir el libro entre poemas de amor -que sería la primera parte-, que no son necesariamente poemas de amor, sino sobre el amor. La segunda parte, son poemas que tienen que ver con la pobreza y la marginalidad, y la última parte, con el acto de la creación de la poesía. Esas tres partes tienen en común el hecho de no hablar o, por lo menos, la incapacidad del lenguaje para decir ciertas cosas.
- Formalmente, los poemas tienen diferentes características: algunos son más breves, otros más largos. Pero hay características comunes entre todos, como el trabajo de experimentación con el espacio de la página y la ausencia de signos de puntuación, que obligan a cambiar la forma tradicional de lectura. ¿Cómo trabajaste los poemas? ¿Fueron juegos experimentales?
- Actualmente en la poesía ya está casi todo dicho, ya se escribió absolutamente todo y, de alguna manera, creo que lo más clásico es lo más vanguardista. No obstante, bajo la influencia de algunos autores de la literatura francesa, como Mallarmé, traté de jugar un poco con la página en blanco, con los silencios, porque la página en blanco vendría a ser algo así como el silencio en el habla, por eso también los que no hablan. Creo que no estoy buscando nada experimental, simplemente quise contar lo que quería de esta manera, aprovechando los espacios en blanco.
- En los poemas, se pueden encontrar, al interior del lenguaje, trabajos de des-referencialización de las palabras, como un intento de reenviar el significante hacia otra cosa más distante y tal vez más cercana. ¿Cómo explicarías este juego que podemos llamar "disléxico"?
-En la poesía moderna, además de hablar de la fealdad, se empieza a hablar de lo inefable o, por lo menos, de la imposibilidad de decir todo con la palabra. A partir de esa premisa, la idea fue jugar con los múltiples significados de cada palabra que, por otro lado, es algo muy característico de la poesía. De hecho, hay un poema que se llama "Fluir de la inconciencia", y tiene que ver con cómo, aparentemente, esos devaneos del lenguaje nos terminan encerrando, en algún punto, porque es algo que no se puede controlar, que tiene que ver con la modernidad, con el psicoanálisis, con el inconciente, con esta incapacidad de poder decirlo todo con palabras.
- El poema "Jardín de infantes" termina: la infancia/ se pierde y se gana/ hablando. Y estos versos nos remiten al epígrafe de Agamben, donde afirma "que el hombre no sea desde siempre hablante, que haya sido y sea todavía in-fante, eso es la experiencia". ¿Podría pensarse que en la experiencia poética hay un intento por regresar a la in-fancia, a ese estadio pre-lingüístico, anterior a la lengua fijada?
- Uno de los disparadores del libro -y que se relaciona con el título Los que no hablan- tiene que ver con algo que me enteré. La palabra infancia, etimológicamente, quiere decir "los que no hablan" y todas las palabras que tienen que ver con infancia, como por ejemplo infantería, también apuntan a eso; a los que no pueden manejar el lenguaje. Por ejemplo, los soldados de infantería son los que solamente pueden atacar y no pueden desobedecer ninguna orden, ni poner ninguna objeción. A partir de eso, surgió el epígrafe de Agamben, como bien decías, que dice algo así como que el hecho de que el hombre no sea desde siempre hablante, que haya sido y sea todavía infante -es decir, que no hable- esa es la verdadera experiencia. Yo creo que la gran paradoja de la infancia es que lo que uno vive en la niñez, te marca para toda la vida, pero a su vez hay una incapacidad para elaborar esas vivencias con el lenguaje, en ese momento. A uno le pasan un montón de cosas cuando es chico, pero no maneja el lenguaje de tal manera como para poder elaborar esa experiencia. Entonces, la paradoja es que recién en la adultez, es cuando uno puede elaborar, con el lenguaje, esas experiencias que están dadas sin lenguaje. Y, por otro lado, es necesario que esas experiencias ocurran sin el lenguaje, ya que también está relacionado con la oposición entre logos y lo irracional; es decir, lo irracional sucede cuando no hay un manejo del lenguaje, no sólo en la infancia, sino también en la adultez. Hay un montón de oportunidades en las cuales no tiene sentido hablar, por ejemplo en el amor; hay veces donde es preferible callar.
- El libro abre con el poema "Todas las cosas" y cierra con el poema "Nada queda". Y, por otro lado, si rastreamos en los poemas, hay una tematización del aprender a hablar o, mejor dicho, del aprender a callar. ¿Nada queda después de la escritura?
- Efectivamente, hay un arco, una gama, que recorre el libro desde la primera parte hasta la última. Y ese arco es inverso, porque empieza con la adultez y finaliza con la infancia; o sea, sería lo contrario de la vida, algo así como Benjamin Button. Precisamente, la idea era ir desde al amor hasta la creación poética, desde la adultez hacia la infancia. Eso viene de un idea inspirada por Daniel Chirom, al cual le dedico uno de los poemas del libro. Daniel Chirom es un poeta que falleció hace un año, director de la revista El Jabalí; una persona a la que conocí y me impresionó mucho su generosidad y también su talento poético, y él tenía una frase que repetía: "después de la muerte, viene el nacimiento". Entonces, a partir de eso, uno podría pensar que ese arco que va desde la palabra hasta el silencio, no es necesariamente silencio, sino una posibilidad de abrir, de abrir un horizonte hacia un nuevo lenguaje. De hecho, el silencio a veces es mucho más expresivo que la palabra y puede dar lugar a un nuevo lenguaje: el estar callado.
- A lo largo de los poemas aparecen "los que no hablan" (los Otros, los marginales) pero, paradójicamente, hablan, como por ejemplo en "Miseria en escena". ¿Cómo podrías definir a los que no hablan y a los que sí hablan?
- Otro de los epígrafes del libro -creo que les di mucha importancia a los epígrafes- es de Mariano José de Larra y dice: "bienaventurados los que no hablan porque ellos se entienden". Y un poco la idea que recorre el libro, y está también en el poema "Miseria en escena" -que cuenta el encuentro entre un lingüista y un mendigo, quien se revela luego como un actor, y donde además el lingüista dice la frase "la literatura gauchesca no la escribió ningún gaucho"-, era jugar con la idea de que los que no tienen voz, en realidad, están captados por los que hablan. O sea, los que no tienen lenguaje, no sólo no tienen lenguaje, sino que son hablados por los otros. Por tanto, el silencio tendría dos sentidos: uno, el de los que no pueden hablar, están imposibilitados de hablar, y el otro, el de los que teniendo voz, prefieren callar para poder hacer un poco de justicia poética y justicia de la palabra, respetando ese silencio y ese lugar vacío de los que no hablan.
- La escritura, entonces, te confiere el poder de la palabra, porque estás en el lugar de los que sí pueden y eligen hablar. ¿Para qué usaste ese poder? ¿A qué le quisiste poner palabras?
- Yo creo que la poesía es un género, de alguna manera, bastante mudo, en el sentido de que no tiene mucho público lector. Obviamente, vende muchísimo menos que una novela, o inclusive que un cuento o una crónica o que el periodismo. Es un género bastante callado en ese sentido, pero que a su vez, y últimamente, a partir de la actividad de jóvenes en las lecturas y los recitales de poesía, está tratando de recuperar un lugar que tuvo en Argentina, en los años ?60, ?70. Entonces, me pareció interesante usar ese género, ese lugar callado de la poesía, para poder postular esta fuerza que puede tener el silencio y la incapacidad que a veces puede tener la verborragia.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en abril de 2010.
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