Margarita García Robayo
Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza
Editorial: Planeta
Publicación:
ISBN: 978-950-49-2090-8
Rina, Julia, Miriam, Sofía, Susy, Diana, Beatriz, Mary y Lili: nueve mujeres, nueve formas de entender el mundo. Las historias encadenadas que componen Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza peinan a contrapelo la literatura hecha para mujeres a fin de posicionarse como literatura hecha por mujeres. Por mujeres que en su día a día tiñen lo cotidiano con los tonos del amor, del desamor, de la pérdida, de la amistad, de la soledad, de la monotonía que se impone como marco salpicado con destellos de gracia. Y es que Margarita García Robayo hace de su escritura un instrumento capaz de rastrear en los detalles mínimos aquello que sostiene el andamiaje de un universo entero. Por eso sus personajes son tan vitales, tan orgánicos, tan afectadamente naturales. Por eso estas historias se sostienen en una prosa ágil y precisa, en sintonía con aquello que cada una de las mujeres le reclama a su relato, y que hace de este primer libro de la joven escritora colombiana una buena -y fresca- noticia en un mapa narrativo agotado por el hábito y la repetición.
Título: Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza
Autora: Margarita García Robayo
Editorial: Planeta Argentina
ISBN: 978-950-49-2090-8
Publicación: Junio, 2009
Cantidad de Páginas: 131
La autora
Margarita García Robayo nació en Cartagena, Colombia, en 1980. Desde 2005 vive en Buenos Aires, donde escribe la columna "La ciudad de la furia" en el diario Crítica de la Argentina. Para la edición digital de Clarín, creó el blog "Sudaquia: historias de América Latina", y colaboró en revistas de crónica como Soho y Gatopardo. En su ciudad fue columnista de cine, profesora de análisis fílmico y coordinadora de proyectos en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza es su primer libro.
-¿Cómo definirías tu libro?
-Creo que es un libro que se vale de personajes que son como funcionales para hablar de ciertos temas que me parecen un poco difíciles, como la soledad, la incomprensión y temas que afectan ciertos universos, en este caso el universo femenino pero que pueden extrapolarse también hacia otros universos, otros contextos. El libro es un mecanismo para hablar de un universo muy particular.
-¿Cómo fue la elección del tono del libro?, porque pareciera que son textos que no tienen geografía.
-Sí, en realidad fue bastante azaroso, porque el libro se me ocurrió hacerlo en un momento que recién había llegado a Buenos Aires y no tenía muy claro que quería hacer en términos de narrativa y me parece que me gustaba la idea que fueran historias híbridas en cuanto al lenguaje, a los personajes y a los escenarios. Que no revelaran mucho del espacio porque eso me permitía olvidarme un poco de esa parte escnográfica y hablar de las sensaciones y de las cosas que estaban más sugeridas que dichas, que era básicamente la intención del libro: sugerir ciertas cosas, sugerir a partir de escenas particulares que podían ocurrir en cualquier lugar.
-En ese sentido es que son historias de mujeres pero a las que no presentás o no describís.
-Sí, creo que sí. Me acuerdo de algo que me dijo alguien que leyó el libro, que los personajes o las historias eran como puntas de iceberg pero que la verdadera historia era esa suerte de pantano denso en la que se erigían esas historias y creo que en parte es el tipo de literatura que me interesa, tanto como lectora como escritora, tratar independientemente de los personajes, y por eso digo elegí personajes femeninos porque me eran funcionales para hablar de eso. En efecto, es como una mirada que pasa por encima de ciertas situaciones elegidas para después profundizar en un tema mucho más amplio.
-Por ejemplo de ninguna decís la edad, la propia historia nos va dando la idea de cómo son
-Es verdad y lo de la edad fue algo que ni siquiera me lo propuse, es como que no me interesaba decir cuantos años tenía o ciertas cosas para las que eran importante decir si era linda, fea o caderona o que le quedaba mal un vestido, ese tipo de cosas elegía decirlas pero el tema de la edad o del aspecto físico no. Me di cuenta después, cuando terminé las historias estas cosas que hacen las Editoriales que uno se me acercó y me dijo "bueno pero en que rango de edad están las protagonistas" y en el rango que quieras, no tengo ni idea, ponle la edad que quieras. No fue algo que me interesó.
-Que cada lector las imagine como quiera.
-Y eso me gusta porque cuando la gente lee el libro y me da su feedback, su devolución, para todo el mundo tiene algo que no pensé, algo distinto sobre algún personaje o sobre todos los personajes, hay gente que se imagina que la chica que es caderona, te dicen esa es linda pero bueno tiene este complejo. ¡¿Cómo saben que es linda?! La gente se imagina los personajes a partir de cosas tan mínimas, tan menores que a una le da y que hagan toda esa construcción. Tú le das, al fin de cuentas al lector como un imput para que luego ellos después se armen sus historias y eso me parece que está buenísimo.
-Cuándo uno lee las primeras historias parecen inconexas, como que una no tuviera que ver con la otra y con el transcurso de la lectura se van hilvanando unas con otras, ¿Es así?
-Sí, porque el orden de los cuentos, aunque no estén vinculados entre sí, siempre es como todo un tema, como entra, como transcurre, siempre los libros de cuentos están como hilvanados de alguna manera y al final te tiene que quedar como una sensación de que lo que te quisieron contar es esto y esto otro, me gusta ese mecanismo con los cuentos. Y en este caso me parecía que los vínculos tenían que ser un valor agregado, pero que no podía ser lo definitorio del libro, osea no quería que sea primero la vecina, luego la otra vecina, luego la madre, la hija
me parecía como demasiado obvio y me parecía lindo que el lector hiciera como toda esa costura y que eso no marcara del todo el libro pero que ayudara a la sensación general que quería que generara el libro y por eso no los puse como en orden.
-Pero al final hay como un cierre, como una pieza única.
-La chica que ve a la vecina y que siente
sí, en realidad hay un elemento que es muy recurrente a lo largo del libro que son las ventanas, como un mirar a través de ventanas escenas que transcurren afuera y que pueden o bien complementar o simplemente ambientar un relato determinado y el hecho que terminara con alguien mirando por una ventana en una escena que te remitía a otro cuento del principio me parecía como un lindo cierre porque te daba una sensación de unidad, entonces aunque no empecé con el que se cierra al final, sino que está segundo o tercero me parecía como que la frase de ese final daba la sensación de cómo que había algo que se cerraba.
-¿El otro elemento recurrente es la tele?
-Sí, esto es algo de lo que últimamente he hablado mucho porque es algo que llama bastante la atención. Para mí es algo tan natural, yo crecí viendo televisión, mi madre encendía el televisor y todo el día en mi casa estaba encendida y cuando la apagaba después de la telenovela de las nueve era como que venía el silencio y venía todo lo que no me gustaba: acostarme a dormir, ir al colegio al día siguiente. La tele fue siempre como una presencia recurrente y me gustaba eso de que la tele estuviera ahí, aunque no la estuvieras mirando y en los cuentos pasa un poco eso: esta ahí, es una presencia que está y que en algunos cuentos es como una presencia opresora también. Porque creo que la tele, independientemente de que los relatos contemporáneos pasan muchos por los relatos televisados, para muchas personas la tele es una compañía. En el primer cuento esta mujer vive su vida a través de lo que le ocurre al personaje del programa de concursos, y creo que es algo bastante evidente en el mundo contemporáneo y que es como una presencia que está ahí porque te ayuda, aunque en determinados casos también te oprime.
-¿Qué pensás que une a estas nueve mujeres?
-Lo más fácil sería decir que la soledad, que todas están solas, que terminan solas pero es mucho más que eso, es esta sensación de desarraigo, de cierto vacío, que sus vidas están tejidas por elementos que en cualquier momento pueden derrumbarse, la espera. Hay mucha espera a lo largo del libro y relaciones que están como determinadas por esa espera de algo que nunca llega a concretarse del todo como es el caso de la chica que está en el programa de concursos y espera que le padre vaya y le diga sí está bien, si es linda y lista, esa especie de aliento que espera del padre que nunca sucede. Todas tienen algo de estar como esperando algo que al final nunca llega a concretarse, la no concreción de algo que esperas con tantas ansias hace como que la sensación final sea de vacío y me parece que ese es el tema que atraviesa todas las historias.
-¿Ese vacío es también una pintura de la época?
-Sí, creo que es muy contemporáneo. Creo que tiene que ver con el momento en el que empecé a hacerlo que fue en un momento de migración, de haber dejado y como estar muy a la expectativa de que iba a pasar. La mitad de las cosas que esperaba que sucedieran no sucedieron, es como esa sensación de desarraigo, de sentirte que no puede aferrarte mucho a nada porque es frágil.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires, julio de 2009.
Se autoriza su reproducción total o parcial, en tanto y en cuanto se cite la fuente.
Daniela M dice:
22/08/2009 - 10:48 PM
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Margarita, divina, un placer leerte y conocerte. Te leo en Critica y ahora fui feliz con tu libro
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Gerardo dice:
28/08/2009 - 07:37 PM
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Qué linda es Margarita, ese hoyuelo que se le hace me mata. No he leído su libro, fui a la Santafé pero estaba agotado. Espero que tengas muchos éxitos, además de linda parecés una chica inteligente y sensible. Qué bueno estos sitios que apoyan el talento joven, de otra manera sería difícil enterarse de que existe. Gracias, saludos.
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