Juan José Becerra
La Vaca
Editorial: Arty Latino
Publicación: 2008
ISBN: 9789871466009
CARNE VIVA, CARNE CRUDA, CARNE ASADA. Tres momentos de un mismo objeto: la vaca. Un animal caro en el imaginario de una pampa carnívora, vital en la economía de un país que hace del rojo sangre parte de su historia. ¿Cuál y cómo es la peregrinación que parte de este "mamífero pasivo de dos dedos" hasta el asado como manjar criollo? Es en ese sentido que sale a campo traviesa y que se juega La Vaca. Un libro en el que Juan José Becerra rastrea con una prosa precisa y punzante, que va y viene entre el ensayo y la investigación, la gesta de un rumiante que supo convertirse en alimento y emblema de toda una nación.
Juan Jose Becerra autor de La Vaca. viaje a la pampa carnívora, Arty Latino, enero de 2008 -
ISBN: 9789871466009
Nació en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1965. Fue profesor titular de guión cinematográfico en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata.
Ha publicado relatos, artículos periodísticos y críticas de literatura, arte y cine en diversos medios gráficos de la Argentina y del extranjero. Desde 1996 escribe para la edición latinoamericana de Los Inrockuptibles.
Es autor de la biografía de un cómico argentino, de las novelas Santo (1994), Atlántida (2001) y Miles de años (Emecé, 2004), y del ensayo Vaca: un viaje a la pampa carnívora (2007), el primer libro sobre la historia de la vaca escrito en el país.
Entrevista a Juan José Becerra
- ¿La Vaca es un ensayo literario?
Creo que introducir la palabra literario en relación al ensayo me parece que distiende un poco el género. No es un ensayo duro al estilo de los ensayos académicos. Es más bien un ensayo literario porque el ensayo literario se toma licencias de otros géneros, básicamente de la ficción, a pesar de que este es un libro de alguna manera documentado, justamente porque se trata de un ensayo, aunque sea literario. Yo lo considero un ensayo literario más que una crónica o un ensayo a secas. Pero eso es una cuestión de gusto personal para leer las cosas.
-Y como te documentaste? hubo una investigación previa exhaustiva o te basaste en referencias literarias?
La primera documentación y la más importante, fue una documentación vital. Tiene que ver con mi infancia, yo nací en Junín que es una ciudad de la Provincia de Buenos Aires, que siempre la vi como una ciudad insular, es decir una isla rodeada de campo con vacas. Y siempre me pareció que las vacas, que eran además de una animal fácil de encontrar en la región eran una especie de naturaleza muerta de la que no se hablaba mucho pero sobre la que estábamos obligados los alumnos bonaerenses a escribir en algún momento sobre el animal. Y lo que escribíamos, siempre era como una versión encantada de una animal que funciona como un bien de extracción, digamos. Porque la vaca en la Argentina está para que se la mate y después, si uno tiene suerte, comerselá. Da la sensación que esa documentación de campo, pero infantil al mismo tiempo, que me provocaba cierta sorpresa porque había algo ahí que yo no entendía acerca de la mitología del animal, hizo que me interesara pero de una manera muy incidental. O sea, no es que yo investigué la vaca, como un investigador del Conicet, yo en realidad lo que hice siempre fue leer literatura, y vi que en la literatura argentina, desde la gauchesca para acá, o desde El Matadero para acá, -y cuando digo para acá me estoy refiriendo también a libros contemporáneos- había una presencia de la vaca pero velada, una presencia oblicua, no había una presencia de la vaca en primer plano en ninguna literatura argentina. Y después vi que no había libros sobre la vaca, sí había libros de esotécnica o de veterinaria relacionados al animal y a cuestiones más bien anatómicas o biológicas, pero no había una historia de la vaca. Entonces empecé a asociar, que es lo que uno hace siempre cuando empieza a escribir un libro o cuando tiene el deseo de escribir un libro. Y me pareció que era un tema que daba, y dio, para asociar cuestiones que aparecían sueltas, por lo menos en el imaginario mío. Asociarlo con cosas que pueden parecer un poco lunáticas: "por qué razón en la Argentina nunca tuvo lugar la corrida de toros, como sí tuvo lugar en otros lugares de Latinoamérica como Uruguay, México, Perú; eso a mi me llamaba mucho la atención, el modo cobarde que tenemos nosotros de relacionarnos con ese animal y en su versión femenina, además, básicamente.
Y después me llamaba la atención que muchas cosas que consideramos autóctonas, como constitutivas de lo nacional, producían al observarlas con cierto detenimiento un resquebrajamiento de sentido. Por ejemplo: "lo nuestro es el asado", es como un clisé ya no sólo del campo, también de la ciudad. Después supe que el primer asado había tenido lugar en el hombre de Pekín, lo que las personas que investigan el pasado llaman el hombre de Pekín, hace 400.000 años, un hombre comió carne asada y además esa carne asada no era carne de vaca sino humana, o sea que ahí en esa escena primaria de ese asado argentino que es muy remota en la geografía, también es muy remota en el tiempo, y nos dice que la primera escena del carnívoro es también una escena de canibalismo.
Después cosas que fui encontrando recordando como el viaje de Stevenson, que sostiene una tesis un poco aterradora que nosotros los carnívoros -casi digo nosotros los caníbales- no tenemos nada que envidiarle a los caníbales, prácticamente estamos en la misma categoría, personas que comemos carne y que somos capaces de comer criaturas perecidas a nosotros, que sufren cuando se las mata. Todas estas cosas me parece que armaban un sistema de lectura básicamente, y me parece que cualquier libro es un sistema de lectura personal sobre lo que a uno le interese abordar.
-En relación con el canibalismo, por eso es falsa la idea de gourmetizar el asado?
Y si, gourmetizar el asado, es como civilizarlo y me parece a mi que es una oferta gastronómica muy salvaje, cuyo salvajismo debería respetarse justamente como condición gourmet, no? A mí me causan mucha gracia los somelier que dicen "no, en realidad si uno va a comer asado y si ese asado tiene una capa de grasa -que es lo que uno espera del asado no?, uno no espera cosas magras del asado, espera veneno casi, el colesterol- por favor no tomen tal vino, o tomen el vino primero y después tomen agua", eso a una persona que come un asado no se lo podés ni insinuar!, porque puede generar un escándalo en el lugar donde se está haciendo el asado. El asado me parece, que forma parte de un rito que sí podríamos decir que es nacional, a pesar de que está inspirado en un asado chino y que tiene que ver con la experiencia de un transcurso lento del tiempo y creo que si tiene que ver mucho con nosotros que elegimos al asado como comida nacional y al mate como infusión nacional. Son dos ofertas -tanto la comida como la infusión- que requieren mucho tiempo, nosotros no somos personas que tomamos te, tomamos mate. Tomar mate implica por lo menos media hora, de conversaciones además, y con el asado pasa lo mismo, encender el fuego, esperar la carne, cada asador tiene su abc que es intransferible, por lo tanto hay como una especie de misterio ahí. Esas cosas sí me gustan del asado porque me parece que rescatan su origen salvaje. Y me parece que una cultura que repara en su origen salvaje, es una cultura inteligente, que sabe de donde viene. Gourmetizar es como borrar esa cultura.
-¿Qué relación encontrás entre el asado y la política?
Sí, me llamó la atención la cercanía cronológica entre el nacimiento de la Sociedad Rural y la Conquista del desierto, me pareció que una cosa traía la otra y que eran como hitos históricos intercambiables. Y la Conquista del desierto obviamente tuvo un objeto económico y la Sociedad Rural, es la gran marca del campo argentino, pero me da la sensación que tiene un origen que habría que rastrear y algún día tomarse el trabajo de leerlo en profundidad. Es decir, cómo es que el campo pasó a ser una propiedad y de qué modo; ahí ya tenemos otro libro, que yo jamás escribiría, pero seguramente leería con gusto.
Después me parece que el asado escomo una herramienta demagógica, implica un plan de armisticio o un pacto secreto -invitar a alguien a comer un asado-. Una vez yo perdí un perro, un boxer intratable y alguien detectó donde estaba-se había escapado, se había ido a una especie de rancho que había en las afueras de La Plata- y lo primero que se me ocurrió fue caer con un asado!. Ahora me parece detestable, pero me parecía que era como una moneda que podía pagar, en este caso, la generosidad de la persona que me devolvió el perro.
Y después tenemos casos muy importantes, muy referidos en la historia argentina, debe haber muchos más, pero la única vez que hubo un asesinato en el Senado de la Nación, fue por un tema de carnes, por un asunto que tenía que ver con las licencias, casi extravagantes, por lo laxas, que tenía el frigorífico anglo para exportar carne, y matan a un secretario de un senador, la escena es conocida, hay un película incluso creo que de Juan José Jussid.
Después está el asado de Galtieri que es como una pirámide de Egipto hecho oferta gastronómica, quiero decir, la megalomanía de hacer un asado para diez mil, quince mil personas sólo puede caber en la cabeza del jefe de un imperio. O sea, el asado que no hizo Julio Cesar, lo hizo Galtieri. Y esas cosas me causan gracia, pero muchas veces uno no puede ironizar sobre eso, me pregunto por qué la gente fue. Yo no hubiera ido a un asado de Galtieri, aunque seguramente hubiera estado bien regado como todos sabemos.
- SÍ, y al mismo tiempo es una escena muy democrática, comer el asado como un gesto de apropiación de la carne de la que uno no es propietario. También en el sentido de que no les falta a los obreros de la construcción ni a los restaurantes más caros de Puerto Madero. ¿Crees que es así?
SÍ, es un rito democrático. Son como fenómenos que se salen del cause ordinario del tiempo; cuando veo los obreros de una construcción, en plena ciudad -donde la gente se dedica al fast food- tener un tiempo para hacer un asado, en su lugar de trabajo, y tener un persona encargada en la cuadrilla de hacer para el conjunto, ese insert de fenómeno tribal en una ciudad como Buenos Aires es realmente impagable como espectáculo. A su vez, implica por un lado, la remisión a un mito muy antiguo que es el del origen del asado, por lo menos en la Argentina, cuando el gaucho o el indio cazaban vacas a mano en la pampa, que además eran vacas que se reproducían de manera silvestre. Es decir que había una democratización del consumo, no sólo de la alimentación. Y ver que un fragmento de eso todavía persista, y que persista también como rito latinoamericano, porque los obreros de la construcción, sabemos, funcionan como una sociedad continental: hay argentinos, hay paraguayos hay bolivianos, peruanos, eso a mi me gusta mucho verlo, me parece que es un fenómeno muy genuino y que por serlo no se va a terminar tan fácilmente. O sea que es más fácil que cierre Mc Donalds un día que se acabe ese rito de hacer un asado en una obra en construcción.
-Si el primer asado fue en Pekín, ¿cómo llegó la vaca a la Argentina?
Bueno, la vaca llega en el segundo viaje de Colón, al Caribe, y se diría que en un tercer viaje ya podemos hablar de exportación europea de vacas. Y por supuesto a la Argentina, a lo que entonces era la geografía donde se iba a construir la Argentina, es al último lugar al que llega. Llegan desde Chile, Paraguay, Bolivia. La primera comunidad de vacas dejaba mucho que desear, si uno se deja llevar por los libro de impuestos de la época, prácticamente no había vacas. Después la vaca encontró como su lugar natural para poder reproducirse de modo exponencial. Pero la vaca no es natural de acá, está naturalizada, así como cuando uno va a vivir a otro país a veces se naturaliza. La vaca no es un animal natural de la Argentina como tampoco es autóctono el eucaliptus u otros árboles con los que se hace el fuego del asado. El asado es un pack totalmente importado, me parece a mí.
-Si, pero hay una apropiación cultural muy fuerte
Sí, y a partir del momento que la cultura se apropia de esos procesos culturales evidentemente ya forma parte de "lo nuestro".
-De hecho tu edición es bilingüe, ¿para qué lector está pensado?
En realidad yo no pensé en una edición bilingüe, fue una idea de las editoras y me parece que es una buena idea. Yo lo pensé para
En realidad, puedo contar el origen más próximo, y que es la codicia. Lo escribí para un concurso de literatura gastronómica que cada tanto organiza la universidad de Barcelona y la editorial RBA. El premio era una cantidad de plata, que era lo que a mí no me interesaba, pero había como un segundo premio que funcionaba en un segundo plano de la conquista y que era irresistible. Era ir a cualquier restaurant del mundo que uno eligiera, podía ser en París o en San Pablo, y comer con alguien que uno quisiera, lo que uno quisiera y después estar unos días allí en un hotel, supongo con todos los servicios, y regresar. Eso a mí me tentó mucho, porque son esas cosas que uno no pagaría aunque tuviera la plata para hacerlo. Pero mi libro salió segundo. Yo tengo como una desgracia con los premios literarios, llego a las finales -soy como River- pero me falta dar ese último paso. Era género libre y ganó una novela que se llamaba Gordo.
Entonces, mi libro quedó ofertándose, hasta que Arty Latino me propone hacer una edición con fotos y bilingüe, y a mí me gustó mucho esa idea, primero de que los argentinos habláramos entre nosotros de este asunto. Yo hago asado, como todos los argentinos, y cuando alguien me pregunta de dónde es la carne, siempre le digo de la carnicería de fulano. Y en realidad ahí no empieza el curso del asado, empieza mucho más atrás y me interesaba hacer una especie de genealogía del asado, bien profunda. Bueno, este asado no viene de la carnicería de fulano, viene de hace muchísimo siglos, y está atravesado por cuestiones culturales que fueron tan extrañas y ahora son nuestras. Y ese hecho tan sencillo de tirar carne a la parrilla y hacerla y esperar a que se haga y comerla, me pareció que era lo suficientemente complejo como para postular una lectura que pusiera en crisis los lugares comunes del asado. Y después cuando salió el libre con la traducción en inglés me parecía que no estaba mal que un extranjero vea que acá somos casi caníbales. Somos los habitantes del mundo que más consumen carne de vaca, incluso por encima de sus capacidades corporales, hasta dañarnos.
- En el libro mencionabas que hasta el derroche heredamos, no?
Sí, claro. Siempre sobra. Había formas de cazar vacas o de comerlas, en la época de la Colonia, anterior incluso, había gauchos o indios que las cazaban y les comían solamente la lengua; lo tomaban como el caviar de la vaca, la verdad que no lo se, pero se derrochaba muchísimo, antes.
Ahora una vaca es una unidad de negocios, no es un animal. Eso es otra cosa que a mi me interesaba entender. No puede ser que un animal no tanga longevidad, un animal que no se sabe cuánto vive, porque me pasó algo muy curioso que fue preguntarle a veterinarios -que incluso dan clase en la Universidad- y cuando le preguntaba cuanto vive una vaca, si uno no la mata antes, y los tipos zozobraban "no se, dejame ver, dejame consultar", se llamaban unos a otros. Y eso me pareció muy impresionante, que la vaca no tuviera una vida. El ciclo biológico ha sido sustituido por el ciclo industrial. Ahí también encontré cosas muy curiosas, si uno va a un matadero o a un frigorífico y le preguntás a las personas que están en la serie de la matanza, ninguno dice que mata a la vaca, no hay un autor de la muerte de la vaca. Mata la industria, la industria es una autor anónimo. Deslindan responsabilidad, yo creo, por una cuestión de remordimiento, porque no debe ser fácil matar tantos animales por día. Yo conocí un nockeador, que son los tipos que bajan la pistola neumática en el cráneo de la vaca y hay un percutor que se les hunde en la cabeza, quince, veinte centímetros que la deja viva, pero técnicamente muerta, porque no sobreviven más de dos o tres minutos. Pero en ese lapso, la vaca pasa a manos del degollador. Entonces en ese limbo que va del nockeador al degollador, nadie sabía quien mataba. El degollador decía que mataba el nockeador, y éste que lo hacia el degollador, por lo tanto no mataba nadie! Estamos hablando de personas que matan, solos, o en complicidad con algún compañero de trabajo, en un frigorífico mediano, mil vacas por día. Eso me resulta un poco impresionante.
Tuve la oportunidad de dejar de ser carnívoro pero ya pasó ese momento, ya no pienso más en eso.
-Vos pensabas el origen del asado y una genealogía. A nivel literario en la Argentina, ¿es en El matadero donde aparece por primera vez la carne como construcción literaria?
No, me parece que en el Viaje al Rio de la Plata de Schmidel, hay referencias no a las vacas pero si a lo que el habitante -ya sea inmigrante o autócono- es capaz de hacer para comer carne. Yo creo que ahí está la primera referencia a que en estos lugares la gente tiene una tentación especial por comer carne. Después, sobre El matadero -que me parece además de un texto extraordinario y fundacional, como primer texto de ficción de la literatura argentina- ha habido lecturas excesivamente políticas, porque su sistema de referencias es político, pero yo creí ver en El matadero, -tal vez es una ilusión del delirio del lector, lo que me pasa muchas veces- un segundo plano donde me parecía ver lo más importante del texto. Por que la historia cuenta la matanza de un unitario pero en un día que hay veda de carne en Buenos Aires. A mí me interesó más el tema de la veda que el asesinato político, que además es totalmente accidental - estoy haciendo una lectura intencionada no?- me gustaría que se viera que lo que protagoniza el relato más que el asesinato político es el hecho de la veda de carne. Y que el desastre que provoca la veda se produce no en el plano de la política, sino en un plano biológico de la necesidad de comer carne.
- ¿Qué pasaría en la Argentina si no se pudiera comer carne nunca más?
En el prólogo hay una frase de Alan Pauls muy buena que dice que la carne de vaca es la única droga que el Estado argentino nunca se animaría a prohibir, y yo creo que es lo último que prohibirían!
Entrevista realizada por Matilde Méndez en Buenos Aires, mayo de 2008
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Pedro, el carnívoro dice:
07/08/2008 - 03:19 PM
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Gourmetizar el asado...es genial la de Becerra!!! Muy buena definición, volvamos al asado criollo parados en el mostra al lado del fuego. Soy del interior y el otro día estuve en Buenos Aires y volví horrorizado de esas "parrillas" de Palermo
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Pedro, el carnívoro dice:
07/08/2008 - 03:19 PM
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Gourmetizar el asado...es genial la de Becerra!!! Muy buena definición, volvamos al asado criollo parados en el mostra al lado del fuego. Soy del interior y el otro día estuve en Buenos Aires y volví horrorizado de esas "parrillas" de Palermo
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