Gabriel Reches
La Caja
Editorial: Interzona
Publicación:
ISBN: 978-987-1180-54-7
Un choque, un teclado, unos personajes enigmáticos. Y siempre la perplejidad, la inadecuación frente al mundo cotidiano. La sensación de que la narración cuenta una historia mientras en realidad está pasando otra cosa.
Una prosa perturbadora, inquietante, en el límite de lo siniestro. Como la lucidez de una noche en vela.
La primera novela de un narrador que dice que algo anda mal, sin necesidad de levantar demasiado la voz.
- Esta es tu primera novela. ¿Hay algo de experimental en ella?
- La idea de escribir una novela no surge, sino más bien es el resultado de una práctica. De hecho, empecé a escribir sin cortar versos, en un tipo de registro discursivo para el que la prosa me parecía más apropiada por sus giros retóricos. Así que más que una decisión, en un primer momento, fue el resultado de una práctica sobre la que después decidí continuar. La novela contiene algunos juegos formales y, principalmente, una trama accidentada, pero todo esto no hace que yo pueda considerarla una novela experimental. Me parece un mote muy grande para lo que yo hice. Más bien diría que es una novela en la que la elucubración es mucho más importante que la anécdota; el pensamiento es mucho más importante que la experiencia; y la experiencia es casi un mal chiste. Por eso no queda en claro cómo se llaman los personajes, ni qué sucedió exactamente, pero sí queda claro qué piensa el personaje de todo esto.
- ¿Cómo caracterizarías al protagonista de La caja? ¿Un fracasado? ¿Un desilusionado de finales de los 90 en Argentina?
- El personaje de La caja se considera un fracasado, porque además no concibe otra cosa que no sea el fracaso para nada que lo rodee. Podemos decir que la humanidad para el personaje de La caja es un pequeño emprendimiento que fracasó, y él dentro de ella. Yo no considero al personaje como un fracasado; más bien lo considero un inadaptado, un inadecuado; un tipo que pertenece a un recorte de una generación que no se terminó de adaptar, ni de integrar, ni de tomar ninguno de los leiv motiv de la década en la que pasó de la adolescencia a la adultez, y que tampoco adscribió a ninguna teoría salvadora o sanadora que le permitiera encausar sus energías de una manera positiva. Entonces, es básicamente un tipo al margen que mira y habla, una especie de delator improductivo que se vanagloria de ello.
- A lo largo de la novela hay una caja que hace un recorrido. ¿Qué representa la caja en sí? Porque, por un lado, es un símbolo de la mutación funcional de los objetos; pero, por otro lado, es un símbolo de la indefinición propia del personaje.
- La caja es muchas cosas en la novela: desde una analogía física y obvia del camión con acoplado que embistió al padre del personaje, hasta la caja en la que aparece un muerto, la caja como ataúd que, aunque nunca se nombre de esa manera, es en lo que la caja se convierte. Estas representaciones están asociadas a la caja considerada como el frasco de aislamiento en el que el personaje se sitúa para observar cómo pasa el mundo o como el mundo no pasa; es decir, las cuatro paredes de la casa y, más precisamente, las de su pieza. Entonces, la caja concentra todas estas ideas y, al mismo tiempo, es aquello de lo que uno intenta deshacerse pero siempre vuelve, como por ejemplo, un recuerdo, una muerte o una pérdida.
- En la novela hay un movimiento cíclico, un eterno retorno de lo mismo pero diferente. ¿Qué significa este retorno?
- Yo creo que la caja retorna a las manos del personaje, fundamentalmente, porque el personaje eligió deshacerse de ella, sino probablemente no la hubiera vuelto a ver. Si la hubiera intentado retener, seguramente la hubiera perdido. Así que la decisión de deshacerse del objeto, imanta al objeto. Creo que esto es lo que sucede en la novela, y también esto es lo que sucede en el mundo del personaje con sus recuerdos, con las cosas de las que elige deshacerse, con las cosas que dice que no va a hacer más y todo el tiempo repite, con las relaciones que elige despreciar y, sin embargo, están ahí. Todo esto en la novela hace síntoma con el tema del retorno de la caja y que, a su vez, es un armónico de esa muerte inicial, esa escena de muerte inicial que el personaje cuenta casi como pasando por alto, y que después, desde la tangente, domina la atmósfera de muchos momentos del relato.
- Inventarle un nombre y una historia al NN que encuentra tapado con su caja, ¿es una forma de restitución por haberse llevado la caja con la que estaba tapado?
- El personaje no tiene culpa social. El personaje cuando encuentra la caja y se da cuenta de que la caja contiene un muerto, principalmente, ve a ese muerto como un obstáculo, como un problema, porque lo que él quería era recuperar esa caja que encontró y ahora tiene un problema: encontró un muerto, un muerto con el que no sabe qué hacer. De hecho, su mirada sobre la marginalidad, sobre la pobreza, no es una mirada ni piadosa, ni combativa, sino una mirada bastante incorrecta. Ahí juega un poco la acidez o la ironía de la novela, pero en el discurso conciente del personaje lo que sucede es esto. Así que todas las elucubraciones, todas las especulaciones del personaje de la novela en torno al muerto y en torno a la caja son una manera de pasar las horas para él y para sus amigos sintiendo que hay algo importante que hacer. El sobre-diagnóstico, en este caso de la caja, y en general de lo que fuere, es lo que les permite a estos inadaptados -que no participan de ninguna de las propuestas que entusiasman a las masas ni a las mayorías en esa década- pasar las horas sintiendo que encontraron un sentido por un rato. Yo diría que es el sobre-diagnóstico como analgésico o amortiguador de la vacuidad. Así que no hay generosidad alguna en la restitución o, mejor dicho, en la invención de una historia para este cadáver con el que, de manera accidentada, este personaje se encuentra.
- El protagonista dice, por un lado, que se convirtió en escritor para poder dar una respuesta a un policía si le pregunta su ocupación y, por otro, para contar las cosas en lugar de vivirlas. Como escritor ¿qué opinión te merece esta idea?
- La afirmación del personaje respecto de la escritura, como persona, en cierto modo me identifica por dos motivos. Uno, porque acabo de decir como persona y no como escritor; es decir, creo que en general en las disciplinas artísticas es difícil legitimarse socialmente desde la enunciación de la actividad. Así que, es casi un juego irónico interno que el personaje crea que puede ser tranquilizador para un policía decirle "soy escritor"; sólo puede ser tranquilizador frente a otras opciones más vagas de contestación o más alarmantes, como decir "soy prófugo", "soy abusador" o "no sé bien que soy". En ese sentido, es un juego irónico. Respecto del contar las cosas en vez de vivirlas creo que esa es la gran comodidad y la gran impunidad del escritor y de cualquier persona que participe en un proceso de creación artística. El inventar en vez de vivir, el ponerse en el lugar del creador -es decir, en el lugar del verdugo o en el lugar de quien planifica la sentencia- es más cómodo que ponerse en el lugar de quienes protagonizan la escena.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en septiembre de 2008.
Se autoriza la reproducción total o parcial del material de Cuentomilibro.com siempre y cuando se cite la fuente.
nunisa dice:
16/07/2009 - 09:06 AM
|
Esta entrevista es muy buena, pero la música molesta.
Venezuela
|