Romina Doval
Desencanto
Editorial: Mondadori
Publicación:
ISBN: 9789876580328
Suena el despertador y una novela comienza. La novela en que los personajes deben cumplir el homenaje rutinario de estar vivos. De ahí en más, la serie aplicada y definitiva de lo cotidiano: una novela no es un tratado de filosofía. Es acción, intriga, locura. Irse, como pedían los poetas del amor y la furia. Huir. Tras la tranquilidad aparente con la que los hechos ocurren, la autora descubre en esta narración el lirismo notable de la aventura, el hilo tenso con que la vida va proyectando sus espejismos líricos, el mundo real que habita la ficción, esperanzadamente. Con rabia, con emoción, con alegría, con horror y con calma, Desencanto encuentra, respirando literatura, una forma singular y atractiva: el ritmo novedoso pero no sorpresivo, regular pero no monótono de contar una historia en la que permanecen, entre la existencia y el anhelo, los elementos con nombre propio más importantes de la vida.
La autora
Romina Doval nació en Buenos Aires, a fines del año 1973. Es docente y traductora literaria. Publicó Signo de los tiempos, libro de cuentos distinguido con el premio nacional Estímulo a la Creación Literaria y Teatral de la Secretaría de Cultura de la Nación en el año 2000. En 2004 ganó el premio Ciudad de Arena de género fantástico. Sus cuentos y notas han sido publicados en revistas y antologías tanto nacionales como extranjeras. Residió en Francia durante diez años y actualmente vive en Buenos Aires. Desencanto, su primera novela, obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes 2007.
-¿Contanos como es la estructura del libro?
-Es una primera persona y la novela tiene dos partes y un epílogo. En un relato en primera persona para una novela es bastante dificil sostener una tensión, sobre todo que es un personaje central y que hay muy pocos personajes secundarios. La estructura es una estructura prácticamente lineal con muy poco flashback y es en un período acotado.
-¿Y cómo son esas dos partes de la novela? ¿Cómo y por qué está dividida?
-La primera parte es una suerte del panorama del conflicto del personaje, que fuga, tiene una patología bastante particular: se fuga, pierde la memoria de lo que hizo y después vuelve a su vida. Es un poco el planteo de los conflicto que en la seguna parte van a estallar, porque la segunda parte empieza con una fuga, se cuenta una fuga. En la segunda parte todos esos conflictos se van desarrollando y en el epílogo, de alguna manera, se cierra. Es una estructura clásica.
-En el comienzo decías que es muy difícil sostener una novela en primera persona, esa mochila la lleva la protagonista. ¿Quién esa protagonista que se llama Sara?
-Sara es una construcción como cualquier otro personaje, es verdad que mucha gente puede notarle un tono muy parecido al mío o una mirada, pero todo lo que le pasa al personaje lo invento, salvo alguna que otra anécdota que saco o lo invento a partir de cosas que escuché. Hay un tono o una mirada que tiene que ver con mi personalidad.
-¿Por ejemplo?
-El humor de Sara, la ironía, ese humor ácido desencantado, desagradable hasta intolerante que me sale fácil y elegí ese tono para estar con el personaje durante doscientas páginas del libro pero son unos cuántos años que una lo lleva escribiendo.
-Ella es una inmigrante argentina en España.
-Ella está exiliada en España y a su vez diría que vive un doble exilio, porque está en su exilio existencial que pasa mucho por las lecturas, ella se encierra mucho y lee y lee y también tiene una relación bastante particular, bastante rígida con el mundo y en el mundo entra su pareja, su terapeuta, su suegra, el mismo país que critica mucho. Creo que si el mismo personaje hubiese estado en la China no hubiese sido tan crítica como lo es con España. Dentro de todas esas problemáticas está la problemática del otro, es un personaje particularmente intolerante, eso es muy fuerte en la novela.
-Su novio es español y pareciera que ella corporiza toda su crítica a España en su novio y en su suegra.
-Sí, hay todo un tema que es el lenguaje, está el español estándar, el español argentino y esa lucha de poderes que hay entre los dos para ver que español predomina.
-Respecto de este tema puntual del lenguaje como lo trabajaste, siendo que la única que habla el español argentino es la protagonista.
-En realidad España es el segundo país que más conozco después de Francia. Cuando tomé la decisión de que la historia pase en España no me di cuenta que en realidad era un problema porque tenía que hacer hablar a todos los personajes menos al principal en español estándar y quería ser muy rigurosa porque me ha pasado leer novelas que hacen hablar a un argentino mal, que hacen poner el "che" donde no tiene que ir, y entonces si bien más o menos uno puede hacer hablar a un español, quise que la novela la leyeran españoles, que dos o tres la leyeran y me dijeran bueno esto está bien, esto no puede decir, que vean palabra por palabra.
-Lograste un tono coloquial español moderno.
-No quería caer en el cliché del gelipollas y el estereotipo del español, casi no hay expresiones españolas como las que uno utiliza para reírse de un español.
-Dirías que el único amor de Sara son los libros y la literatura decimonónica y que además está en una búsqueda constante de sí mismo. ¿Es así?
-Sí, la novela retoma deliberadamente dos temas que es el quijotismo y el bovarismo, que se juntan en algún punto. Siempre está en una búsqueda constante de sentido Madame Bovary y también con la idea de vivir la vida de los libros.
-Claro, por eso cada cosa que le ocurre apela a su memoria literaria.
-Sí.
-Pensás que en Sara sólo hay esa búsqueda o también hay cierta nostalgia.
-El tema de la nostalgia no está trabajado en la novela, no es el tema del exilio el que trabajo, de todos modos está un poco como esbozado, quizás simbólicamente con la luz o con el hecho de sus fugas, su última fuga que no es una fuga real, hay algo que quizás este reprimido en Sara pero no está sobre la mesa el tema.
-¿Qué expresan estas constantes fugas?
-Si supiera lo que expresan las fugas no hubiera escrito la novela, creo que siempre la escritura tiene que dejar un espacio de fuga para que el lector pueda completar el sentido.
-Y sus atribuladas sesiones de sicoanálisis.
-Las sesiones con el sicoanalista son las partes más absurdas de la novela, porque los roles se invierten, Hoffmann que está en el diván y Sara del otro lado. Hay un maltrato de ella hacia el psicólogo, es una relación bastante particular que no sé si es posible pero me gustaba no tocar el lado del sicoanalisis del lado serio, sino sería aburrido, sino desde un lado más lúdico y ver esta cosa absurda de querer cambiar la vida y no poder cambiarla, que es un tema que también está en la novela, se cambia pero no se cambia.
-Y sin embargo, ella siempre está volviendo a su psicólogo.
-Sí.
-¿Cómo es la relación de ella con Manuel, su novio español?
-Es una relación compleja para Sara, como ella que es bastante compleja, por suerte Manuel es una persona encantadora, porque sino hubiese sido más conflictivo para ella, pero me gustaba trabajar ese contraste entre un personaje muy agradable y muy amable como es Manuel, muy noble y ella que es la intolerancia, lo desagradable. Los opuestos que de alguna manera se complementan bien.
-Y en un momento aparece Amado.
-Amado es un personaje que ella necesita para hacer su novela a lo Madame Bovary, podría haber sido cualquier otro y ella lo tiene muy claro, no es más que eso.
-Ella dice en un momento "mi vida empezó a ser divertida".
-Claro, ahí empieza a sentir la aventura, empieza a sentirse en un libro.
-Pero está siempre en la búsqueda de la aventura pero nunca llega, hay una búsqueda que no se termina de concretar.
-Ahí está el desencanto.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires. Diciembre de 2009.
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