Matías Capelli
Frío en Alaska
Editorial: Eterna cadencia
Publicación: 2008
ISBN: 9789872426644
Cada mes, Lekman ordena los tickets de compra que Fernanda le envía desde Inglaterra para que los presente en la fundación que la becó por "un año o dos". Por lo general, lo hace sin pensar, pero a veces encuentra algo que le provoca una punzada en el pecho: una incertidumbre que sobrevolará los cuatro relatos de este libro.
Entrevista a Matías Capelli, Frío en Alaska, Eterna Cadencia, septiembre 2008.
ISBN 978-987-24266-4-4
Matías Capelli nació en Buenos Aires en 1982. Es editor de la sección sobre libros y arte de la revista Los Inrockuptibles, edición argentina de la original francesa. Frío en Alaska es su primer libro.
- Soy Matías Capelli y cuento mi libro, Frío en Alaska.
- Formalmente, ¿cómo podrías definir al libro? ¿Son cuentos, fragmentos, una novela? ¿Qué es lo que une a los capítulos?
- Es un poco difícil para mí definir si es un libro de cuentos o una novela; por suerte ese es un problema que queda más en los lectores, así que en ese sentido me gusta que esté ahí en el medio, que genere cierta incertidumbre. Inicialmente, iba a ser un libro de cuentos, un poco más largo, y después terminé sacando varios que quedaron afuera y dejé los cuentos que más me gustaban y que compartían cierta atmósfera común y con el mismo protagonista. Y creo que eso es lo que le da, aunque sea estrictamente relato, una oscuridad que hace que muchos lo lean como una novela.
- La unión entre cada capítulo se produce por la presencia de Lekman, el personaje principal, pero también se podrían unir los capítulos a través de un viaje del protagonista que termina en Alaska.
- En el caso de Lekman, que es el protagonista de los cuatro relatos o el protagonista de libro, me gustaba también que quedara cierta ambigüedad en alguno de ellos y que no se terminara de saber si es él o no, aunque es bastante evidente después de la lectura, pero me gustaba se fuera construyendo a medida que iban pasando los relatos y que quedara esa duda en el lector acerca de si es el mismo personaje o no.
- El libro comienza con un capítulo que se llama "Principio de incertidumbre" y cuenta cómo Lekman va recopilando los tickets que le manda su novia desde Inglaterra. De esta manera, Lekman mide el tiempo por los supuestos recorridos de la vida de su novia y su tiempo comienza a ser incierto y deja de vivir su propia vida. La inactividad de Lekman ¿puede explicarse por el principio de la física, que da título al relato?
- En el primero de estos relatos o capítulos, que se llama "Principio de incertidumbre", a mí me interesaba jugar con la cuestión de la incertidumbre desde dos lugares. Por un lado, está esta idea de la epistemología, en la cual el investigador con un fin observa y modifica el objeto observado y, a partir de eso, se me había ocurrido la relación amorosa entre un artista y una chica que se dedicara a la crítica de arte. Un poco jugar por ese lado. Y después, efectivamente, la incertidumbre está presente en la actitud de Lekman que va reconstruyendo la vida de Fernanda, su ex novia -aunque tampoco está del todo claro si terminaron o no su relación y el protagonista tampoco está seguro. Entonces, ella le manda los recibos, porque está viviendo en Inglaterra por una beca, y él tiene que presentar esos tickets para justificar sus gastos. Lekman, mientras los ordena y los clasifica, empieza a reconstruir su vida. De alguna manera él cree que sabe más sobre ella y su vida en Inglaterra, aunque esté a la distancia, que cuando vivían juntos en Buenos Aires. Pero en algún momento se da cuenta que no sabe mucho, porque ella le confiesa que, en realidad, trata de juntar recibos para cubrir más o menos la cantidad de plata que gasta, y le aclara que no se guíe demasiado por eso. Entonces, ahí se da ese crack que sufre Lekman en un momento, y es cuando aparece la incertidumbre.
También creo, hablando de la incertidumbre, que el libro fue mutando y fue variando a medida que pasaba el tiempo; no tenía una idea demasiado clara y, en general, cuando escribo trato de tenerla pero nunca la tengo; y a veces me doy cuenta de que es mejor escribir desde el no saber o de la incertidumbre e ir viendo que resulta.
- Lekman es una persona inactiva. Sin embargo, le suceden "accidentes": el episodio del chino atropellado o el del vagabundo al cual Lekman le rompe una botella en la cabeza y que nunca queda claro el porqué y ni cómo termina. ¿Se pueden explicar estos "accidentes inciertos" como los que dan vida a Lekman?
- Lekman es un tipo raro. Es artista, pintor, joven, bastante talentoso y, cuando empieza a darse a conocer, le va muy bien y se le abren muchas puertas. A mí me interesaba llevar al extremo problemas de comunicación o de interacción que él tiene con su entorno; por momentos termina siendo casi autista y se deja arrastrar por el curso de las acciones: lo suben a un auto, lo llevan por la ciudad, él no termina de entender ni de plantear qué es lo que quiere, etc. Pero, sobre todo, me gustaba la idea de combinar los rasgos de ese personaje -que es bastante apagado, gris- con su afición por al arte y que no cayera en el estereotipo del artista apasionado, sino que justamente me gustaba la idea de criticar o de reírme un poco del estereotipo del artista. Ahí también está la incertidumbre.
- Esta incertidumbre del libro está potenciada también por la interrelación permanente entre sueño y realidad, que configura la atmósfera del relato.
- A medida que avanzan las páginas, me interesaba que se fuera desdibujando, cada vez más, la separación entre el sueño y la vigilia, hasta que ya casi no se pudieran identificar. Los primeros capítulos son más lineales pero, a partir de tercer relato, la idea que tenía es que siempre estuviera puesto en duda si lo que está pasando es realidad o sueño, no a partir del recurso fácil de "era todo un sueño", sino ir mezclando cosas. Me parece que también tiene que ver con esta personalidad que quería desarrollarle a Lekman de alguien tan metido hacia adentro o tan poco comunicativo, que hiciera que el lector terminara metido en su cabeza y, casi orgánicamente, ir pasando del sueño a la vigilia todo el tiempo.
- El segundo capítulo, "Sólo estás sangrando", nos presenta una segunda persona singular. ¿El autor le habla a Lekman o es una experimentación para jugar con las personas narrativas?
- El segundo relato del libro, que tiene la particularidad de estar escrito en segunda persona que no es por ahí el recurso más habitual, en principio cuando lo empecé a escribir casi la única certeza que tenía era que quería escribir algo en segunda persona. Al mismo tiempo, a medida que iba encontrando un poco sobre que hablar, me daba cuenta que funcionaba, de que me gustaba cómo funcionaba. Me gustaba la idea de que pudiera ser tanto el autor el que le está hablando al personaje, como la propia conciencia del personaje o una voz interior que le estuviera todo el tiempo remarcando sus acciones y casi agobiándolo. Este es un relato en el cual va a la casa de la madre, que hace varios años que no ve, y es como una vocecita insistente que está todo el tiempo remarcándole lo que debe hacer. Y por algún motivo me gustó.
En el resto del libro, los narradores son más tradicionales y sentí que era un poco arriesgado escribir en segunda persona, pero creo que le da cierta intensidad. En todos los relatos, creo que los narradores, las voces, son distintas y me gustaba eso de ir experimentando. Al no ser una novela propiamente dicha o una nouvelle más unitaria, sino formada a partir de relatos, me gustaba la idea de ir probando con distintas voces.
- La segunda persona también le da un tono intimista al relato y es justo el capítulo en el cual Lekman vuelve a la casa materna después de mucho tiempo. El título "Sólo estás sangrando", ¿podría relacionarse con la herida, con el sentimiento de pérdida que experimenta el protagonista al descubrir que su lugar ha sido ocupado?
- El segundo relato -como contaba- trata de la vuelta de un hijo a su casa, a su familia, a una nueva familia que formó la madre con la hermana y su pareja y sus hijos, en el cual él está completamente descolocado. El recurso de la segunda persona también me gustaba por la idea de que, además de crear cierta intimidad -que es un poco lo que trata este relato-, me dio la posibilidad de jugar con el tiempo cronológico, ya que quería también crear la sensación como de infantilidad, que Lekman fuera más chico de lo que parece en el resto del libro. Jugué un poco con esa idea de que cuando uno vuelve a la familia o cuando está frente a la madre, es siempre como un chico, aunque hayan pasado muchos años y muchas cosas, el rol se mantiene. Muchas personas me dijeron que parece más chico en este cuento, y me gustaba un poco crear esa incertidumbre o esa duda, pero más porque creo que uno en la familia queda en una edad fija, y aunque pasen diez o veinte años siempre es un niño.
- Ir a Alaska, ¿es alejarse? Y si es así, ¿de qué? O ¿es volver a lo nórdico, al origen?
- El último de los capítulos del libro, que se llama "Frío en Alaska" y que es el que da nombre al libro, surgió también de una forma bastante extraña. Tenía la frase "Frío en Alaska" creo que antes de empezar a escribir el libro y fue dando vueltas. A partir de esa frase, desarrollé un poco la idea de este viaje a Alaska -que no es Alaska, en Estados Unidos de Norteamérica, sino que es como un pueblo que no se termina de saber dónde queda. A mí me gusta la idea de pensar que es como un lugar imaginario, como un balneario boliviano, por ejemplo. En los otros relatos el tema del viaje está presente, pero se constituye como la deriva urbana. En cambio, en este caso el viaje era como una fuga, un llegar hasta la costa del mar en un lugar que es un balneario de mala muerte con este nombre tan raro. También, me interesaba esta ironía de los nombres: un lugar -como Alaska o, por ejemplo, París-Texas- tan perdido en la nada pero con un nombre que tiene una resonancia muy fuerte.
Como decía, Lekman es un personaje al que le cuesta mucho entender qué es lo que le pasa, y no quería que el desenlace del libro fuera, tal vez, como una revelación o como una epifanía, sino todo lo contrario: resolví que terminara en ese pueblo sólo y se pusiera en evidencia la angustia por la que está atravesando. El viaje me parecía como una fuga que llevaba a Lekman al borde del precipicio, no por un impulso suicida, sino como una vía de escape de algo indeterminado.
Con respecto a la vuelta al origen, es evidente la relación con su nacimiento: Lekman nació en Noruega, pero vivió desde muy chico en Buenos Aires y en el libro también aparece, me parece, la cuestión de la extranjería. En este pueblo Alaska hay un restaurante ruso; en los otros relatos, se habla de los coreanos y los chinos en los supermercados; en el primer relato está la cuestión de los artistas extranjeros que desarrollan su carrera en otro país. La cuestión de la extranjería no fue algo premeditado, sino que me fui dando cuenta de que también el descoloque o la imposibilidad de conectar que tiene Lekman, tal vez, tenía que ver con la cuestión de ser extranjero, aunque biográficamente sea un dato menor el que haya nacido en otro país. Pero digamos que él todo el tiempo es extranjero estando en su barrio; es extranjero yendo a visitar a su familia, etc., y nunca termina de encontrar su lugar. Y esa era un poco la sensación que quería transmitir.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en octubre de 2008.
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