-¿Este libro es deudor de aquella la famosa crónica de Osvaldo Soriano sobre RobledoPuch?
-No sé si es deudor de la crónica de Osvaldo Soriano pero fue el texto que a mí me inspiró para escribir el libro. La crónica fue incluida en una antología, Artistas, locos y criminales, fue un texto que le pidió Jacobo Timerman a Soriano cuando trabajaba en La Opinión, le pidió que escriba la mejor crónica sobre Robledo Puch. Soriano se encerró tres semanas en su casa, investigó, leyó todo lo que se había escrito sobre Robledo Puch y aún hoy sigue siendo lo mejor que se ha contado y escrito sobre este asesino. Me sirvió esa crónica y además, al haber conocido a Osvaldo Raffo, un perito forense que trató a Robledo en 1972 , él me introdujo en la historia de Robledo Puch y empecé a investigar, a leer los diarios de la época, por ese entonces en 1972, 1973 se publicaban hasta cinco o seís páginas por día, por ejemplo en Crónica. Y después vino lo más difícil que fue haber tomado contacto con Robledo Puch.
-¿Cómo fue ese acercamiento?
-Acercarme a Robledo Puch no fue fácil. Durante cinco años gestioné pedidos de entrevistas ante el Servicio Penitenciario Bonaerense, intenté llamarlo, hablar con su abogado defensor. Él rechazaba todos los pedidos porque odiaba a los periodistas pero cada tanto salía a hablar o daba alguna entrevista a algún diario. Pero fue estando en Crítica de la Argentina que le envío una carta, que eso me sirvió un poco para sortear la burocracia del Servicio Penitenciario Bonaerense, y él me contesta, me escribe a mi casa y me dice que me va a dar la entrevista por dos razones, la primera es porque su abuelo materna leía el viejo diario Crítica y además porque admiraba a Jorge Lanata que por ese entonces era el Director del diario. A partir de ese momento lo entrevisto y me recibe como visita, en total fueron ocho encuentros durante un año en la cárcel de Sierra Chica.
-¿Cómo fue tu primer encuentro con él?
-El primer encuentro con Robledo Puch fue el más sencillo porque a ese encuentro yo fui con fotógrafo, fue la entrevista más formal y Robledo estaba vestido elegantemente, fue más cordial de lo que resultó ser en los encuentros posteriores, pero más que nada fue encontrarme con una leyenda negra del crimen, una persona de la que se ha escrito y se ha dicho todo (que era incapaz de amar, que era un asesino por placer). El primer encuentro fue darme cuenta de algo que resulta obvio pero que en ese momento me pasó que hay una persona que sufre, que está atormentada, más allá de todo lo que ha hecho que fue terrible.
-Llevás muchos años cubriendo policiales. ¿Cúantos?
-Empecé en el 95 en El Atlántico, en el 98 ya empecé a cubrir casos policiales, “el loco de la ruta” que fue la saga policial que en realidad más que un asesino serial fue un invento de la Policía de Mar del Plata. -Te preguntaba, porque imagino que para alguien que cubrió todos estos años policiales estár frente a Robledo Puch debe ser un desafío superlativo. -Al ser el asesino más famoso vivo -el petiso Orejudo que mataba en 1912 murió- Robledo es como una leyenda negra viviente y fue muy importante porque como periodista policial siempre me interesó su historia y quería conocerlo y quería tratar de, al menos, entrevistarlo. Pude conseguir eso, pude tratar de conocerlo, imposible descifrar porque mataba y la verdad que en mi carrera como periodista policial considero que fue muy importante y, sobre todo, conocer la historia y tratar de desentrañar por qué el mató. El libro, lamentablemente, eso no lo pude revelar pero al menos traté de contar la otra cara de Robledo Puch, el costado más humano que nunca había sido contado.
-Elegiste narrar en primera persona que también es protagonista de lo narrado. ¿Por qué y cómo es la estructura que planteaste para el libro?
-El libro tiene partes de biografía, no es una biografía pura, por el hecho que está la primera persona y porque hay una narración que por momentos tiene elementos literarios. La primera persona me costó utilizarla, en su momento me aconsejó Cristián Alarcón que la mejor manera de introducir a Robledo Puch cara a cara conmigo era estando yo, contando que era lo que me pasaba. Considero que no hay un abuso de la primera persona en el libro porque hay momentos en que yo cuento los crímenes y ahí utilizo la técnica del presente histórico -que es como escribe Robledo- y como que los crímenes están ocurriendo en el momento en que uno los está leyendo. Además hay una especie de relato coral de distintas personas que han conocido a Robledo, entre ellos compañeros de celda, familiares, familiares de víctimas y también los peritos que lo han examinado.
-Trabajaste el texto de una manera que tampoco es ni lineal ni cronológico, de manera que eso hace que tenga un atractivo literario adicional.
-Eso fue bastante complicado encontrar el tono. Había un problema: era la historia de una persona que lleva en la cárcel treinta y ocho años, además tenía que contar once crímenes sin que resultara tedioso, para eso contaba con un expediente amplísimo, de dieciocho cuerpos y además tenía el presente de Robledo y estaba yo como personaje. Entonces la manera más amena que se buscó para que sea atractivo al lector fue intercalar, ir al pasado, volver al presente, escribirlo en primera persona, ir a los crímenes, no hay una estructura lineal, por momentos hay flashback y los últimos capítulos ya es más presente porque ya es más la actualidad de Robledo y los últimos encuentros.
-Y elegís terminar el libro con un texto de él.
-El último capítulo, que es el epílogo, fue idea de Daniel Guebel que fue el editor del libro, yo al principio dudaba además estaba tan metido en la historia que me costaba pensar cual podía ser el capítulo final o el epílogo y a Guebel se le ocurrió que como Robledo me había enviado cuarenta y cinco cartas, hay cartas que tienen como quince carillas, dibujos y como es un personaje con algunos momentos de lucidez –los menos- y con muchos momentos delirantes, de hecho él se cree el sucesor de Perón, pensamos incluir ese capítulo con fragmentos de cartas, es escrito por él, no está editado porque Robledo no tiene faltas de ortografía, más allá de sus delirios tiene buena sintaxis, entonces la mejor manera fue haber publicad su epílogo a modo de soliloquio o descargo de Robledo Puch.
-¿En toda esta investigación, te pudiste llegar a armar una idea concluyente de quién es Robledo Puch?
-Yo hubiese seguido con este libro cinco o seis años más, estaba prácticamente obsesionado y cuanto más creía conocer a Robledo menos lo conocía. Así como él fue asesino múltiple, es una persona con una multiplicidad notable y en el libro busqué eso, dejar más librado a la interpretación. Hay gente que me dice lo leí y me genera odio y también pena y tristeza, hay otra gente que le genera aún más odio que el que le tenía antes, otra gente dice ¿habrá sido él? Es como que genera distintas interpretaciones, si bien no lo busqué, prefiero que haya sido así y no yo mismo decir esto es así y contar de una manera firme o certera, eso me satisface porque no fue la idea pero si ocurre eso es mejor.
-Como fue tu relación con Robledo durante este tiempo de investigación, como fue ese intercambio de cartas y el momento en que a pesar de lo trágico del relato te permitís el humor cuando lo vas a visitar y recibís lo que él te cocinó.
-El delirio de Robledo… por un lado en el libro está presente el testimonio de familiares de víctimas, es una historia terrible. Y si bien buscaba tratar de humanizarlo, una persona por más mala que sea tiene un costado humano y una persona por más buena que sea tiene un costado oscuro. Y hay momentos de humor que los aporta Robledo y ahí incluye la primera persona: un día yo lo visito y me cocinó un matambre que el me lo regala, yo lo llevo a mi casa y mi novia, que ya estaba preocupada y molesta porque mandaba cartas al edificio donde yo vivía, los vecinos estaban preocupados, que relación tenía con Robledo, si era cómplice, si era familiar y eso generó toda una historia que era una sátira prácticamente. Y bueno, fui con ese matambre y mi novia me obligó a sacarlo de la heladera y a tirarlo o regalarlo, eso es una licencia que me permití, más allá que es una historia trágica.
-Hay distintas hipótesis de Robledo como asesino, en el libro están todas y de ellas la que más me llamó la atención es aquella que habla de Charles Manson. ¿La contás?
-La hipótesis de Charles Manson surgió cuando investigaba a Robledo Puch, en su momento se lo mencionó, cuando él comete los crímenes ya se conocía acá la saga criminal de la familia, como se la llama a la secta de Manson que había cometido varios crímenes. Me llamó la atención y lo consulté con un perito siquiátrica que me dijo que no era descabellado, me llamó la atención las coincidencias que había entre Robledo y Manson que eran notables: se creían profetas, admiraban a Hitler, consideraban a la mujer como un ser inferior, se proclamaban sucesores Manson de Nixon y Robledo de Perón, decían que se venía el fin del mundo, tenían una visión apocalíptica de la vida, también anunciaban una guerra, Manson entre negros y blancos y Robledo entre presos y caníbales. Como en su momento no quedó claro porque mataba Robledo porque decir por placer es una simplificación, me puse a pensar que pudo haber tenido una influencia y más en una personalidad psicopática. El dictamen del forense Osvaldo Raffo es que Robledo fue un psicópata desalmado, pensé ir tras esa hipótesis y pensar que tal vez tuvo influencia de Manson pero hoy por hoy es improbable, es muy difícil de determinar eso.
-Del libro se puede desprender que la actuación de la Justicia en todo el proceso de Robledo tuvo puntos oscuros. ¿Es así?
-El caso Robledo Puch marca una especie de negligencia judicial, desde que comenzó todo este proceso él fue torturado en 1972 porque él no confesaba los crímenes, más allá de haber sido el autor yo no estoy diciendo que fue inocente porque él mató a esas personas, yo sospecho que mató a muchas más. Pero a él le sacan la confesión bajo torturas en la Comisaría Primera de Tigre, que años después fue Centro clandestino de detención durante la dictadura militar, y quizás sino hubiese existido esa confesión hoy Robledo estaría libre y quizás hubiese matado a muchas más personas. En todos estos años la Justicia, y cuando digo la Justicia es también el Servicio Penitenciario Bonaerense, a Robledo no se le enseñó ningún oficio, no se lo motivó para que estudiara. En 1973 él se fuga y cuando lo recapturan en La Plata él sufre todo tipo de vejámenes, tampoco se lo protegió, las pericias psicológicas que se le han hecho, salvo la primera que fue la más completo, son insuficientes, esto dicho por los mismo jueces que ahora analizan su libertad. Los camaristas dicen no te vamos a liberar, probablemente nunca te liberemos y el argumento que dan, uno de los argumentos, es porque sigue siendo peligroso, porque no aprendió ningún oficio, porque no estudió y son tres elementos que él no pudo lograr porque no hay un sistema que lo contenga ya sea judicial o penitenciario.
-Uno de los testimonios que está en el libro es el de uno de los presos más famosos de la Argentina que dice que le han hecho cosas terribles en la cárcel.
-Uno de los testimonios que da cuenta de estos abusos y maltratos que sufrió fue el de Luis “el Gordo” Valor, el líder de la super banda que robaba camiones blindados que fue compañero de él en 1973 en La Plata y que fue testigo de esos ataques, no es que se los contaron y últimamente en Sierra Chica vivió en un pabellón vecino al de Robledo. Otros presos han afirmado esta cuestión y también investigadores, ahora la Justicia jamás lo investigó y es como que lo han dejado librado al azar, él denuncia esto, también denunció las torturas y jamás se investigó, más allá que gente que ha estado en ese proceso judicial me contaron para el libro en off the record que estas torturas y abusos existieron.
-Otro punto del libro es el motín de Sierra Chica. ¿Cómo lo vivió él?
-Hubo varias versiones al respecto, lo que dice él es que se quedó en su pabellón, que es el pabellón diez, el llamado pabellón rosa de homosexuales y que durante los ocho días que duró el motín en la que los Doce Apóstoles, esta banda que mata a ocho presos, Robledo dice que se quedó encerrado. Ahora, la versión que se acerca más a la realidad, es que él logra escapar de ese pabellón y corre con una Biblia abajo del brazo y con una faca en la otra corre hacia la Parroquia y está los ocho día en la Parroquia y a él no le hacen nada, aunque hay otras versiones que dicen que fue maltratado durante el motín.
-Hay un personaje del libro, que es un compañero de la cárcel de Robledo al que llama Caballo.
¿Es esa la única persona con quién se relaciona? -Robledo Puch es una persona que ha tenido pocas relaciones durante todos estos años. Durante el año que yo lo visité fui la única persona que iba a verlo, sus padres murieron y Caballo que es el apodo de su amigo, se podría decir que es la única persona con la que tiene contacto, más allá que días que habla con los guardia cárceles, toma mate, habla de las bondades del tulipán, habla de la segunda guerra mundial, pero sí Caballo es como un amigo que él tiene en la cárcel y yo creo que Robledo se ve reflejado en él, porque Caballo también ha matado y tiene una condena por reclusión perpetua. Los dos creen que nunca van a salir de la cárcel.
-Sobre el final de libro publicás una entrevista que le hiciste a Raúl Zaffaroni que tiene una visión particular y crítica. ¿Cuál es?
-Lo que dice Zaffaroni es que nadie puede estar de por vida en una cárcel. Robledo ya lleva treinta y ocho años preso, hoy es el preso más antiguo del país. Y la duda, el dilema es si Robledo sale en libertad, que quizás algún vericueto legal, él ya cumplió condena, la reclusión perpetua por tiempo indeterminado fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema. La pregunta es si Robledo sale en libertad, ¿va a matar otra vez o no? Lo que dice Zaffaroni es que, por un lado, no se puede hacer futurología, no es que dice que debería ser liberado, simplemente dice que se deberían profundizar los estudios y tratar de examinarlo para tratar de saber si está en condiciones de salir. Lamentablemente los estudios que se le han hecho últimamente han sido inconsistentes e incompletos. Creo que ningún Juez se animaría a firmar la libertad de Robledo, es un símbolo negro del crimen, ha matado once personas en menos de un año y cuando a él lo condenan el 27 de noviembre de 1980 en San Isidro, se van a cumplir treinta años en pocos meses, Robledo lanza su propio veredicto: cuando salga los voy a matar a todos y esa amenaza aún se escucha en los Tribunales de San Isidro.