Hernán Brienza
Los buscadores del Santo Grial en la Argentina
Editorial: Sudamericana
Publicación:
ISBN: 9789500730716
Esta es la historia de una búsqueda. Perdón, no es la historia de una búsqueda. Es la historia de una persecución. Y, como sucede en el amor o en los viajes, el destino final es una excusa para recorrer el camino que nos lleva a él. Todo el mundo sabe que entre las hendijas de Buenos Aires hay otra Buenos Aires donde viven matemáticos jubilados, viejas bailarinas de cabaret, hermanos que no se dirigen la palabra, coleccionistas, entomólogos y parroquianos de los bares de la zona. A esos pasillos fue Brienza a preguntar. A esa clase de ángeles locos vio. Brienza camina con soltura la cornisa entre la literatura y el periodismo. Y en su décimo tercer libro busca el Santo Grial, en un tono que evoca las novelas de aventuras de Osvaldo Soriano o Jorge Fernández Díaz. Por favor, que a nadie se le ocurra preguntar por qué el Santo Grial no podría estar en la Argentina. Sería una de nuestras posesiones menos curiosas. Brienza busca la copa que contuvo la sangre de Jesús en la Última Cena entre nazis conjurados, sucuchos de anticuarios de la calle Defensa, extraviados de Capilla del Monte y monjes tibetanos que guían telepáticamente a uno de sus testigos hasta el valle de Punilla. Como la vida es una cadena causal "pregúntenle, si no, a Santo Tomás de Aquino" los ovillos de Brienza están llenos de puntas que se confunden en nudos y más puntas. Hasta que se aburre de su rol de dandy divertido detrás de una leyenda, y advierte: "Hubo un punto de inflexión en esta historia en el que nada fue igual que antes. Todo comenzó a dejar de ser sólo un juego. ¿Y, si en realidad, estoy buscando verdaderamente el Santo Grial?". No me diga que no quiere saber si lo encontró (del prólogo de Jorge Lanata).
Título: Los buscadores del Santo Grial en la Argentina
Autor: Hernán Brienza
Sección: Investigación periodística
Editorial: Sudamericana
ISBN: 978-950-07-3071-6
Cantidad de Páginas: 213
Sinopsis:
Esta es la historia de una búsqueda. Perdón, no es la historia de una búsqueda. Es la historia de una persecución. Y, como sucede en el amor o en los viajes, el destino final es una excusa para recorrer el camino que nos lleva a él. Todo el mundo sabe que entre las hendijas de Buenos Aires hay otra Buenos Aires donde viven matemáticos jubilados, viejas bailarinas de cabaret, hermanos que no se dirigen la palabra, coleccionistas, entomólogos y parroquianos de los bares de la zona. A esos pasillos fue Brienza a preguntar. A esa clase de ángeles locos vio. Brienza camina con soltura la cornisa entre la literatura y el periodismo. Y en su décimo tercer libro busca el Santo Grial, en un tono que evoca las novelas de aventuras de Osvaldo Soriano o Jorge Fernández Díaz. Por favor, que a nadie se le ocurra preguntar por qué el Santo Grial no podría estar en la Argentina. Sería una de nuestras posesiones menos curiosas. Brienza busca la copa que contuvo la sangre de Jesús en la Última Cena entre nazis conjurados, sucuchos de anticuarios de la calle Defensa, extraviados de Capilla del Monte y monjes tibetanos que guían telepáticamente a uno de sus testigos hasta el valle de Punilla. Como la vida es una cadena causal "pregúntenle, si no, a Santo Tomás de Aquino" los ovillos de Brienza están llenos de puntas que se confunden en nudos y más puntas. Hasta que se aburre de su rol de dandy divertido detrás de una leyenda, y advierte: "Hubo un punto de inflexión en esta historia en el que nada fue igual que antes. Todo comenzó a dejar de ser sólo un juego. ¿Y, si en realidad, estoy buscando verdaderamente el Santo Grial?". No me diga que no quiere saber si lo encontró (del prólogo de Jorge Lanata).
El autor:
Hernán Brienza nació el 11 de febrero de 1971 en la ciudad de Buenos Aires. Es licenciado en Ciencia Política y periodista. Trabajó en policiales e internacionales del diario La Prensa, en la sección Argentina del diario Perfil, en los portales ElSitio.com y Uol.com.ar, fue redactor de política en la revista 3 puntos y de sociedad y cultura en TXT. Colaboró habitualmente en la revista cultural Ñ, en Le Monde Diplomatique, en la revista Caras y Caretas, y en el periódico quincenal Acción. Actualmente es subeditor de la sección culturas del diario Crítica de la Argentina, dirigido por Jorge Lanata, y acompaña a Jorge Halperín y Tom Lupo en el programa Tarde o temprano, que se emite por Radio Nacional, y en el que tiene una columna de historia y cultura. Además, es profesor de las cátedras Fuentes de Información y Práctica Periodística VI-Periodismo Literario en la Universidad de Palermo y de Política Nacional en TEA, Taller Escuela Agencia, donde también estudió periodismo a principios de la década del noventa. Es autor de los libros Maldito tú eres. El caso Von Wernich, Iglesia y represión ilegal, y El loco Dorrego. El último revolucionario. Escribió además las biografías de Alfredo Palacios, John William Cooke, Mario Santucho y Nahuel Moreno para la colección "Fundadores de la izquierda argentina", publicadas por Capital Intelectual, y de Ernesto Che Guevara, Camilo Torres, Emiliano Zapata y Farabundo Martí para la colección "Fundadores de la izquierda latinoamericana".
-¿Cómo es el recorrido de un autor que en sus últimos tres libros va desde Von Wernick pasa por el Loco Dorrego y ahora nos sorprende detrás de los buscadores del Santo Grial en Argentina?
-Uno de las principales dudas que tenía era como iba a hacer yo para cambiar de registro, porque lo que quería era cambiar de registro. Había escrito Von Wernick, había escrito Dorrego y quería saber si podía escribir un divertimento, para mí y para los lectores y salir a un tema que no está aprobado en los sectores serios de lectura. Un tipo que dice: "che, estoy escribiendo un libro sobre el Santo Grial" y la cara de los demás era de paso o levantaban las cejas como diciendo te dedicaste a currar, esa era la respuesta que yo tenía cuando decía que estaba escribiendo esto y eso para mi era un desafío y era un desafío para mi propio prejuicio: "che, no estaré currando con esto", "no será una pavada esto" y superar ese prejuicio hace que el libro tenga un tono zumbón y una cosa divertida que ni siquiera yo lo esperaba y me obligó a meterme a mi en un mundo de conocimientos y de metodologías seudocientíficas que, primero, me enriquecen a mi como escritor y también enriquece al tipo que lee.
-¿Esto empezó hace más de diez años atrás?
-Medio de casualidad...a mí me gusta mucho la literatura medieval caballeresca, entonces el mito obligado de la literatura medieval es el mito del Santo Grial, los mitos artúricos, la idea de la caballeresca, el tipo que va en busca de la perfección constante, ahí hay una visión, si se quiere, religiosa o mística, que no es lo mismo: la religión esta ligada a la institución pero en términos individuales tiene relación con la mística.
Entonces esa búsqueda literaria iba hacia una novela de búsqueda del Santo Grial en la Argentina. Quería hacer una especie de emulación de El Megafón y la guerra -el libro de Marechal- adaptada a los noventa y lo voy hablando con gente. En el medio yo estaba trabajando en una revista impacto en la cual me encargaba de hacerle entrevistas a brujas, tarotistas, también fue una época muy divertida y lo que hacía al final era preguntar que es lo que me va a pasar a mi en los próximos tiempos, obviamente nadie le pegaba y lo divertido era que no le pegaran. Un día me quedo charlando y una de las brujas me dice vos vas a escribir una novela y le respondo yo tengo una idea y le cuento esta idea del Santo Grial en la Argentina. La mina abrió los ojos así y me dice pero eso es verdad, el Santo Grial está en la Argentina, estás bien ubicado, era la que había sido durante todo los noventa la bruja de Menem, la tarotista a la que Carlos Menem consultaba. A partir de ahí dije la realidad supera a la ficción, dejé el proyecto en stand by durante mucho tiempo y siempre atento a que pasaba y un día googleando Santo Grial en la Argentina me aparece una chorreada de gente está sosteniendo que el Santo Grial está en la Argentina y que encima lo busca y ahí dije la novela queda chica, hay que ir a hacer una investigación que tenga que ver con el periodismo, esto fue a mitad de la primera década de este siglo con lo cual hubo un espacio entre el 97 / 98 y la actualidad. Me puse en contacto tibiamente con esta gente, hice alguna nota para algún medio pero nada más que eso, en un momento determinado despues de Dorrego digo tengo que contar esta historia, tengo que contar la historia de Santo Grial que me parece que es una crónica periodística muy divertida y lo que quise hacer -y creo que en algún punto está logrado- es aplicar todas las técnicas del periodismo serio a un tema que es incierto, es incierto porque primero hay que empezar a creer que el Santo Grial existe y después creer que el Santo Grial está en la Argentina. Sobre todo después del Código Da Vinci, el Santo Grial pasa a ser casi un objeto plebeyo.
-Explicanos que es el Santo Grial para aquellos que lo desconozcan.
-El Santo Grial en la versión de los buscadores del Santo Grial en la Argentina es la copa de Cristo, la copa de la última cena de Jesús, osea la copa es el momento en que Jesús dice "todos ustedes van a tomar de este vino que es mi sangre". Es el momento clave de la eucaristía cristiana, es el símbolo más importante del cristianismo, porque además es el símbolo de compartir la sangre y de entregar en una misión el cuerpo, entonces es creo el símbolo máximo después de la Cruz.
-Esto es: estamos ante un nuevo mito que se suma a la enorme cantidad de mitos vinculados a la argentinidad.
-Justamente de eso se trataba. La idea es jugar con esta humorada de que los argentinos somos tan grossos que tenemos la copa de Cristo. Tenemos los cuatro climas, el dulce de leche, la birome y la copa del Santo Grial.
-¿Quiénes son estos buscadores del Santo Grial en Argentina?
-Hay varios grupos. Hay gente que está radicada en Capilla del Monte y sostiene que Capilla del Monte es el centro desde el cual se van a abrir las puertas intraterrenales, es decir, nos vamos a comunicar con una ciudad que hay abajo de la tierra y que el elemento para abrir esas puertas intraterrenales es el Santo Grial y el bastón de mando de los Comechingones. Esa es una teoría.
La otra teoría dice que el Santo Grial está en la Patagonia. Está debajo de una meseta que debajo está cruzada por un montón de cavernas y cuevas y que abajo hay una célula templaria que está custodiando el Santo Grial, al mejor estilo de Indiana Jones y la última cruzada que es la tercer película. Dicen que ahí hay una celda que no se sabe si son seres terrenales, personas de carne y hueso, seres espirituales, no se sabe, pero aparentemente hay y este grupo, que es el grupo Delphos logró tener algún tipo de contacto con esa gente que está custodiando el Santo Grial.
-Y vos hablaste con los miembros del grupo Delphos.
-Sí hablé y lo que tienen es un discurso que parece racional, que en las primeras charlas mantienen toda una cuestión metodológica que parece interesante y en un momento dado empiezan a hablar de seres mitológicos, que en la meseta hay duendes, que hay salamandras, que hay demonios, que uno solamente tiene que enfrentarse sólo a ellos para verlos, entonces ahí es donde el esoterismo y el cualquierismo, es decir, todo se empieza a mezclar. Ahí es cuando para mi pierde sentido o pierden gracia los discursos sobre Santo Grial, porque ahí ya empieza a ver un desvarío metodológico que pierde el sentido íntimo del libro. Todo libro tiene una búsqueda propia, si me decís el de Von Wernick y esto lo digo despues de escribirlo y leerlo, yo lo que quise hacer con ese libro es tratar de descubrir por qué un tipo se convierte en un torturador, por qué un tipo se convierte en un hijo de puta, esa es la pregunta fundamental del libro. En el de Dorrego lo que quise mostrar es que hay dos tipos de nobleza, la nobleza del campo de batalla, la nobleza del tipo que se hace a sí mismo y la nobleza que le viene dada, la aristocracia. En el Santo Grial lo que hay es: por que un tipo busca algo que parece inexistente, cuál es el secreto de esa quimera. Por qué en algún momento todos abrazamos una quijotada, y esta es una quijotada casi gratuita, porque excepto para aquellos que tienen una concepción política del Santo Grial que lo que dicen es que vamos a buscar el Santo Grial para conseguir el poder e instaurar el nuevo orden en la Tierra.
-Los que parecen nazis.
Claro, los nazis, o los neonazis o los seudonazis o los fascistas. Además de estos, hay mucha gente que realmente cree que el Santo Grial le puede abrir las puertas de la felicidad, que los puede hacer mejor, que la búsqueda del Santo Grial los puede hacer perfectos y eso es un discurso quijotesco o bovariano.
-Hay cierta admiración en vos de esa quijotada, de hecho le dedicas el libro a los que abrazan una quimera y pensaba quimera en el sentido de una utopía.
-Claro, el secreto es ese, porque alguien sigue creyendo en las utopías. La década de los treinta es una década muy cínica y estamos viviendo tiempos cínicos, entonces yo parto de ese cinismo para decir porque hay gente que cree en esto que parece increíble. Ese es un poco el secreto del libro.
-Hablemos de la voz del narrador en primera persona por la que vos optaste. ¿Por qué esta elección? y, por otra parte, el libro tiene dos registros: por un lado la cocina de una investigación periodística y por otra lo historiográfico donde también hay cierta historia literaria o bibliográfica. ¿Cómo fue esta construcción?
-Yo lo que quise mostrar fue como se hace una investigación. Desnudar el miriñaque de una investigación periodística y entonces la hice en primera persona porque, primero, me permitía un diálogo con el lector, que a él le facilitara saber que pensaba yo en ese momento, que creía, que pensaba, que buscaba yo. Al mismo tiempo hay un montón de registros de cómo se busca la información, como se hacen las entrevistas, como hablan los tipos, que habitualmente no salen en los libros de investigación. Ese miriñaque me pareció que era interesante que el lector lo vea.
La primera persona humaniza mucho y además soy un defensor de la primera persona porque hay una cuestión que es básica: la primera persona honesta, para mí la tercera persona es el gran engaño del periodista. El periodista tiene una metodología de objetivación, en el cual te habla en tercera persona y te hace creer que el tipo no existe, lo que quise hacer es decir: en el periodismo el primero que existe es el tipo que está narrando, entonces les voy a decir al lector que este libro lo escribí yo. No hay vuelta.
-Hay también, cierto deseo de reirte de vos mismo o bien, de reirte con vos. En especial en los diálogos con Rocío que es esa suerte de cómplice que tenés para investigar.
-Sí, porque justamente el periodista está demasiado sacralizado, me parece que no vale la pena sacralizar al periodista, incluso a mí mismo y como este es un tema en el cual juego con mi propia creencia, con mi propia ilusión y con mi propia metodología y con mi propio agnosticismo, me parece que me daba permiso para burlarme de mi y burlarme de todos los periodistas como yo.
-Era lindo ponerle el cuerpo.
-Si, estaba bueno, era un divertimento. Probablemente si tuviera que hacer un libro sobre un tema un poco "mas serio", posiblemente estuviera más limitada esa primera persona pero en este caso me parecía que valía la pena desnudar la cocina del periodismo y sobre todo, lo que es interesante es ver como se relacionan las fuentes con el periodista. Que chanzas hacen, que negocian, que no negocian, este tipo de cosas me parecen que son interesantes y despues hay otro nivel de lenguaje que es el lenguaje más informativo, que también lo hago en primera persona pero que tiene que ver con las consultas bibliográficas. Eso es a propósito. Y es casi engorroso, a propósito, porque es para decir, vos crees que esto es una pavada pero mirá toda la gente que habló e hizo literatura sobre estas cosas, desde Leopoldo Lugones a Marechal, a Borges, a Italo Calvino, toda la literatura grialica, los escritores medievales, los interpretadores como René Guénon, hay mucha gente estuvo pensando y reflexionando sobre este mito, sobre que significa el mito de la copa de Cristo. En ese sentido, también me pareció que valía la pena mostrarle al lector todo ese cuerpo teológico, si se quiere, o científico que había sobre este tema.
-Marechal sobrevuela todo el libro, ¿no?
-Hay una especie de humorismo angelical marechaliano. Nos reímos, nos divertimos pero nunca nos burlamos, nunca hacemos la tinellización del humor, incluso cuando no creemos en el otro lo hacemos con cierta piedad. Somos angelicales para reirnos del otro incluso de nosotros mismos.
-Es cierto, hay un acercamiento muy respetuoso a pesar de todo.
-Sí, tiene que ver con algo. Uno de los tipos que yo entrevisté me contó cosas muy íntimas y me explicó porque el Santo Grial lo ayudaba a ser mejor persona, entonces me dio la impresión que no se podía joder demasiado con las ilusiones de personas que, más allá de sus intenciones o de sus opiniones políticas, algo les está vibrando en el alma con este tema.
-Lo autobiográfico, ¿aparecen a lo largo de todo el libro o está presente en esa obsesión por los documentos y la investigación histórica?
-Creo que recorre todo el libro, incluso está ahí en donde parece que no está, viste que los escribimos a veces hablamos más de nosotros cuándo no nos nombramos que cuando escribimos de nosotros. Me parece que ahí hay una clave de lectura.
-¿Cómo fue tu encuentro con los personajes del libro, con los buscadores?
-De mucha desconfianza por parte de todos, porque ellos me miraban como diciendo yo sé que vos me venís a gastar y yo los miraba diciendo yo sé que ustedes están locos. Ese encuentro siempre fue muy desconfiado, al final nunca terminamos de comunicarnos en serio y creo que tiene que ver por esa falta de confianza. En algunos casos justificada porque era gente que ideológicamente estaba en las antípodas de lo que yo creo, en otros casos, porque el discurso que hacían era demasiado alocado como para sostenerlo. Lo que sí hubo en algún punto hubo fue un encuentro con gente que investigaba a los que buscaban el Santo Grial, ahí si había cierta comunión porque los dos mirábamos desde un lado diferente.
Fue casi como un choque de culturas, porque yo estaba parado en el agnosticismo y ellos no. Incluso en algún punto yo estaba parado en el cinismo y ellos no, cinismo que, como todos sabemos, es el último refugio de los románticos.
-Por último, ¿Está el Santo Grial en la Argentina?
-No sé, pero estaría buenísimo que estuviera, ¿No? No sé si está, no sé si existe el Santo Grial...pero que bueno si estuviera, es cómo decir somos los campeones del mundo, porque en realidad es eso, es sentirte los campeones del mundo. Tener la copa de Jesús, es como decir somos los más grossos...
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires en julio de 2009.
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pedro di geronimo dice:
23/05/2010 - 08:41 PM
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queria saber si tenes ciudadania italiana
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