Perla Suez
La Pasajera
Editorial: Norma
Publicación:
ISBN: 978-987-545-487-3
Así como el río corta la tierra, Perla Suez atraviesa y surca la vida de la vieja y cansada Tránsito. En ese cauce, se entretejen imágenes, voces. El río crece, las palabras se vuelven indomables, lodo se divide en odio y amor, en lealtad o traición, en inocencia o culpa, en instinto o estrategia.
En la casa en la que Tránsito ha servido cincuenta años todo parece en orden: el mismo silencio, la misma aparente condescendencia. Pero en la intimidad de sus paredes se refugia un grito ahogado y se reproduce, oculto, el acto más desesperado de la tragedia humana. Tránsito quiere volver a su casa pero antes deberá saber de qué lado del río se encuentra.
Un Delta ya mítico es escenario y protagonista de esta historia poderosa con la que la autora de Trilogía de Entre Ríos vuelve a sorprendernos.
Entrevista a Perla Suez, La pasajera, Norma, septiembre 2008.
ISBN 978-987-545-487-3
Perla Suez nació en Córdoba en 1947. Es Profesora y Licenciada en Letras Modernas. Fue becaria del gobierno francés y trabajó en la Universidad de Paris VII y en la Biblioteca piloto de Clamart. Fue directora del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (Cedilij) desde su creación, y de la revista Piedra Libre, especializada en literatura infantil, hasta 1996. En 1997 recibió la Mención Especial del Premio Mundial de Literatura Infantil José Martí por el conjunto de su obra.
Ha publicado, entre otros libros, Memorias de Vladimir (1991); Dimitri en la tormenta (1993); El viaje de un cuis muy gris (1995); El árbol de los flecos (1995). En 2000, publicó Letargo, su primera novela para adultos, que junto con El arresto (2001) y Complot (2004) conforman la Trilogía de Entre Ríos (2006).
Recibió, en junio de 2007, la Beca Guggenheim en reconocimiento a su trayectoria como escritora y, en 2008, el Primer Premio Grinzane Cavour, Italia.
Página web: www.perlasuez.com.ar
- Soy Perla Suez y mi libro, que voy a presentar, es La pasajera.
- Formalmente la novela está estructurada como una obra teatral -tiene un primer acto, un segundo acto, un reparto. Sin embargo, al interior la novela no hay diálogos guionados, sino que el discurso directo está en bastardilla. Por otra parte, el último capítulo ofrece la única referencia temporal "7 de abril de 1979". ¿Cómo explicarías esta estructura mixta de la obra y la inclusión, también, de una fotografía?
- En realidad, mi intención cuando trabajé la historia de La Pasajera era ir componiendo una imagen, que fue creciendo y, en realidad, siempre estuve parada en la novela, a pesar de que algo me pedía experimentar y jugar, en el camino de la exploración y la búsqueda de la propia vida de Tránsito, el personaje principal. Me interesaba jugar con espacios, con lo que diría yo son epifanías; es decir, jugar con imágenes que pudieran, de alguna manera, entrecruzarse. A partir de ahí, fue naciendo la idea de qué pasaría si yo estructuraba la historia como acto. Cuando dije acto, pensé en el teatro. Sin embargo, me retenía la estructura, la idea de la novela, porque era muy fuerte para mí, y me encantó poder jugar, explorar y poder armar la historia del personaje de Tránsito en un acto -si bien está jugando con otros personajes. El segundo acto está centrado en la voz de su hermana Lucía. Me quedaba el tercer personaje, el más secundario, que era el chofer de la casa donde Tránsito y su hermana trabajan casi 50 años. Entonces, eso fue problemático; fue muy difícil resolverlo. Mi preocupación era que si yo interfería con el personaje del chofer en esa estructura, iba a distraer la atención del lector. Me costó muchísimo, hasta llegué a pensar que mejor era sacar al personaje del chofer pero, al final, me di cuenta de que era importante. Además yo había dedicado la novela al gran poeta Juan L. Ortiz, el escritor del río, de Entre Ríos, el escritor de las islas, y todo lo que significa para mí la lectura de él. Quería ponerle al personaje el nombre, alegóricamente, de Ortiz, y el chofer para mí era un poco el que llevaba la batuta del clima, de la atmósfera. También, la alusión a Ortiz para mí era muy importante porque los personajes de La pasajera vienen de las islas del delta, pero de las islas sin nombre, que están sobre el Paraná.
Entonces, cuando yo descubrí eso, el porqué de la presencia del chofer y del almirante -que en realidad no aparece porque muere al comienzo de la novela- dije bueno, acá tengo que crear el telón de fondo, el clima. Lo resolví sin la palabra acto, sino con una fecha, que es abril de 1979, con lo cual le estoy dando al lector la referencia de cuál es la época, cuándo transcurre la acción de la historia, de esta historia bastante brava y fuerte. Creo que la atmósfera en la tercera parte de la novela, que no es un acto sino la fecha, se justifica en cuanto a que remite al lector al clima de la época.
- En la novela hay tres personajes que tienen voz: Tránsito, Lucía y Ortiz; o sea, la polifonía es muy importante en la novela. Este recurso, ¿sería una forma de abrir una ventana al lector para que no sólo presencie los hechos, sino también para que tenga una visión de lo que piensan los personajes y que justifica sus actos?
- De alguna manera sí y no, yo creo que eso queda en manos de cada lector. Hay gente que ha leído La pasajera y me ha escrito unos mails preciosos preguntándome por qué soy tan cruel y por qué no hay concesiones, pero creo que la vida es así y que no hay concesiones la mayoría de la veces. Y Tránsito, en realidad, va en busca de algo; está buscándose a sí misma, esa fue la idea primera. Mi primera imagen fue que ella trabajó cincuenta años en la casa de un almirante que acababa de morir, y la muerte de este personaje central le produce un shock que desencadena todo el drama. Me parecía que esa era la búsqueda de ella, personal; y que, de alguna manera, ella era una N/N, un personaje sin nombre, como las islas de donde viene, y también su génesis, su origen, porque no está definido. Ella cuenta la historia que su madre le contó que dice que su nacimiento fue en una canoa, pero esa no es la verdad del relato -no la voy a decir, hay que leer la novela, pero esa no es la verdad. Hay un secreto escondido y la única que lo sabe es la hermana, Lucía -que está en el acto II. Y la búsqueda de Lucía me parece que es desde otro lugar: primero, porque ella no se miente a sí misma y, segundo, porque está más ubicada en la realidad social, si bien es cierto que todos los personajes participan de la locura general.
-Y ¿cuál es la búsqueda de Tránsito? Porque si bien su vida ya pasó -es una anciana- ella, sin embargo, pareciera tener esperanza en un futuro, como si su experiencia en la casa durante 50 años fuera, como su nombre lo indica, transitoria, un pasar para llegar, luego, a algo más.
- La búsqueda de Tránsito, en realidad, es la no-búsqueda; es la pregunta sobre cómo uno se puede encontrar a sí mismo, después de haber hecho su vida y haber llegado a anciano, y empezar a preguntarse quién se es cuando se vive de la propia mentira. Ella construye su propia mentira y tiene la necesidad de encontrarse a partir de una muerte que ella misma provoca; a partir de esa tragedia provocada, Tránsito empieza a buscarse a sí misma. ¿Es posible buscarse uno a sí mismo a partir de provocar la violencia? Yo creo que ahí entra a jugar, alegóricamente -estas son cosas que me han dicho algunos lectores que fueron mucho más allá de lo que yo me propuse- la búsqueda de una sociedad como la nuestra, la sociedad argentina, que en la época de la dictadura militar intentaba definirse a sí misma. Y ¿cómo poder buscarse a sí misma a través de la violencia? Yo me acuerdo de la época del Mundial y las consignas que salían por todos lados: "Los argentinos somos derechos y humanos", por ejemplo. ¿Es posible ser derecho y humano a partir de generar la propia violencia? Bueno, yo creo que en la literatura siempre es desde lo pequeño donde podemos contar los grandes dramas políticos y sociales que vivimos cada uno en cada país.
Mi búsqueda ha sido muy pequeña; es decir, a mí me importaba averiguar cómo puede ser la vida de dos viejas mujeres y un viejo chofer que trabajaron toda la vida y quieren iniciar, de alguna manera, una nueva vida. ¿Se puede iniciar una nueva vida? Ese es el interrogante y creo que, de alguna manera, todos tenemos una respuesta a eso. Y esto se conecta con una preocupación mía que nace con las lecturas de nuestra literatura argentina: toda la literatura argentina, desde el origen, está atravesada por la problemática de la identidad, desde La cautiva, de Esteban Echeverría, pasando por Sarmiento, pasando por Arlt; siempre hay esa búsqueda, esa necesidad de saber quiénes somos. Y que a su vez nos atañe muy fuertemente porque todavía estamos buscando quiénes somos y dónde estamos parados y, como somos un país joven, creo que esto nos va a llevar unos cuantos años y varias generaciones.
- Lo llamativo es que Tránsito busca su identidad a partir de volver a lo que ella cree su origen, a las islas, pero basada en una mentira. En ese sentido, hay una gran importancia del secreto en la historia.
- Yo creo que en la vida, no en la literatura, siempre todas las personas tenemos secretos. Hay algo que escondemos y que el otro no sabe. Entonces, en la literatura, en la ficción, me parece que es muy importante trabajar con esta idea escondida, con el secreto, con la búsqueda del lector. En el cine nos pasa lo mismo. A mí me interesa el cine, y cuando voy a ver una película, en realidad, estoy buscando determinada cosa y me parece que esa historia me lleva por un lado y, en realidad, me lleva por otro. Me parece que eso es lo interesante: los desvíos, la cosa subterránea que corre como un río, debajo de la historia que se cuenta. Uno cuenta una historia, pero en realidad hay otra y me parece importante, en la ficción, trabajar con lo no-dicho, porque cuando uno, como lector, va a una historia -y como espectador en el caso del cine o el teatro- en realidad uno va a buscarse a sí mismo, va en busca de una historia. Entonces, es como que -en la lectura y en la escritura, en la ficción como en la realidad- siempre uno está en la búsqueda de encontrar otra alternativa diferente a la que pensó, y en ese sentido la ficción abre mucho más que la realidad concreta, porque hay posibilidades increíbles que se abren a partir de una historia y que permiten ver qué pasa subterráneamente, por debajo de la historia central. Es decir, siempre hay otra historia, a la cual queremos abrevar y conocer, porque seguro que ahí, escondido, puede haber o una mentira o un secreto o algo misterioso que develar. Y me parece que eso es lo que vale la pena.
***
- ¿Cuál es el peso que tiene el río en la novela?
- El peso que tiene el río es muy grande para mí, por dos razones. Primero, yo me crié en Entre Ríos; es decir, me crié entre ríos, entre el Paraná y el Uruguay, entre el Gualeguay y el Paraná, o entre el Gualeguay y el Uruguay, y también la Trilogía de Entre Ríos -que es el volumen que comprende las tres novelas Letargo, Arresto y Complot- está surcada por los ríos. En la época que yo me crié, Entre Ríos era una isla. Para venir a Buenos Aires había que atravesar el río con un ferry: el tren subía al ferry y cruzaba Zárate-Campana, y para ir a Córdoba lo tenían que cruzar Paraná-Santa Fe, o bien en lancha, o bien en balsa, no había otro modo de llegar. Es decir, que era una isla. Y estábamos más próximos si se quiere al Uruguay, donde el tramo del río era muy breve, que al resto del país. La presencia del río, en el caso de La pasajera, creo que tiene el protagonismo principal, porque sin ese río, no habría islas y, sin esas islas, no estaría Tránsito, ni Lucía, ni el chofer, ni pasaría lo que pasa. Sin ese protagonismo del río, no habría esta historia, a lo mejor habría otra pero no ésta. Y además cuando trabajaba y escribía y borroneaba y tachaba y tiraba bollos de papel al cesto de la basura, en realidad, yo sentí la búsqueda mía de esa ambivalencia de los personajes, esa búsqueda que también está relacionada con ese vaivén de las aguas del río, del Paraná, del Uruguay; esas aguas amarronadas que nunca están quietas y que, como todo río -desde Heráclito en adelante y de todos los grandes poetas-, se mueven permanentemente y uno no puede marcar en qué punto el río es menos o más río, siempre es un río que corre. Es muy fuerte la presencia del río y no es casual que el personaje llegue de las islas atravesando el río y quiera volver, al final de su búsqueda, en una canoa a ese comienzo que, en realidad, en la historia no se sabe cuál es.
- En la novela está muy clara la diferencia de clases: casi una familia entera al servicio de otra como servidumbre. En el momento que el almirante muere, la situación cambia radicalmente y Tránsito ejerce una gran violencia contra la esposa del almirante y le reprocha cosas. ¿Habría en ese gesto un intento de venganza de clase?
- Qué difícil sería decir eso
De hecho, hay un problema de clases sociales en la novela. Obviamente, en el caso de Tránsito está muy marcado su deseo escondido, durante 50 años, que explota con la muerte de la dueña de casa, cuando ella quiere ser como la señora. En realidad, lo deseó siempre bajo la imagen de una mujer fiel, servil, generosa con la patrona; de pronto, ante ese shock emocional que vive por la muerte del patrón, por la muerte del almirante, que la lleva a ella a terminar con su vida -porque su vida termina ahí, en ese punto- le queda como salida casi la locura. Habría que ver si eso es la locura o es un estado de ambivalencia del mismo shock, lo tendría que develar un psicoanalista, en todo caso. Para mí, sí hay locura. En realidad, está la locura en todos, está en todos los personajes y todos tenemos un poco de locos, obviamente. Pero Tránsito ahí se separa de la realidad, se desconecta de la realidad al matar a la dueña de casa y, entonces, le empieza a hablar; le empieza a decir todo lo que no dijo durante cincuenta años. Entonces, hay una necesidad de encontrar la verdad, cosa imposible a partir de lo que ella misma ya hizo; sin embargo, no se calla nada. Todo lo que calló, todo lo que silenció, de pronto, estalla en pocas palabras, pero es en ese tránsito desde el momento que muere la patrona hasta el momento que ella se va.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en septiembre de 2008.
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