Antonio Orlando Rodriguez
Chiquita
Editorial: Alfaguara
Publicación:
ISBN: 9789870409892
Espiridiona Cenda, una joven cubana de sólo sesenta y seis centímetros de estatura, llega a la Nueva York de fines del siglo XIX con el deseo de triunfar como bailarina y cantante. Esta biografía imaginaria de un personaje real recrea con libertad y una fabulación ilimitada las aventuras y desventuras de Chiquita, una mujer seductora e independiente que llegó a convertirse en una de las celebridades mejor pagadas de los teatros de vaudeville y las ferias de su tiempo.
Entrevista a Antonio Orlando Rodríguez, Chiquita, Alfaguara, agosto 2008.
ISBN 978-84-204-7294-2
Antonio Orlando Rodríguez, premio Alfaguara de Novela 2008 por Chiquita, nació en Cuba, en 1956. Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Es escritor, editor y periodista. Es autor de la novela para adultos Aprendices de brujo (2002), de los libros de cuentos Strip-tease (1985) y Querido Drácula (1989) y de la obra de teatro El León y la Domadora (1998). Su bibliografía incluye también investigaciones literarias como Literatura infantil de América Latina (1993), Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe (1994), Puertas a la lectura (1993) y Escuela y poesía (1997). A lo largo de su carrera ha publicado numerosas obras para niños y jóvenes, entre las que se encuentran El rock de la momia, Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo, La isla viajera, ¡Qué extraños son los terrícolas! y La maravillosa cámara de Lai-Lai.
- Soy Antonio Orlando Rodríguez y cuento mi libro, Chiquita.
- ¿Cómo surge la idea de Chiquita y por qué elegiste este personaje tan exótico para contar su historia?
- Hay veces que uno busca a los personajes y hay ocasiones en que los personajes acuden a uno, lo sorprenden. Y este fue de esos segundos casos, porque una amiga me envió por correo electrónico la foto de una liliputiense cubana, una mujer de solamente 65 cm. de estatura, 26 pulgadas, que había sido una celebridad en el siglo XIX. Y me preguntó si conocía a este personaje. No solamente no lo conocía, sino que quedé fascinado con él; me di a la tarea de hacer una pequeña investigación: ¿quién era? ¿de dónde había salido esa Chiquita? Y descubrí que tenía todos los requisitos para ser la heroína de una novela, no sólo por su peculiaridad física -pues era una mujer perfectamente proporcionada, pero minúscula- sino porque traía en su equipaje la independencia, el temperamento, la libertad de acción y de pensamiento que uno sueña para la heroína de una novela de aventura. Y así fue, como un amor a primera vista, me deslumbró el personaje, me pareció muy atractiva la época por la que se movía -finales del siglo XIX, primeras décadas del siglo XX- y decidí dedicarle a Chiquita los siguientes cinco años de mi vida.
- ¿Cómo hiciste para trabajar, desde la ficción, este personaje histórico? ¿Con qué materiales trabajaste?
- Chiquita, que se llamaba Espiridiona Cenda - Espiridiona por el santo chipriota San Espiridión- es un personaje real, que nació en la ciudad de Matanzas en 1869 y vivió en Cuba hasta los 26 años de edad siendo una total desconocida, una persona muy privada. Cuando decidí escribir un libro sobre el personaje me di a la tarea de tratar de encontrar toda la información posible sobre él. Me di cuenta de forma muy rápida que no había muchos registros sobre su trayectoria vital. Esta mujer llegó a Estados Unidos en 1896, hizo una carrera increíble, se volvió una celebridad de los teatros de vaudeville, de los circos, de las ferias, pero después cayó el olvido sobre ella y era muy difícil conseguir información. Entonces, me tocó un poco volverme detective, revisar los periódicos americanos de la época, volverme un experto en subastas en Internet, en IBI; y así pude comprar fotografías de ella, un folleto biográfico que se publicó en Boston en un momento en el que ella tenía mucha popularidad. Y por supuesto, traté de visitar -siempre que fue posible- los lugares por los que ella se movió: Nueva York, Boston, París; un poco ir tras las huellas del personaje y de los espacios en los que había estado. Logré reunir bastante información sobre ella; sin embargo, no la utilicé toda, porque para mí era muy claro que no estaba haciendo una biografía, sino una novela. Aquello que me resultó decepcionante o que no cubrió mis expectativas lo deseché y le reinventé otra vida para esos episodios, porque se trataba -en última instancia- de una celebración de la ficción. Una cosa es Epiridiona Cenda, el personaje real, histórico, y otra cosa es lo que yo propongo en el libro, que es su reflejo literario, un traspaso al universo de la ficción. Mi personaje conserva rasgos y acciones del personaje original, pero obviamente no es la verdadera Chiquita.
- La novela presenta al personaje de Cándido Olazábal como aquel sobreviviente que puede relatar los baches de la historia de Chiquita que los documentos dejan sin respuesta. ¿Por qué utilizaste este recurso narrativo?
- Mi primera hipótesis fue escribir la vida de Chiquita utilizando el clásico narrador omnisciente, en tercera persona, que sabe cómo piensa, lo que hace, lo que hizo y lo que hará el héroe de la historia. Pero me di cuenta de que si me limitaba a ese único narrador, el retrato se empobrecía; le estaba dando una única opción inamovible al lector. Entonces, ahí surgió la idea de utilizar tres narradores. Por una parte, la propia Chiquita cuenta su historia; pero como ella no quiere pecar de narcisista, de ególatra, entonces, decide contar su vida escondiendo su yo detrás de una tercera persona; es decir, es una autobiografía disfrazada de biografía; ese es un plano narrativo. El segundo plano narrativo está dado a través de la voz de Cándido Olazábal, un anciano que en su primera juventud fue el secretario de Chiquita y fue quien tomó el dictado; como hay capítulos de esa biografía que se perdieron, Cándido, ya un señor octogenario, intenta hacer un ejercicio de memoria y reconstruir esos pasajes perdidos. Pero además, Cándido sirve un poco de contrapunto a ese relato, por momentos lo sustenta; por momentos lo niega, y aporta matices diferentes acerca del carácter, de la personalidad, de las acciones de Chiquita. Y a esos dos planos, me interesó sumar un tercero, que es el autor del libro que, con sus comentarios y sus notas al pie, hace precisiones al relato de esos dos personajes, de esos dos narradores principales. Me parecía que de esta manera el acercamiento hacia Chiquita se volvía más interesante, con múltiples miradas, con más aristas y se involucraba más el lector en esa tarea de definir su dibujo; ya no le presentaba una única Chiquita, una sola opción, sino que de algún modo lo invitaba, a partir de toda esa información, de todas esas piezas de un rompecabezas, a armar su propia Chiquita.
Ese personaje de Cándido Olazábal me daba la posibilidad de introducir en el libro un registro coloquial, muy diferente del que se usa en el supuesto manuscrito. Esa parte del libro, ese plano de la biografía de Chiquita está más emparentado con una literatura finisecular, con biografías del siglo XIX, con un lenguaje más literario y que, por momentos, puede coquetear con el kitch. En cambio, el registro de Cándido Olazábal es sumamente coloquial, desenfadado, puede incorporar refranes, alguna que otra mala palabra; una imagen muy desacralizadora, pues su vocación es muy irónica. Y entonces, me interesaba también explorar ese contraste entre dos texturas muy diferentes en los narradores.
- Pero también Cándido, al haber sido testigo presencial, ofrece al lector una base de verdad para los hechos narrados.
- Todo Chiquita está concebido como un artilugio de ficción, como una maquinaria que tiene engranajes que son pura realidad y que coexisten alternas con otros que son pura fabulación. Pero el propósito último es crear en el lector la ilusión de verdad. Y en esa medida, el personaje de Cándido Olazábal y las notas al pie, fueron elementos en los que me apoyé. Sobre todo las notas al pie de página, porque como están tan asociadas con la literatura científica, con los estudios históricos, como lectores sentimos un respeto extraordinario por ellas, damos por sentado que son realidad, y aun tratándose de una novela, suponemos que escapan al universo de la ficción. Entonces, me interesaba que esa coexistencia de lo fantástico y lo real hacerlo, característica del libro, se extendiera a las notas al pie. Las notas al pie parecen reales, pero no todas son tan reales; la idea es proponer una relación dinámica entre verdad e imaginación.
- La mezcla de realidad y ficción también puede observarse en la interpolación de episodios fantásticos y extraordinarios en un género, como la autobiografía, que se supone realista. ¿Cómo explicarías esta convivencia entre lo fantástico y lo real?
- Me cuesta mucho trabajo escribir historias realistas; aunque yo lo intente, lo pretenda, más allá de la tercera página aparecen fantasmas; aparece un ser de ultratumba que está empeñado en torcerle el destino a los seres humanos; aparece un pez telépata, o aparece alguien con el don de la bilocación; es decir, son elementos que están presentes en lo que escribo. Se insertan de una forma muy natural. Ya he renunciado a la pretensión de hacer una historia realista; me doy cuenta que no va conmigo, que la imbricación de lo histórico, de lo realista, y de lo fantástico y lo absurdo es mi tesitura natural. En este libro se explora desde lo real maravilloso hasta lo fantástico puro. He querido rescatar muchos elementos del cuento maravilloso, del cuento popular, e insertarlos en un discurso para adultos, en una novela no apta para menores. Y siempre con una apertura muy grande a la inserción de lo fantástico.
Creo que cuando somos niños, aceptamos los mundos imaginarios con mucha naturalidad, como que respiramos muy cómodamente en ese clima. Y cuando somos adultos, como que pasamos a enfrentarnos con más frecuencia a textos en los que lo fantástico aparece mucho más dosificado, de una manera más controlada. Me interesó romper eso y un poco rescatar esa inmersión profunda en lo fantástico; invitar al lector a suspender temporalmente su incredulidad y aceptar un universo donde hay anarquistas que hacen atentados terroristas y, al mismo tiempo, hay gallinas que ponen huevos de oro.
- Como trasfondo histórico de la novela se narra todo el proceso de la independencia de Cuba. ¿Cuál es la importancia que le das a ese marco histórico?
- La novela toma como hilo central la vida de un personaje real, Chiquita, y esta liliputiense atravesó espacios, momentos históricos muy interesantes a lo largo de su trayectoria; es decir, nace y crece en la Cuba de las guerras independentistas cuando ya la mayoría de las colonias españolas hacía décadas que eran repúblicas, y Cuba todavía seguía sojuzgada por la metrópolis española. Fue una larga lucha que se prolongó a lo largo de 30 años y, en medio de todo ese derramamiento de sangre, de todos esos combates, de toda una represión a nivel popular muy grande, ella crece. Es decir, una época decisiva para la historia de América y despertaba mucha atención en le resto de las repúblicas que ya eran libres. Por otra parte, cuando Chiquita emigra de Cuba a Estados Unidos e inicia su vida artística descubre un país que hasta entonces había mantenido un perfil bajo políticamente, pero que había decidido ganarse un espacio entre las superpotencias mundiales, y para eso, pues, necesita de nuevos territorios, para garantizar su poderío. Es la época en que Estados Unidos interviene en la guerra cubano-americana y, como resultado de eso, se apropia del territorio de Puerto Rico y también anexa a su territorio las islas de Hawai. Más allá de eso, es la época de los grandes descubrimientos científicos, de la exposición universal de París, de la belle époque. Entonces, me interesaba que todo ese acontecer, todos esos sucesos, anécdotas, personajes que, por así decirlo, constituyen el telón de fondo por el que transita Chiquita, estuvieran presentados de una forma de lo más esmerada posible. Hice una larguísima investigación para tratar de darle color, de hacer una escenografía verosímil y, si bien lo más importante del libro es obviamente las aventuras y desventuras de esta mujer minúscula, pues también hay una intención muy fuerte de recrear una época, de proponerle al lector una suerte de fresco histórico de todos los acontecimientos apasionantes que estaban sucediéndose en el mundo por aquellos años.
- ¿Qué interés creés que puede tener el personaje de Chiquita en la actualidad?
- Chiquita es una liliputiense, una mujer minúscula que tiene que enfrentarse a un mundo diseñado a la medida de los gigantes, eso de por sí es una aventura; es toda un aventura, y yo creo que puede despertar el interés de los lectores. Pero yo pienso que, más allá del tamaño del personaje, trascendiendo esa obviedad, de lo que se está hablando en este libro es de personajes diferentes. Chiquita es diferente porque es liliputiense; su doncella es diferente porque es negra; su primo es diferente porque es homosexual; y así es un libro lleno de personas diferentes. Los únicos freaks del libro no son las mujeres barbudas, los siameses, los gigantes, los hombres esqueletos, que llenan las páginas de esta historia porque fueron los compañeros de trabajo de Chiquita. Todos los personajes son freaks porque, de alguna manera, el libro pretende recordarle al lector, sin odiosas moralejas, que si buscamos de manera honesta dentro de cada uno de nosotros, tenemos que aceptar que todos somos freaks, que todos somos únicos, somos diferentes. Entonces, creo que ahí puede haber un elemento de interés para el lector.
Por otra parte, creo que cuando somos niños nos encantan los libros de aventuras, nos encanta sumergirnos en un mundo imaginario y a lo largo de las páginas acompañar a esos personajes, ser parte de su peripecia, compartir sus alegrías, sus emociones. Y eso es algo que vamos dejando de encontrar, vamos renunciando a ello cuando crecemos como lectores. Sin embargo, me gustaría alertar a los futuros lectores de este libro y explicarles que, aunque su protagonista sea una mujer de solamente 65 cm. de estatura, que era conocida como la muñeca viviente, ella no es un personaje emparentado con los personajes de los mundos de las hadas o de los cuentos infantiles. Se trata de una novela no apta para menores; deben tener cuidado, porque no sea que vayan a dársela a un niño pensando que es un libro sobre Almendrita o Pulgarcito.
Chiquita es un libro para adultos que pretende rescatar en el lector esa posibilidad de vivir la aventura, de dejarse arrastrar por las peripecias de los personajes. Me encantan los libros de aventuras y quise escribir uno.
Entrevista realizada por Débora Covelo, en septiembre de 2008.
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Dayana dice:
05/02/2010 - 01:05 PM
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Yo LES RECOMIENDO ESTE LIBRO XQ ES INTERESANTE, COMO UNAMUJER SEDUCTORA DE BAJA ESTATURA LLEGA SER UNA DE LAS CELEBRIDADES MEJOR PAGADAS EN LOS TEATROS. YO LES RECOMIENDO ESTE LIBRO.
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