El autor
Reynaldo Sietecase nació en Rosario en 1961. Es poeta, narrador y periodista. Publicó su primera revista al terminar el colegio secundario. Fue uno de los fundadores del grupo literario El Poeta Manco. Ejerce el periodismo en medios gráficos, radials y televisivos de la Argentina. Por su trabajo en radio fue distinguido con el Premio Martín Fierro en 2006 y el Premio Éter a la mejor labor periodística en 2008 y 2009. Por Lado Salvaje, el programa de televisión que conduce junto con Maximiliano Montenegro, obtuvo el Premio Martín Fierro en 2006 y 2008.
Es autor de la novela Un crimen argentino (Alfaguara, 2002) y del libro de cuentos Pendejos (Alfaguara, 2007). Publicó también dos libros de crónicas, El viajero que huye (1994) y Bares (1997), y seis libros de poesía: Y las cárceles vuelan (1986), Cierta curiosidad por las tetas (1989), Instrucciones para la noche de bodas (1992), Fiesta rara (1996), Pintura negra (2000) y Hay que besarse más (2005).
Sitio web: www.reynaldosietecase.com.ar
-Te propongo que empecemos por el título que es, además, la primera línea de la novela con la única diferencia que en el texto está planteado como un interrogante y en el título no.
-El título tiene que ver con dos cuestiones: en primer lugar quería utilizar algún título que remitiera a esos títulos del policial negro americano, o el policial francés que siempre tienen un toque de humor, Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian o el de Chase, Para que aprendas. Y me parecía que A cuántos hay que matar, si bien es una frase muy provocadora sobre todo en Argentina, tiene un algo de humor, sobre todo en como se usa en el habla coloquial, la gente muchas veces dice "a cuántos hay que matar" o hay veces que se utiliza como en un tono de afirmación, como si eso permitiera que la cosa mejorara, que el país mejorara, es un disparate que los muertos puedan mejorar algo.
Y, por otro lado, me parece que estaba bueno jugar con esta idea, con la que arranca la novela, porque claramente hacía referencia a una venganza. En el fondo el libro es eso, la historia de una venganza.
-¿Cómo fue tu elección para narrar? Creo que hay algo que hace muy atractiva a la novela es que no elegiste un formato tradicional, no optaste por un relato cronológico convencional sino que hay saltos temporales y distintos planos a lo largo.
-Yo vengo trabajando mucho con la estructura narrativa. Desde mi primera novela que publiqué hace diez años, Un crimen argentino, publique tres libros de ficción, ese, un libro de cuentos que se llama Pendejos y este. Es la primera vez que me siento con total control del instrumento, si fuera músico diría que estoy subiendo al escenario con el instrumento bien templado, manejándolo, llevándolo adónde yo quiero.
Me pareció atractivo establecer tres líneas: una estructura que cuenta la crónica del secuestro, otra línea que cuenta la estructura de la venganza y la última línea que es un desafío literario que yo me impuse que es una suerte de entrevista a un preso que lo van a matar si sale de prisión. Pero, claro, no quería contarlas linealmente, sino que funcionaran cruzándose, en un principio tenía alguna duda, pero en el medio en que estaba tramando esto vi una película -que de paso recomiendo- que se llama Antes que se el diablo sepa que estás muerto, una extraordinaria película que cuenta un hecho delictivo y después va contando dos meses atrás, dos meses adelante, tres días después, siempre haciendo referencia en el hecho. Y cuando vi eso dije se puede, el tema es contarlo bien, que el lector no se confunda, no se escape y ese fue mi desafío de escritura en cuanto a sostener esta estructura, que si bien tiene estas tres líneas narrativas: la venganza, el homicidio del muchacho que genera la venganza y la entrevista, funcionaran así para atrás, para adelante, para atrás, sin que el lector se pierda.
-Implica también un lector atento y activo pero también la posibilidad que el autor lo mantenga y no se le escape. Me da la sensación que lo que también te permite ese sostenimiento es la variación que hacés de las voces narrativas, porque vas de una primera a una tercera?
-Sí, si, hay algo de eso, en realidad para mi el policial tiene varios requisitos pero uno que es fundamental y es contar una buena historia, porque si la historia no es buena?es un lector muy indócil el del policial, a lo mejor otros lectores son más pacientes, pero el lector del policial sino lo atrapaste enseguida te abandona, entonces tenés que estar muy atento a que tu historia no genere huecos o baches para que él pierda la tensión. Hay que dar tensión para que él no pierda la tensión. Me parece que esa apuesta está en el libro, que funciona y, además, paralelamente con esto de la escritura en tercera de las dos crónicas, de la venganza y del asesinato y sólo la primera persona en el juego de la entrevista me parece que eso está bien.
Yo no tengo nunca empacho o reparo en contar mis referencias, las cosas que me ayudan, porque me parece que está bueno porque ayuda a entender una manera de escribir. Hay una novela corta de Truman Capote que se llama Féretros tallados a mano, donde Capote que había escrito en tercer A sangre fría, a pesar que había estado trabajando seis años en ese crimen, que había tenido intimidad con uno de los asesinos, lo escribió en tercera persona. Y, sin embargo, esta nouvelle cortita está escrita en primera. Cuando hace las entrevistas pone T C, como si fueran las entrevistas de un periodista, entonces se me ocurrió que podía funcionar eso, mezclar esos dos recursos y además que la historia funcione. Requisito: una buena historia y el segundo requisito es que sea verosímil, con esas dos cuestiones en funcionamiento me parece que la historia de esta venganza camina.
-¿Y cómo fue el trabajo de la ficción con los elementos de la realidad, porque por ahí está Blumberg y algunos elementos de él y del caso?
-Yo trabajo con la realidad, me nutro de la realidad pero no sólo yo, la mayoría de los autores de policiales trabajan con la realidad y la mayoría de los autores trabajan con la realidad en el sentido más amplio. Si uno tomas los best seller del policial en este momento, Larsson, Henning Mankell, trabajan con la actualidad y con muchísima información, con mucha cuota de información real y después escriben ficción. Yo hago lo mismo, utilizo cosas de la realidad que me impactan, que me sorprenden y las pongo en función del relato de ficción. Cuando tomé la decisión de escribir sobre la venganza se me ocurrió alguien al que le mataran lo más preciado que tiene en la vida una persona que es un hijo. En la Argentina se da que hubo un caso modélico, que es un empresario muy conocido, muy poderoso que de pronto le matan un hijo pero simplemente yo tomé eso como una referencia pero es un libro de ficción. Yo no diría que mi personaje, Federico Bauer es Blumberg, creo que dentro de Federico Bauer, ese empresario al que le matan el hijo en mi novela, hay Blumberg y muchísimas otras personas más, está construido en base a mi mirada?
-Estoy totalmente de acuerdo con eso, en todo caso hay rasgos "blumberianos", por decirlo de alguna manera como los hay también en la sociedad.
-Obvio, por eso me parecía bueno que la gente reconociera, el que quiera reconocer ahí lo puede hacer, además está tan claro que mi personaje no termina accionando como Blumberg, porque mi personaje encarga una venganza y Blumberg ha tenido nada más la tragedia que le maten a un hijo que es tremendo, pero me parecía que estaba bien, que era pertinente. Yo sé que es lo más polémico de mi libro, que alguien puede decir bueno porque usan esto y a mí me pareció que era pertinente, ¿por qué no? Me pregunté esto, ¿por qué no lo puedo usar? Si yo lo único que quiero es contar una buena historia, que en definitiva es el gran objetivo que tengo como escritor y el gran objetivo que tengo como lector, como consumidor de cine, como consumidor de teatro o cuando me siento con un amigo en un bar me gusta que me cuenten una buena historia.
-Yo no lo veo tanto como algo polémico, sino más bien como un desafío asumido por el autor de darle una vuelta de tuerca a un personaje del que se habló tanto, durante tanto tiempo y que además tiene sus contradicciones.
-Además como generó tanta conmoción en la sociedad y además esta discusión que todo el tiempo da vueltas en la sociedad alrededor de la venganza, de la justicia por mano propia. Me pareció que estaba bueno que de pronto le pusiéramos ese debate a un personaje que es modélico. Es decir, en periodismo narrativo se usa mucho eso, si tenés que contar una historia, tenés que contar la inundación, cuando vos vas al lugar si contás la inundación de Santa Fe a través de un vecino a través de un vecino al que se le arruinó el auto, hacés un tipo de historia, de crónica. Ahora si contás la historia de la inundación desde una mamá a la que le entró el agua y el agua le llegó a la cuna y casi se le ahogó el bebé es otra cosa, porque el personaje modélico de la inundación es la mamá no el tipo al que se le arruinó el auto como a tantos tipos que se les arruinó el auto. Me parece que cuando uno puede -y esto sirve para el periodismo y sirve para la literatura- encontrar personajes que son paradigmáticos es bárbaro. Y en este caso me pareció que este era un personaje modélico y me pareció pertinente usarlo.
-Leyendo tu libro pensaba en estos debates sobre la venganza y la justicia por mano propia y en cuánto cambió la Argentina en tan pocos años como para que hace unos años se haya armado la gran polémica que se armó alrededor del mal llamado justiciero Ingeniero Santos y hoy cuando casos como ese ocurren ya no alarman a nadie.
-Totalmente de acuerdo. Me parece que en eso hay una degradación parecida a lo que pasa en el resto de la sociedad que tiene que ver con la degradación de la Justicia. En el fondo el libro también tiene como gran tema a la justicia, retrotrayendome a lo que decía antes el policial tiene como requisito contar una buena historia, como segundo requisito que sea verosímil, que sea creíble por eso implica investigación periodística cualquier policial, yo laburé un montón, aprendí sobre venenos, leí libros sobre venenos, para hacer la escena del rescate me tomé ese tren al conurbano decenas de veces. La tercera cuestión es que el policial te permite contar la sociedad y me parece que una de las cuestiones que cuenta la novela y que tiene que ver con lo que vos decís de cómo cambiamos desde el Ingeniero Santos a ahora es justamente esto que la degradación de la Justicia y la incapacidad de la Justicia argentina de darle a cada quién según cada quién se merece hace que aparezcan muchos tipos pensando que la justicia por mano propia está bien, que es una forma de reparación ante un daño, hicieron esto bueno respondo de esta manera, cuando el Estado fuertemente intermedia ese conflicto en forma eficaz estos niveles de locura, de pensar que hay que matar al que mata, baja.
-Me parece que en este punto vinculado a la Justicia hay una continuidad con Pendejos.
-Sí, porque hay algo que a mi me preocupa, que me ocupa y me interesa mucho que es el tema de la violencia. A mí me parece que esta parte del mundo, en toda Sudamérica o en toda Latinomérica porque en México también, me parece que la violencia cuenta más cosas que el charco de sangre en el piso, habla de más cosas de lo que nos está pasando y en particular mirándolo desde Argentina, Argentina es un país violento, muy violento, si lo vemos desde el punto de vista de la literatura, el libro fundacional es El Matadero, no es casual, es El Matadero, que en palabras de mi maestro Mario Trejo es un guión de Tarantino. Y después si te ponés a buscar los libros importantes de la literatura argentina, el Martín Fierro que es un thriller, la obra sobre la Patagonia de Bayer, Operación Masacre?
-Bueno, el propio Facundo.
-Facundo, ¡por favor! Recuerdos de la muerte...si tenés que elegir los diez libros más importante de la Argentina seguramente ocho tienen que ver con la violencia.
-Ahí está Tomás Eloy Martínez, sin ir más lejos.
-Claro, Tomás Eloy, Lugar común la muerte, los libros sobre el peronismo?me parece que algo dice eso, que los escritores argentinos recurrentemente hagamos hincapié en la violencia dice algo, tampoco tan dramático, cuenta algo de esta sociedad.
-Vamos a los personajes, vuelve Mariano Márquez que viene de tu primera novela. ¿Cómo es el recorrido de él? ¿Crees que hasta acá llegó o es un personaje que te va a seguir acompañando?
-Fue casi azarosa la presencia de Mariano Márquez, le cuento a aquellos que no leyeron Un crimen argentino que Mariano Márquez es el personaje central de ese libro, es el asesino de Un crimen argentino, donde comete un crimen atroz, disuelve el cuerpo de su víctima en ácido sulfúrico pero es un tipo talentoso, inteligente, es abogado. Cuando estaba escribiendo este libro, que tenía esa escena muy clara de cómo empieza el libro, un empresario hablando con un intermediario, con un sicario, me aparece la figura de Márquez y digo lo voy a dejar ahí y después lo saco porque me funcionaba y la veía la escena. Me funciona Márquez ahí, un Márquez más viejo que ya salió de prisión, incluso con las fechas cronológicamente lo ubico en la edad que tiene que tener, el libro ocurre en el 2009. El desenlace, la venganza. El hecho en el 2000, el asesinato del chico y yo lo traigo a Márquez y después me pareció que estaba bien, que no hacía ruido y que por sobre todas las cosas, esto es muy importante, A cuántos hay que matar no es una secuela del libro anterior es Márquez que vino a este libro, incluso se me ocurrió que capaz pueda pasar a un tercer libro porque mirá que curioso esto: en el primer libro es un asesino, acá es un tipo que está en el medio, un amoral, un abogado que está más allá de todo y que incluso tiene las posiciones más progresistas, desde su amoralidad se da cuenta del poder y de la impunidad y le da cierto desagrado eso que él está ayudando a ejecutar, una venganza que se puede cumplir porque la hace un poderoso. Y no me disgustaría que en un tercer libro Márquez pase del lado del bien, como una especie de ciclo que termine con Márquez ayudando a resolver un crimen. Aún manteniendo esta postura que Jorge Boccanera dice de Hannibal Lecter del subdesarrollo.
-En este sentido, tus personajes tienen como característica que ninguno es totalmente bueno ni totalmente malo, ni puro ni con todas las impurezas, todos tienen un poco de cada cosa, inclusive el periodista que en las primera páginas parece inmaculado se nos termina yendo a cualquier lado, creo incluso que hay cierto golpe a la profesión o una mirada autocrítica.
-Sí, aproveché también para poder mirar críticamente el laburo del periodista. Estaba bueno y me parecía divertido. Me gusta esto que nadie sea demasiado bueno, es más algunos personajes eran buenos y en la reescritura del libro, el periodista un caso, La Mumi otro caso, La Mumi es un personaje que te encariñás, es la esposa de uno de los secuestradores, La Mumi era encantadora y en un momento dije no no puede ser encantadora y por eso en momento la hago gritar "matálo" al secuestrado. Siempre hago algo así y me parece que como ejercicio literario está bueno y que además refleja lo que ocurre en la realidad, la gente en general no es del todo buena o del todo mala. Me gusta mucho trabajar el tema de los grises, que de pronto te da empatía un personaje como Márquez con el pasado que tiene facilitando una venganza. Me parece que eso es un ejercicio interesante, lo estoy explorando mucho. Uno de mis primeros títulos posibles era No hay buenos.
-Cuando estuvo sentada donde está vos Claudia Piñeiro nos contó que en los policiales los giros, los quiebres de las historias son fundamentales y en esta novela hay algo de eso en las actitudes de los personajes.
-Totalmente, mucho más que en la historia que uno sabe hacia adónde va. Está muy bien la lectura, los juegos están dados por los personajes que de pronto cambian el eje o que con una actitud resuelven de una manera distinta a lo que uno está esperando. Me parece que hay mucho de eso. Yo creo en eso también. Esto de que los personajes giren o pasen cosas tiene que ver también con lo que te decía al principio de mantener la tensión, si no ocurren esas cosas la tensión puede caer y yo en eso estoy a full que el libro tiene que ser así, un llamador todo el tiempo: leeme, leeme, leeme.
-También me da la sensación que en todos esos personajes hay mucha ambición, pero ambición en el peor sentido de la palabra.
-Claro, muchos se mueven por dinero en el libro. Si te ponés a analizar la mayoría se mueve por dinero, salvo el empresario que se mueve por odio, por rencor o por venganza, pero el motor es el odio, en los demás hay una cosa de ambición, de dinero, de cierta fama en el caso del periodista, pero el dinero pesa mucho, creo que es una de las marcas de la sociedad, las cosas que se hacen por dinero, las cosas que se sacrifican por dinero. Ambición y dinero.
-Escribís en un momento: "el entró en un país sin memoria, en un territorio marcado por la impunidad". ¿Crees que este es el contexto histórico en el que hay que leer el libro?
-Quizás ahí está un poco exagerado, la literatura permite que uno haga eso que en vez de trazar con una línea fina agarre un fibrón pero me parecía que estaba bueno darle esa calificación al escenario argentino y sobre todo que la hace un tipo que es un sicario que es un asesino. También es un personaje que te da cierta empatía, es curioso eso. Yo trabajé mucho eso, que ningún personaje por más duro que fuera, por más repugnante pro su actividad, no tuviera un rasgo de humanidad, que yo al asesino se la doy. El Got (el nombre del asesino) está jugado por Dios también, Got es con T pero hay esta jugado el tipo que puede matar, que puede cegar la vida de alguien en cualquier momento. El tambien cuando empieza a hablar del amor, de que se siente solo, antes de cometer el asesinato de retiro.
-Creo que hay empatía en esos "malos" por parte del narrador, para decirlo de algún modo: empatía por la "barbarie" en los términos de la división clásica de la literatura argentina.
-Está bien, es verdad. Tal vez uno sin quererlo entra en una tradición inevitablemente. Está bueno lo de la barbarie.
Entrevista realizada por Matías Méndez en Buenos Aires. Febrero de 2010.
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