Eduardo Álvarez Tuñón
Las enviadas del final
Editorial: Libros del zorzal
Publicación:
ISBN: 978-987-599-139-2
Un violinista célebre, un artista plástico de renombre, un viejo jefe de redacción y un joven que se inicia en el periodismo (y que cree descubrir una conspiración de adolescentes) entrecruzan sus caminos en torno de una misión extraña que sorprenderá al lector.
Escrita con profundidad y humor, esta novela contiene una parábola sobre el paso del tiempo, el arte, la vida y la muerte.
- ¿Cómo surge la idea de la obra?
- La idea de la novela surge porque yo, cuando era muy joven, empecé a trabajar free lance en un diario. El trabajo que me encargaron en el diario era escribir necrológicas. Las necrológicas se escriben en vida de las personas, para que estén preparadas por si llega el cable de la muerte y no hay alguien de la especialidad de guardia en el diario. Entonces, se deben escribir en vida. En ese momento no existía Google ni Internet, así que se escribían en vida del personaje al cual se visitaba para hacerles la nota. La idea es que den algunos datos necesarios que no figuran en los archivos. Y a mí me mandaron a visitar a un pintor famoso y a un intérprete de violín famoso. En el diario se hacían necrológicas de todas las personas que cumplieran 65 años o de las cuales se tuvieran noticias de que estaban por morir por alguna enfermedad. Yo tenía 22 años y tenía mucho miedo. Y los voy a visitar, por supuesto, mintiéndoles; había que mentirles y había trucos para mentirles, por ejemplo, hablarles del futuro y preguntarles qué estaban planeando. Primero, fui a visitar al músico que me recibió muy bien. Empecé a hacerle algunas preguntas, diciéndole que estaba haciendo un suplemento especial sobre los grandes intérpretes de la Argentina; traté de sacarle alguna información desordenada que, después, yo iba a ordenar, y lo primero que me llamó la atención es lo vital y lo vivo que lo vi. Esta historia es real, el músico me pregunta mi edad y me dice: "qué suerte que tiene esa edad, porque yo estoy atraído por una mujer muy joven que vino como alumna, que tiene más o menos su edad y cuyo mundo no entiendo". Y sacó un cuadernito y empezó a preguntarme frases, expresiones, lugares sobre esa chica que era de mi generación, de mi edad. Cuando terminaba la entrevista, sentí que en lugar de estar yo entrevistándolo a él sobre su pasado y sobre su vida, él me estaba entrevistando a mí sobre la juventud y sobre el mundo que viene. Esto fue un día martes del año 79. El día jueves fui a hacerle la nota al pintor y me recibió muy entusiasmado. Empezamos a hablar y yo tenía mucha culpa porque me parecía que él sospechaba algo. Mientras lo entrevistaba -y esta casualidad es absolutamente real y extraña- también me habló de una alumna, más o menos de la misma edad, que lo tenía como atraído; atraído de una manera extraña, no sólo era una atracción física, sino una atracción existencial. Y a mí esa coincidencia me pareció y me parece muy extraña y empecé a pensar, un poco excesivamente, que todo gran artista que está por morir recibe a una enviada. Esta situación tiene dos consecuencias: la primera -una consecuencia menor y terrena- es que me hubieran mandado a escribir las necrológicas de estos artistas; y la segunda es una especie de consecuencia casi metafísica o celeste, porque podía pensarse que alguien organizaba todo esto y les enviaba a estas adolescentes en el final de sus vidas, una última mujer de un mundo que viene para que tuvieran un último fervor, para que se conmovieran. El libro trata un poco de eso, de esa enviada del final.
- La novela enlaza el inicio de la carrera de Eduardo en el periodismo y el comienzo de la relación de los artistas con las enviadas, y la etapa final de la vida. ¿Cómo se pueden interpretar estos umbrales por los que la novela transita?
- Sí, efectivamente hay un umbral de ingreso y un umbral de despedida. A mí me interesó siempre el paso del tiempo. Yo vengo de la poesía y me interesa mucho el tema de cómo se vive el paso del tiempo. Y yo creo que en la novela eso está. Lo que les fascina a estos dos artistas es ese umbral que están por pasar, pero también les fascina ese mundo que viene y que no van a llegar a conocer. En particular, los dos están obsesionados por preservar esa especie de belleza que sólo ellos ven. Por eso, hay un capítulo en el que el músico habla de la forma del violín. Habla de la forma del violín y dice que no ha cambiado nunca desde que existe el violín como tal. Y compara esa forma del violín con la juventud de esas enviadas del final que están llamadas a transformarse y a perecer, y cuya belleza no puede ser preservada. Por otro lado, el pintor también está obsesionado por preservar de alguna manera en su obra esa fugacidad de la enviada que lo visita, y se propone pintar aquello que los dioses olvidan, toda esa belleza abandonada que hay sobre la tierra y que es un poco intransferible o no muy fácil de transmitir.
- Las enviadas son un símbolo de la fecundidad de la adolescencia, pero con su llegada, los artistas comienzan a ser improductivos en su arte: Marcos Ruiz, el músico, comienza a percibir el valor de los silencios, y Gaspar del Prado, el pintor, comienza a "pintar" blancos. Ambos se encuentran ante la imposibilidad de crear. ¿Cómo se podría explicar esta inversión entre la fecundidad de las enviadas y la imposibilidad del arte para expresar los sentimientos que invaden a los artistas?
- Ellos sienten que llegaron al final con la llegada de las enviadas. Sienten que ya no pueden crear, que esa especie de belleza fugaz desafía su arte y que tienen una gran imposibilidad de reflejarla. Y eso es un poco su tragedia. Sin embargo, esa tragedia es vivida por los artistas con cierto optimismo, porque les interesa más en algún punto la fascinación del mundo de estas dos mujeres, adolescentes, enviadas, que la imposibilidad de expresarlas. Les interesa más vivir esto, que expresarlo.
- Eduardo es llamado en la novela "el guía". ¿Hacia dónde los dirige?
- Eduardo es un guía por el terreno de la juventud, por el mundo de la juventud que viene. Yo creo que Eduardo Albornoz, el personaje principal, tiene una particularidad que me señaló Beatriz Sarlo: la relación con los artistas, lo vuelve un poco viejo también. Por eso, hace algunas observaciones de viejo, pese a que él tendría que estar más cerca de las enviadas. Lo único que nota Eduardo Albornoz, que es tan joven, es que no le impactan estas mujeres, no le impacta su belleza, ni ve nada extraño en ellas. En un capítulo, él declara: "yo no sé si no me impactan porque no soy un gran artista o porque no estoy por morir".
Sin embargo, aunque envejece un poco, Eduardo se transforma en una especie de guía por la juventud y ayuda a estos artistas a entender un poco el mundo de las enviadas, del cual ellos no comprenden ni los nombres. El violinista le dice "en mi época las mujeres se llamaban Estela, María, Marta. Ahora se llaman Ayelén, Abril, Sol". Tienen esos nombres raros que ellos no reconocen. Y esa extrañeza del nombre también marca la imposibilidad de amar. Hay algo que se cifra en el nombre que es también como una especie de incógnita que Eduardo ayuda a develar.
- La novela se podría pensar como la primera etapa de una novela de formación (bildungsroman), en la cual el protagonista debe superar una prueba -escribir necrológicas. ¿Qué aprende Eduardo después de superar esa etapa?
- Yo creo que aprende muchas cosas. Por empezar, aprende muchas cosas de la vida y del arte, y también de la fugacidad. También aprende el peso de la culpa. En la historia real que dio origen a la novela, tanto el músico como el pintor me confesaban una serie de cosas y yo me sentía un traidor. Es decir, el peso de la mentida fue muy fuerte. Yo no era nadie y ellos eran dos grandes artistas que me hacían confesiones. A mí me halagaba porque me consideraban casi un amigo, pero yo les iba a escribir las necrológicas. Por eso, en algún momento, yo decidí reunirlos a los dos y contarles que, en realidad, a mí me habían encargado escribir sus necrológicas. Era algo que a mí me pesaba. Creo que esto es también lo que aprende Eduardo Albornoz en ese camino de iniciación que, en alguna medida, lo envejece.
- Y en este proceso, ¿podría pensarse el personaje de Lucero como una proyección a futuro de Eduardo?
- Sí, en alguna medida sí. Y Lucero algo le anticipa. En los diarios es muy común que te encasillen: empezás escribiendo policiales, fuiste bueno escribiendo policiales, entonces, vas a escribir policiales toda la vida. Empezaste escribiendo necrológicas, vas a escribir necrológicas toda la vida. Estas dos especialidades están relacionadas porque ambas hablan de la muerte. Las necrológicas hablan de muertos ilustres. El escritor de policiales escribe -como dice Lucero- sobre muertos que a nadie le importan. Las dos formas de escribir son dos formas de escribir extrañas. Y hay un punto de unión entre Lucero y Eduardo y es que cuando Eduardo le pregunta si siempre había escrito policiales, él le cuenta que, en sus inicios, escribió por dinero cartas de amor. Y en alguna medida, escribir cartas de amor para otro es también mentir. Lucero también miente. Los dos mienten con la palabra, se ganan la vida escribiendo en base a la mentira y tratando de hacer textos que no sean meros textos periodísticos, sino que tengan algo de trascendencia. Uno escribe sobre el amor mintiendo y cobrando; y otro escribe sobre la muerte mintiendo y cobrando.
- Son actores virtuales en la historia de otros.
Sí, sí, y los dos tienen cierta honradez. Los dos se sienten mal con lo que hacen. Por eso, cuando Lucero tiene que escribir la carta de ruptura de la relación amorosa, lo hace con cierta honestidad. De la misma manera, Eduardo manifiesta esa honradez cuando reúne a los artistas para confesarles su tarea.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en agosto de 2009.
Se autoriza la reproducción total o parcial del material de Cuentomilibro.com siempre y cuando se cite la fuente.
miguel dice:
24/09/2009 - 11:14 AM
|
Eduardo Alvarez Tuñón es realmente genial. Está dotado de una prosa fuera de lo normal, comparable con Vargas Llosa y García Marquez; y de una imaginación sin límites. Tan pocos límites tiene que hasta la entrevista está signada por su imaginación. Disfruto de su amistad hace décadas y en repetidas ocasiones me ha referido hechos que yo viví como comunes y ordinarios pero, narrados por él, lucen tan distintos que, en lugar de formar parte de mi sencilla vida, merecerían ingresar a una novela. Yo creo que, hasta ahora, esta es su mejor novela y que va por más.
|
Arnaldo dice:
12/10/2009 - 05:18 PM
|
Para mi ese libro es muy original en el panorama de lo que se esta escribiendo en prosa en la Argentina. Tiene un lenguaje poetico y profundo. Es atrapante y no condesciende a ninguno de los vicios de la epoca. No es un libro de intriga barata, ni policial ingenuo, ni historico facil. Es una novela con todas las letras y una obra de arte. La verdad, me impactò. Realmente creo que no deberia pasar inadvertido.
|